Nicolás Maduro no pensaba que Donald Trump se atrevería a atacar Venezuela. Mientras la flota estadounidense se desplegaba en el Caribe y Washington endurecía su retórica, el dictador venezolano repetía ante su círculo más cercano que todo formaba parte de una estrategia de presión para negociar. “No van a atacar Caracas”, insistía, según personas citadas por The New York Times.
Esa convicción marcó sus últimas semanas en el poder, según las fuentes, que aseguran que nunca comprendió realmente la magnitud de la amenaza a la que se enfrentaba por parte del presidente Trump.
El diario estadounidense publicó un extenso reportaje basado en entrevistas con una decena de funcionarios, aliados y personas cercanas al Gobierno venezolano y a la Casa Blanca, en el que reconstruye los días previos a la operación militar del 3 de enero que terminó con su captura y traslado a Nueva York.
Según el reportaje, Maduro subestimó las advertencias. A finales de noviembre habló por teléfono entre cinco y diez minutos con Trump. “Tienes una voz fuerte”, le dijo el presidente estadounidense, en tono jocoso. Maduro respondió que lo impresionaría más si lo viera en persona, “debidamente duchado y vestido”, relataron fuentes citadas por el diario.
La llamada terminó sin acuerdos. Trump esperaba una propuesta concreta para abandonar el poder; Maduro creyó haber ganado tiempo. Pero el dictador no solo desconfiaba de Washington. Aunque también comenzó a desconfiar de los suyos.
De acuerdo con el Times, el mandatario redujo sus apariciones públicas y reforzó su seguridad ante el temor de infiltraciones internas. En privado, expresaba dudas sobre la lealtad de figuras clave del chavismo, incluida Delcy Rodríguez. Aunque públicamente la respaldaba, en conversaciones reservadas cuestionaba si su vicepresidenta ejecutiva podría mantener cohesionado al aparato político y militar en caso de una crisis mayor.
El 10 de diciembre, Estados Unidos dio una señal más contundente: interceptó un petrolero que transportaba crudo venezolano, lo que inició un bloqueo parcial que afectó la principal fuente de ingresos del país. Buques quedaron paralizados y el almacenamiento comenzó a saturarse. Aun así, Maduro interpretó la medida como parte de una escalada negociadora, no como una amenaza de un ataque directo.
Días antes de Navidad, Washington transmitió una última oferta a través de intermediarios. Si aceptaba el exilio, no sería perseguido judicialmente ni se centrarían en su fortuna. Maduro la rechazó. Según el Times, estaba convencido de que Estados Unidos no asumiría el costo político y militar de bombardear Caracas.
El 30 de diciembre, Rodríguez se reunió con Maduro para transmitirle la gravedad del colapso económico en curso. El dictador desestimó sus preocupaciones. Según se dice, el entonces líder del régimen esperaba, si mucho, ataques contra instalaciones petroleras o sitios vinculados al narcotráfico, no el despliegue de 150 aviones sobre Caracas.
Confiaba, además, en que sus fuerzas armadas, equipadas con armamento chino y ruso valorado en miles de millones de dólares, podrían infligir bajas que harían el ataque políticamente costoso para Trump.
En paralelo, el mandatario se fue aislando. Pasó la Nochevieja con familiares y amigos, comió hallacas y pan de jamón y envió mensajes de Año Nuevo a altos funcionarios. “Feliz Año Nuevo para usted y su familia”, decía uno de los textos revisados por el diario. Mientras tanto, el Pentágono ultimaba los detalles de la operación.
Tras el rechazo, se pusieron en marcha los preparativos finales para el ataque. “La operación estaba prevista inicialmente para el último fin de semana de diciembre, pero se pospuso por varias razones, entre ellas, las inusuales lluvias en Caracas”, narró el medio estadounidense.
Durante la madrugada del 3 de enero, la operación estadounidense atacó cuatro bases militares, neutralizó a los escoltas presidenciales y capturó a Maduro y a su esposa. Más de cien cubanos y venezolanos murieron en el operativo.
Rodríguez, que estaba de vacaciones en la isla de Margarita, recibió una llamada minutos después de la captura. Funcionarios estadounidenses le advirtieron que el Pentágono lanzaría una serie más amplia de bombardeos si se negaba a cooperar. Tras exigir y obtener pruebas de que Maduro seguía con vida, aceptó. Voló a Caracas en un jet privado y asumió la presidencia interina.

