El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que sus fuerzas militares ayudarán a “guiar” a los buques que han quedado atrapados en el estrecho de Ormuz debido al bloqueo de Irán. El despliegue iniciado el lunes abre un nuevo frente de tensión en uno de los pasos marítimos más sensibles del mundo. Bajo el nombre de Proyecto Libertad, la iniciativa de Washington busca garantizar la navegación en medio de las amenazas y advertencias de Teherán, pero lo hace en un contexto marcado por una tregua frágil y por el riesgo constante de un error de cálculo que derive en la vuelta a la guerra abierta.
La presencia de buques de guerra, aeronaves, drones y sistemas de vigilancia en un corredor de apenas decenas de kilómetros no solo eleva la presión militar, sino que también plantea interrogantes clave: si esta operación funcionará como mecanismo de disuasión o si, por el contrario, puede convertirse en el detonante que reactive un conflicto a gran escala en el Medio Oriente.
El martes, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, hizo una evaluación de la operación y dijo que a pesar de los ataques iraníes a navíos estadounidenses el lunes, se mantiene la tregua porque esos incidentes no superan el “umbral” que justificaría un reinicio de la guerra.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán se inició el 28 de febrero. Desde el 8 de abril está en vigor un alto el fuego, que recientemente fue prorrogado por Trump de manera indefinida.
Hegseth remarcó que las “fuerzas estadounidenses no necesitarán ingresar en aguas o espacio aéreo iraníes” porque “no es necesario”.
Mientras que del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Dan Caine, precisó que “desde que se anunció el alto el fuego, Irán ha disparado contra buques comerciales en nueve ocasiones y se ha incautado dos portacontenedores”.
“Han atacado a las fuerzas estadounidenses más de 10 veces, aunque todos estos incidentes se han mantenido, hasta este momento, por debajo del umbral que justificaría el reinicio de operaciones de combate a gran escala”, dijo Caine.
Por su parte, el influyente presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió el martes que Estados Unidos pone en peligro la seguridad en el estrecho de Ormuz al “violar el alto el fuego” con la operación.
Afirmó que su país “ni siquiera” ha empezado su pulso con Estados Unidos. “Sabemos que seguir con la situación actual es insostenible para Estados Unidos, aunque nosotros ni siquiera hemos empezado”, escribió en X.
Se estima que hay 20.000 marineros varados en las inmediaciones del estrecho de Ormuz debido al bloqueo naval.
¿Qué se sabe del Proyecto Libertad?
La operación Proyecto Libertad en el estrecho de Ormuz. (Chatgpt).
El estrecho de Ormuz es un paso marítimo angosto que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano abierto, situado entre Irán (al norte) y Omán —con presencia también de Emiratos Árabes Unidos— al sur. Es uno de los puntos estratégicos más importantes del mundo porque por allí transita cerca de una quinta parte del petróleo global, lo que lo convierte en una arteria clave para la economía mundial.
Aunque existen dos canales de navegación, muchos petroleros prefieren usar rutas cercanas al lado iraní porque son más directas para salir del golfo Pérsico y están mejor establecidas para el tráfico energético, pero esto también los deja más expuestos al control y vigilancia de Teherán.
Una interrogante que surge ahora tras la operación lanzada por Trump es si las fuerzas militares de Estados Unidos se están internando o no en el estrecho de Ormuz, especialmente en la parte iraní, para escoltar a los buques que quieren salir.
En concreto, hay presencia militar estadounidense en la zona (barcos, aviones, drones), pero eso no significa que EE.UU. esté cruzando libremente por la parte iraní del estrecho. De hecho, el diseño del operativo de Trump intenta evitar precisamente ese escenario.
De acuerdo con Estados Unidos, la operación Proyecto Libertad busca garantizar el paso de buques comerciales atrapados por el bloqueo iraní. Para eso, ha desplegado destructores, aeronaves, drones y miles de militares en la zona.
Ese despliegue sirve para proteger, vigilar y disuadir ataques, más que para ocupar o atravesar territorio iraní.
Entonces, el plan estadounidense no busca navegar por el corredor norte (cercano a Irán), que es el que Teherán controla.
En cambio, promueve una ruta alternativa al sur (cercana a Omán) para evitar confrontación directa.
En algunos casos, los buques son “guiados” o protegidos a distancia, no necesariamente escoltados pegados por buques de guerra.
Irán ha advertido que cualquier fuerza extranjera que entre al estrecho sin coordinación será atacada.
Ya ha habido incidentes con misiles, drones y disparos de advertencia a buques estadounidenses.
Ello hace que el riesgo de choque directo entre fuerzas iraníes y estadounidenses sea muy alto.
Trump busca aparecer como vencedor sin volver a la guerra
El embajador Juan Álvarez Vita considera que el Proyecto Libertad responde a una estrategia de Trump con múltiples dimensiones, más allá de la seguridad marítima.
A su juicio, la iniciativa combina un componente humanitario —dirigido a asistir a miles de tripulantes varados en el estrecho de Ormuz— con un cálculo político interno, en un contexto en el que Trump enfrenta limitaciones legales y escaso margen en el Congreso de Estados Unidos para escalar el conflicto. Así, sostiene que el republicano buscaría proyectar una imagen de control y eventual victoria sin necesidad de reanudar la guerra.
Álvarez Vita advierte además que el despliegue militar estadounidense es percibido por Irán como una amenaza directa, lo que ha contribuido a suspender las conversaciones y profundizar la desconfianza entre ambas partes.
“No ha habido una manera limpia de negociar, porque mientras se conversaba en Ginebra Estados Unidos atacó Irán”, señala.
El analista considera que el riesgo de escalada existe, aunque relativiza la idea de un “punto de no retorno” si hay un ataque directo contra Estados Unidos en Ormuz, o si las fuerzas militares estadounidenses se internan en el mar iraní. Apunta más bien a un deterioro progresivo de la situación que, eventualmente, obligaría a retomar niveles mínimos de entendimiento.
Para el Álvarez Vita, la operación también se inscribe en un escenario internacional menos favorable para Estados Unidos, con señales de desgaste en sus relaciones exteriores y cuestionamientos a su liderazgo.
No obstante, descarta que, en caso de que se rompa la tregua, se configure de inmediato una guerra a gran escala, debido a las restricciones internas que enfrenta Trump.
En su resumen, considera al Proyecto Libertad sobre todo una “maniobra de provocación bajo una capa humanitaria”.
El riesgo de escalada es real
Una calle de Teherán con una enorme valla publicitaria con la imagen del difunto líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, asesinado en febrero de 2026 en un ataque militar perpetrado por Estados Unidos e Israel. (Foto de AFP).
El analista internacional Francisco Belaunde Matossian sostiene que el Proyecto Libertad responde más a un gesto político que a una solución efectiva para garantizar la navegación.
Explica que la iniciativa de Trump busca mostrar capacidad de acción frente a un problema que Washington no ha logrado resolver, en medio de la presión económica y estratégica comienza a pesar sobre Estados Unidos.
“Es una forma de decir que puede liberar el estrecho de Ormuz, pero también refleja cierta desesperación por salir de una situación compleja sin quedar debilitado”, remarca.
Belaunde advierte que, aunque los recientes incidentes —como disparos de advertencia contra buques estadounidenses— no han escalado a enfrentamientos directos, evidencian una tensión latente y un delicado equilibrio de cálculo entre Washington y Teherán.
En ese pulso, señala, ambas partes miden hasta dónde pueden avanzar sin provocar una reacción mayor, aunque el riesgo de error de cálculo sigue presente. “Cualquier cosa puede pasar”, resume.
El analista subraya que Irán se percibe en una posición de relativa fortaleza al aprovechar los costos económicos, logísticos y políticos que la crisis impone a Estados Unidos.
En caso de que la tregua colapse, Belaunde advierte sobre un escenario de rápida escalada, con ataques masivos de Estados Unidos —y eventualmente de Israel— y una respuesta iraní que podría extenderse a países vecinos y a la flota estadounidense en la región.
“Eso generaría una catástrofe económica y energética mundial”, afirma. No obstante, considera que ninguna de las partes tiene incentivos para sostener de manera indefinida una situación de máxima tensión, debido al alto costo de mantener un despliegue militar prolongado, sobre todo para Estados Unidos, lo que hace prever que, tarde o temprano, se buscará una salida negociada a la guerra, aunque sea precaria. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»

