La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa uno de los momentos de mayor vulnerabilidad política desde que regresó al poder en 2007. La rápida transformación del escenario geopolítico internacional, marcada por la caída del gobierno de Nicolás Maduro y la muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí, ha dejado al régimen nicaragüense cada vez más aislado, de acuerdo con un análisis publicado por Infobae.
Durante casi dos décadas, el régimen sandinista cultivó una estrecha relación política con Irán y otros gobiernos enfrentados a Estados Unidos. Ortega solía exhibir públicamente esa alianza, posando junto a altos jerarcas iraníes como el expresidente Mahmoud Ahmadinejad, quien visitó Managua en 2007 y 2012.
Ese mismo año, apenas seis meses después de volver al poder, Ortega viajó a Teherán para reunirse con Jameneí, quien murió el pasado fin de semana durante un operativo militar conjunto de Estados Unidos e Israel. El mandatario nicaragüense también estrechó lazos con el expresidente iraní Ebrahim Raisi, quien falleció en mayo de 2024 en un accidente de helicóptero tras visitar Nicaragua meses antes.
“A Ortega le gusta presumir de líder mundial, de que escupe en rueda”, resumió el economista nicaragüense Enrique Sáenz al describir la estrategia diplomática del régimen.
Sin embargo, el panorama internacional ha cambiado con rapidez. La presión creciente sobre gobiernos aliados como Cuba, la ofensiva contra Irán y la desaparición de figuras clave dentro del bloque antiestadounidense han debilitado la narrativa de una red global capaz de proteger al régimen de Managua.
Analistas citados por Infobae sostienen que ni China ni Rusia han intervenido en defensa de sus socios cuando enfrentaron presiones decisivas, una realidad que deja a Nicaragua en una posición incómoda dentro del tablero geopolítico.
“El discurso de una supuesta red global de aliados se ha resquebrajado”, señalan expertos consultados por el medio.
El economista y opositor nicaragüense Juan Sebastián Chamorro afirmó que la relación entre Managua y Teherán ha tenido más valor político que económico.
“En el plano económico, la relación con Irán ha sido muy mediocre. Irán nunca significó mucha cosa para Nicaragua”, explicó. “En el tema político, todo lo contrario: una relación de hermandad”.
Las cifras comerciales reflejan esa realidad. En 2024, las exportaciones nicaragüenses alcanzaron 7.521 millones de dólares, pero solo 81.500 dólares tuvieron como destino Irán. En contraste, 3.640 millones se dirigieron al mercado estadounidense, equivalente al 48,4% del total.
Esta dependencia económica convierte cualquier confrontación con Washington en un riesgo directo para Managua. Estados Unidos ha advertido incluso la posibilidad de imponer aranceles adicionales a países que mantengan negocios con Teherán.
El analista financiero Daniel Suchar Zomer señaló que una medida de ese tipo tendría consecuencias inmediatas para Nicaragua, dada su fuerte relación comercial con Estados Unidos.
Una alianza ideológica con raíces históricas
Los vínculos entre Nicaragua e Irán se remontan a finales de la década de 1970, cuando coincidieron la revolución sandinista y la revolución islámica iraní. Desde entonces, ambos gobiernos han cultivado una narrativa de afinidad ideológica basada en su confrontación con Washington.
Durante los años ochenta se produjeron varios contactos entre dirigentes sandinistas y líderes iraníes, incluido un encuentro en 1984 entre el ministro nicaragüense Fernando Cardenal y el ayatolá Ruhollah Jomeini.
Las relaciones se enfriaron tras la derrota electoral del sandinismo en 1990, cuando el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro buscó restablecer los vínculos con Estados Unidos. No obstante, el acercamiento se reactivó con fuerza después del regreso de Ortega al poder en 2007.
Durante los años de mayor cercanía, ambos gobiernos anunciaron ambiciosos proyectos de cooperación, como la construcción de una represa hidroeléctrica valorada en 230 millones de dólares, carreteras y un puerto de aguas profundas en el Caribe.
Sin embargo, muchas de esas iniciativas nunca se materializaron debido a las sanciones internacionales contra Irán, sus limitaciones financieras y la distancia geográfica.
En junio de 2023, durante la visita oficial de Raisi a Managua, ambos gobiernos firmaron nuevos acuerdos de cooperación en áreas como salud, tecnología y agricultura. En ese momento, Laureano Ortega Murillo destacó el potencial de la relación bilateral.
Advertencias sobre cooperación militar
Algunos analistas también han advertido sobre la posibilidad de cooperación en materia de inteligencia o logística entre ambos países.
El experto en seguridad internacional Joseph Humire señaló que Irán busca replicar en América Latina redes similares a las que ha construido en Medio Oriente.
“El peligro no es que Irán instale una base militar en Nicaragua, sino que ya lo esté usando como una base de operaciones encubiertas”, advirtió.
Las autoridades nicaragüenses han rechazado esas acusaciones, aunque el aumento de la tensión internacional ha incrementado el escrutinio sobre cualquier vínculo entre Managua y Teherán.
El sociólogo Oscar René Vargas considera que la política exterior de Ortega ha ignorado una realidad geopolítica clave: la dependencia estructural de Nicaragua respecto a Estados Unidos.
“Nicaragua se encuentra en el área de influencia de Estados Unidos”, explicó. “Ese ha sido un error de Ortega al creer que el paraguas de Rusia y China le permitía jugar con Washington”.
En este contexto, varios analistas sostienen que el régimen enfrenta una posición estratégica complicada. Vargas describe la situación como un “zugzwang”, un término del ajedrez que indica que cualquier movimiento empeora la posición del jugador.
Para Chamorro, la presión internacional podría eventualmente abrir la puerta a una negociación política que permita una transición democrática. Sin embargo, advierte que Ortega probablemente intentará resistir.
“El problema de estar solo es que te volvés más visible”, concluyó.

