Veintinueve de los pasajeros del crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, abandonaron el barco antes de que se confirmara oficialmente la presencia del virus. Estos nuevos datos han activado protocolos de cooperación internacional para rastrear y monitorear a los involucrados, a fin de evitar posibles contagios y la propagación de la enfermedad.
La situación ha capturado la atención mediática y encendido las alarmas en la población al evocar imágenes similares a las vividas durante la última pandemia, pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descartado que el evento pueda convertirse en una gran epidemia o compararse con lo ocurrido con el covid-19 entre los años 2020 y 2021.
En su trayecto, la nave hizo una escala en la isla Santa Elena y un grupo de locales tuvo contacto con los pasajeros. La isla —de soberanía británica— es uno de los territorios más remotos del mundo, factor que contribuyó a que fuera de los pocos lugares donde no se registró ningún caso de coronavirus.
Las autoridades han confirmado que, hasta el momento, los isleños expuestos han sido rastreados y están siendo monitoreados por personal médico. De momento, todos se encuentran en buen estado de salud, pero se les ha recomendado aislarse en casa durante 45 días a partir de la última exposición conocida al virus.
Isla Santa Elena.
Hasta ahora, la compañía solo había informado que en la escala de Santa Elena habían descendido el cuerpo del pasajero neerlandés que murió el 11 de abril y su esposa, quien luego también falleció. Sin embargo, un nuevo reporte revela que ese día dejaron el barco 29 personas.
En la nueva información también se precisó el origen de los pasajeros que desembarcaron en el territorio británico de ultramar: se trata de personas de al menos 12 nacionalidades, entre ellas siete británicos, seis estadounidenses, tres neerlandeses, dos canadienses, dos suizos y dos turcos, además de viajeros de Alemania, Dinamarca, Suecia, Nueva Zelanda, Singapur y San Cristóbal y Nieves. A ese grupo se suman dos casos cuya nacionalidad no ha sido informada.
Además…
¿Qué es el hantavirus?
El hantavirus es un grupo de virus transmitidos principalmente por roedores silvestres infectados. Las personas pueden contagiarse al inhalar partículas presentes en la orina, saliva o excremento de estos animales, especialmente en espacios cerrados o poco ventilados.
La enfermedad puede provocar síntomas como fiebre, dolores musculares, fatiga y problemas respiratorios que, en los casos más graves, derivan en el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una afección potencialmente mortal.
Aunque existen varias cepas de hantavirus en el mundo, solo una —el virus Andes, presente en Sudamérica— ha demostrado capacidad de transmisión entre personas; sin embargo, para el contagio deben darse condiciones muy específicas de contacto estrecho y prolongado.
Aunque se trata de una enfermedad potencialmente mortal, los especialistas recalcan que el hantavirus no tiene el nivel de transmisión del covid-19 y que los brotes suelen ser limitados y controlables mediante vigilancia epidemiológica y aislamiento de contactos.
Cooperación internacional
“Esto es algo que suele aplicarse en muchas situaciones de brotes epidémicos y, en el caso particular de lo que se enfrenta actualmente, es importante recordar que se trata de una enfermedad con un período de incubación que puede extenderse durante algún tiempo. Incluso, algunos reportes sugieren que este podría llegar hasta las seis u ocho semanas”, comenta el experto.
“Una persona puede no presentar síntomas y, aun así, estar incubando la enfermedad. Por eso es fundamental vigilar y hacer seguimiento a cualquier persona que haya tenido contacto con un caso confirmado o sospechoso”, añade.
De acuerdo con el epidemiólogo de la Científica del Sur, si una persona empieza a presentar síntomas, es importante que el sistema de salud pueda vigilarla, tomar muestras para confirmar el diagnóstico y brindarle el tratamiento necesario. Además, el aislamiento temprano resulta clave para evitar nuevos contagios. “Por eso cobran gran importancia la vigilancia, el seguimiento y la contención temprana”.
Investigación y rastreo
Hasta el momento hay tres fallecidos a causa del virus, entre ellos una pareja neerlandesa, considerada el caso índice del brote. Tras bajar del crucero, la mujer fue trasladada en avión hacia Sudáfrica. Durante ese trayecto presentó síntomas y fue hospitalizada en Johannesburgo, donde murió días después. Antes, incluso, había sido retirada de un vuelo comercial hacia Europa debido al deterioro de su estado de salud, una situación que encendió las alertas sanitarias en aeropuertos y aerolíneas.
Aquel traslado aéreo quedó bajo investigación. La OMS inició el rastreo de los pasajeros que compartieron el vuelo desde la isla de Santa Elena hasta Johannesburgo, en el que viajaban más de 80 personas, ante la posibilidad de identificar contactos estrechos.
En casos como estos, la cooperación internacional es de vital importancia. César Cárcamo, epidemiólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y con un PhD por la Universidad de Washington, informa a este Diario que “existe un reglamento sanitario internacional al cual tanto Perú como muchas otras naciones se han adscrito, y el cual les obliga a proporcionar toda la información necesaria a sus vecinos”. Esto permite que los países puedan tomar acciones oportunas cuando los pasajeros potencialmente expuestos ya se han desplazado a distintos destinos, ayudando así a contener la dispersión de enfermedades transmitidas por virus.
El especialista explica que este mecanismo resulta especialmente importante en enfermedades altamente contagiosas y letales, como el ébola. En el caso del hantavirus, si bien el riesgo es menor debido a que no suele transmitirse fácilmente entre personas, recalca que el seguimiento y la vigilancia siguen siendo necesarios para evitar nuevos contagios y posibles fallecimientos.
Cárcamo señala que el riesgo de que alguno de los pasajeros del crucero haya contagiado a otras personas durante sus vuelos “es muy bajo”, al igual que la posibilidad de transmisión dentro de sus hogares. Sin embargo, advierte que las autoridades sanitarias no deben bajar la guardia, ya que se trata de una enfermedad “potencialmente mortal” y Sudamérica registra brotes esporádicos desde hace años.
“Hay que estar con los ojos bien abiertos, vigilando, atentos, siguiendo estos casos, a los contactos, preguntando sobre síntomas”, sostiene el epidemiólogo.
Asimismo, aunque remarca que la probabilidad es reducida, advierte que siempre existe la posibilidad de que el virus mute y aumente su capacidad de contagio entre humanos. “La probabilidad es pequeñita, pero no nos debemos dejar sorprender”, afirma.
Diferencias entre hantavirus y covid
“En el hantavirus estamos hablando de una enfermedad que conocemos desde hace décadas. Conocemos claramente todos los virus, conocemos los reservorios. La rata que transmite el virus Andes es un animal muy específico, no es cualquier rata como las de las calles de Lima o Ciudad de México, es la especie silvestre Oligoryzomys longicaudatus, que está en países del cono sur”, menciona Rodríguez-Morales.
El experto aclara que el coronavirus es un virus altamente transmisible y, sobre todo, una enfermedad nueva. Mientras el hantavirus registra en los países del sur entre 300 y 400 casos, durante la pandemia de covid se contabilizaron más de 700 millones de contagios.
Para Cárcamo, la última pandemia dejó, sobre todo, una lección de humildad frente a las enfermedades emergentes. El médico recuerda que incluso los países más ricos y con mejores sistemas de salud fueron golpeados por el coronavirus, pese a las restricciones, cierres de fronteras y confinamientos. “El virus fue más poderoso que todas las medidas que tomamos”, afirma.
El epidemiólogo advierte que la experiencia del covid-19 también evidenció la necesidad de mejorar las condiciones de vida y reducir factores de riesgo, como el tráfico de fauna silvestre o la exposición innecesaria a ella. Además, considera necesario mejorar la infraestructura esencial, como viviendas y colegios, donde muchas veces las personas se aglomeran y existe mala ventilación.
“Tenemos que mejorar la manera como vivimos, de manera que no seamos tan fácilmente víctimas del nuevo virus que va a venir de todas maneras”, concluye.

