Quito: La Mariscal de sitio turístico a espacio controlado por la delincuencia organizada

Quito: La Mariscal de sitio turístico a espacio controlado por la delincuencia organizada

La reactivación de La Mariscal ha sido, durante años, uno de los grandes anhelos de residentes, empresarios, emprendedores y artistas. El tradicional barrio, que durante décadas fue símbolo de vida nocturna, turismo y encuentro cultural, cayó progresivamente en una crisis marcada por el abandono, el cierre de negocios y la inseguridad.

En febrero pasado, el Concejo aprobó la ordenanza para la reactivación integral de La Mariscal, una normativa que busca recuperar la zona a través de incentivos económicos, ordenamiento urbano, fortalecimiento de la seguridad y promoción de la vida barrial. A pocos meses de su aprobación, el Municipio asegura que ya existen señales de recuperación, aunque residentes y comerciantes advierten que todavía persisten problemas.

Según cifras del Cabildo, entre 2025 y febrero de 2026 se abrieron 3.110 nuevos negocios en el polígono que comprende desde la Versalles hasta el parque Navarro, en La Vicentina, y desde la Patria hasta la Orellana. El abanico de actividades es amplio: cafeterías, restaurantes, bares, hostales, espacios culturales, coworkings, gimnasios, minimarkets y ferias artesanales forman parte de la dinámica comercial que intenta devolverle movimiento al sector.

¿Hay síntomas de reactivación en La Mariscal?

Leandro Buratovich, administrador zonal de La Mariscal, sostiene que el cambio ya es visible, especialmente en puntos emblemáticos como la Plaza Foch. Recuerda que uno de los locales permaneció abandonado durante una década y hoy funciona allí un restaurante que es muy visitado por turistas extranjeros. “Eso generó tráfico de turistas y le dio otro aspecto a la Plaza Foch”, asegura.

El funcionario destaca una de las estrategias impulsadas incluso antes de la aprobación de la ordenanza: una rueda de negocios en 2025 para conectar propietarios de inmuebles abandonados con posibles inversionistas.

En el polígono entre la Orellana y la Patria, y entre la 6 de Diciembre y la 9 de Octubre, se identificaron 130 casas en estado de abandono. De ellas, se logró contactar a 75 propietarios y finalmente 32 participaron en reuniones con potenciales inversionistas.

 “Se hizo una matriz con información detallada sobre cada predio: si estaba en venta o arriendo, el tamaño, si era patrimonial. Eso permitió que los inversionistas identificaran oportunidades concretas”, explica Buratovich.

Desafío. Dueños de negocios ven una reactivación parcial. Hay temas pendientes.

Desafío. Dueños de negocios ven una reactivación parcial. 

Se hizo una matriz con información detallada sobre cada predio: si estaba en venta o arriendo, el tamaño, si era patrimonial. Eso permitió que los inversionistas identificaran oportunidades concretasLeandro Buratovich, administrador zonal de La Mariscal

El resultado, dice, fue positivo y de los 32 que se involucraron, 12 concretaron acuerdos. La experiencia motivó una segunda rueda de negocios, prevista para el próximo 4 de junio, organizada esta por la empresa privada.

Presencia de flayeros, un malestar

Para el Municipio, la ordenanza representa un punto de partida más que una solución inmediata. Buratovich reconoce que este es “un año de transición”, pero cree que el próximo se evidenciarán cambios más profundos para recuperar la identidad cultural, artística y de entretenimiento del barrio.

Uno de los cambios que resalta tiene que ver con la eliminación progresiva de las preexistencias a bares, discotecas y centros de tolerancia ubicados frente a universidades.

En el polígono entre la Versalles y la 12 de Octubre, y entre la Orellana y la Patria, estos establecimientos podrán operar únicamente hasta diciembre de 2026. En total son 11 centros de tolerancia y 21 bares y discotecas cuyos LUAES ya no serán renovados.

La ordenanza también intentó regular a los “flayeros”, personas que permanecen en las calles invitando clientes a ingresar a bares y discotecas. La normativa establece que únicamente podrán ubicarse frente al local que representan, sin invadir el espacio público ni acosar a peatones. Sin embargo, la regulación nació con un vacío: no contempla sanciones.

“En la ordenanza dice que está prohibido, pero no hay una sanción. La pregunta es cómo regular si no existe una penalización”, dice Buratovich. Por ello, la Comisión de Uso de Suelo trabaja en una reforma para sancionar a los establecimientos que contraten “flayeros”.

La presencia de flayeros es precisamente uno de los temas que más genera malestar entre algunos dueños de negocios del sector. Juan Carlos Paredes, quien tiene un bar en Plaza Foch desde hace un año y cuatro meses, considera que existe una competencia desigual. “Antes aquí había muchos locales vacíos y ahora están arrendados. Sí vemos recuperación, más negocios y más seguridad, pero mientras sigan los flayeros será difícil ordenar la zona”, afirma.

Una administradora de otro establecimiento coincide en que el problema persiste y añade que los patrullajes han disminuido. “Hubo un tiempo en que incluso había militares, pero ahora ya no”, comenta. Para Dayana Mendoza, administradora de un negocio en la Plaza Foch que abrió en marzo, señala que es positivo que se reactive la zona, aunque falta trabajar más en seguridad y controles.

Inseguridad y libadores

La inseguridad y el consumo de alcohol en espacio público se mantienen como grandes desafíos. Uno de los puntos más conflictivos es el sector de la Tamayo y Veintimilla, donde la Administración Zonal planea realizar ferias semanales para recuperar el espacio ocupado actualmente por libadores. “Nos vamos a tomar ese espacio”, dice Buratovich. Las actividades arrancarán en junio como plan piloto y se desarrollarán al menos dos veces por semana.

Sin embargo, para residentes y dueños de negocios, el reto de fondo es definir qué tipo de barrio quiere convertirse La Mariscal. Andrés Groner, presidente de La Mariscal Legado Cultural, considera que la ordenanza es “un paso clave”, aunque todavía insuficiente.

“Es un plan que intenta gestionar problemas urbanos, pero deja de lado la visión turística integral”, afirma. Recuerda que en 2012 La Mariscal fue declarada zona especial turística y que entonces existía una estrategia más amplia para potenciar su identidad cultural y gastronómica.

A su criterio, el problema actual es la fragmentación del barrio en polígonos que concentran distintos usos sin una articulación real. “Para llegar a las galerías de la Veintimilla, por ejemplo, hay que atravesar zonas con ventas ambulantes, microtráfico, personas consumiendo alcohol y gente orinando en las veredas. Eso espanta al turismo”, sostiene.

Groner cree que la recuperación debe ir más allá de ferias y conciertos. “Se necesita una visión técnica sobre turismo. La Mariscal tiene alrededor de 2.500 LUAES vinculadas a gastronomía, hotelería, hostelería y arte. No es solamente una zona rosa”, enfatiza.

Aunque reconoce voluntad política y apertura por parte de las autoridades, advierte que la capacidad operativa es limitada. “A partir de las 23:00 La Mariscal cambia completamente. Ahí faltan controles y coordinación entre Municipio y Gobierno”, concluye.

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