La depresión no es solo un problema individual

La depresión no es solo un problema individual

Byung Chul Han, filósofo surcoreano, ha propuesto que la depresión no es solo un malestar individual, sino un reflejo de una cultura que privilegia la positividad extrema y el rendimiento constante.

La depresión es una de las condiciones de salud mental más discutidas en la actualidad, pero para el filósofo Byung Chul Han, autor de La sociedad del cansancio, su origen no se reduce únicamente a factores bioquímicos o personales. Desde su perspectiva filosófica, desarrollada en múltiples ensayos sobre la modernidad contemporánea, la depresión representa “la enfermedad de una sociedad que sufre de excesiva positividad”.

Han, filósofo de origen surcoreano, radicado en Alemania y profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, ha dedicado gran parte de su obra a analizar cómo las transformaciones culturales de las últimas décadas, especialmente bajo el capitalismo tardío, moldean no solo nuestras prácticas económicas y sociales, sino también las formas de subjetividad y malestar psicológico.

Del deber de ser positivo al agotamiento emocional

Para Han, el mundo vive en lo que denomina una “sociedad del rendimiento”: un entorno cultural en el que la positividad, el optimismo y la autoexigencia no son solo valores aspiracionales, sino obligaciones implícitas. Este modelo social insta a las personas a maximizar sus capacidades, a ser productivas, felices y exitosas en todo momento. La lógica imperante no es la de la prohibición, sino la del “deber ser”: ser siempre mejor, siempre activo y siempre positivo.

Ese mandato encubre una paradoja profunda: cuando ser feliz y exitoso se convierte en un deber, cualquier forma de tristeza, fracaso o vulnerabilidad se experimenta como un déficit personal, un signo de debilidad o de incompetencia. Esta presión interna lleva a muchos a un estado de autoexplotación emocional que, con el tiempo, puede derivar en agotamiento mental e incluso en depresión.

Una sociedad que no tolera lo negativo

En contraste con épocas anteriores, en las que las normas sociales se enfocaban en prohibiciones externas (lo que no se debe hacer), la sociedad actual tiende a imponer mandatos internos: debe hacerse todo, puede hacerse todo y, sobre todo, debe ser positivo.

Esta saturación de positividad, argumenta Han, deja poco espacio para la tristeza, la vulnerabilidad, incluso, el reconocimiento de los propios límites.

La consecuencia de este ideal cultural no es solo una mayor presión por el rendimiento personal, sino una exacerbación de la soledad y el aislamiento, porque la exigencia de estar siempre bien emocionalmente puede impedir a las personas aceptar apoyo, expresar dificultades o compartir su sufrimiento.

Este mecanismo, según el filósofo, transforma la depresión de un problema individual a un síntoma social de un sistema que no tolera la negatividad ni la finitud humana.

La investigación sugiere que factores genéticos específicos del sexo femenino influyen en el desarrollo de la depresión.

La sociedad contemporánea, marcada por la productividad, deja poco espacio para el error y la tristeza. Foto: Getty Images

Más allá de la patología personal

La tesis de Han no busca negar la existencia de causas biológicas o clínicas de la depresión, sino reubicar parte de su explicación en los condicionamientos culturales y éticos de nuestra sociedad. Al afirmar que “la depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre de excesiva positividad”, Han invita a repensar las formas en que la sociedad moderna organiza sus expectativas sobre el individuo, el rendimiento, la felicidad y la autoimagen.

Este diagnóstico coloca al lector frente a una reflexión más amplia: ¿qué efectos tiene una cultura centrada en la positividad y el rendimiento constante sobre la salud mental colectiva? Han plantea que no se trata únicamente de problemáticas individuales aisladas, sino de un conjunto de prácticas culturales que, al exigir siempre más, agotan y enferman a quienes las internalizan.

Leave a Reply