La lectura, la escritura y el aprendizaje de idiomas a lo largo de la vida podrían reducir hasta en 38 % el riesgo de desarrollar Alzheimer, según un estudio liderado por el Centro Médico de la Universidad Rush, en Estados Unidos.
Durante casi ocho años, la investigación siguió a adultos mayores para evaluar la relación entre estimulación cognitiva y salud cerebral
¿Qué dice el estudio sobre estimulación cognitiva y envejecimiento cerebral?
La investigación, publicada en la revista científica Neurology, analizó 1.939 personas con una edad promedio de 80 años y comparó a quienes reportaban mayor enriquecimiento intelectual con aquellos con menor actividad mental.
Los resultados mostraron que quienes mantenían hábitos intelectuales constantes presentaban una menor probabilidad de desarrollar Alzheimer y deterioro cognitivo leve, además de un posible retraso de hasta cinco años en la aparición de la enfermedad.
El estudio fue liderado por investigadores del Centro Médico de la Universidad Rush (Chicago) y publicado en la revista científica Neurology, de la Academia Estadounidense de Neurología.
Se analizaron a 1.939 adultos mayores sin demencia al inicio del seguimiento, con una edad promedio cercana a los 80 años, durante casi ocho años.
Durante ese período, 551 participantes desarrollaron Alzheimer y 719 presentaron deterioro cognitivo leve, una condición previa a la demencia.
Los científicos crearon una puntuación de “enriquecimiento cognitivo” basada en actividades intelectuales y recursos educativos en tres etapas de la vida (infancia, adultez media y vejez). De esta forma, compararon los resultados entre quienes tenían mayor y menor estimulación mental acumulada.
Los resultados mostraron que las personas con mayor enriquecimiento cognitivo a lo largo de su vida tenían 38 % menos riesgo de desarrollar Alzheimer y 36 % menos riesgo de deterioro cognitivo leve, incluso después de ajustar variables como edad, sexo y nivel educativo.
Además, los participantes con mayor estimulación intelectual desarrollaron Alzheimer en promedio cinco años más tarde que quienes tenían menor estimulación, y el deterioro cognitivo leve apareció hasta siete años después.
En análisis post mortem, los investigadores observaron que quienes tuvieron mayor enriquecimiento cognitivo mostraban mejor memoria y pensamiento antes de morir, incluso cuando presentaban cambios cerebrales típicos del Alzheimer.
Lo anterior sugiere una mayor “reserva cognitiva” o resistencia del cerebro al daño neurodegenerativo.
Limitaciones del hallazgo y factores adicionales de riesgo
Los investigadores advierten que los resultados muestran una asociación, pero no una relación causal directa, por lo que no se puede afirmar que estas actividades prevengan por sí solas el Alzheimer.
Factores como el sueño, la actividad física y otros hábitos de vida también influyen en el riesgo de demencia.
Además, la información se basó en recuerdos retrospectivos de los participantes, lo que introduce posibles sesgos en los datos.
Aun así, los autores destacan que políticas públicas que amplíen el acceso a entornos educativos y culturales podrían contribuir a reducir la incidencia de demencia en la población.
Los investigadores sugieren que invertir en educación, bibliotecas, acceso cultural y programas de aprendizaje a lo largo de la vida podría reducir la incidencia de demencia en la población.

