La aspirina diaria ha sido promovida como un protector del corazón, pero expertos advierten que esta práctica puede generar efectos secundarios graves, como sangrados internos y úlceras, especialmente en personas sanas sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

¿Qué ocurre dentro del cuerpo con 325 mg de aspirina diaria?
Tomar 325 miligramos de aspirina al día, lo que equivale a una tableta de dosis completa, ha sido promovido por algunas figuras públicas como una manera de proteger el corazón.
Sin embargo, expertos en salud señalan que este hábito no es tan benigno como se cree y que los efectos en el organismo son complejos y dependen de múltiples factores individuales.
Según Mayo Clinic, la aspirina es un antiinflamatorio y antiplaquetario que inhibe la capacidad de las plaquetas para agregarse y formar coágulos, por eso puede disminuir el riesgo de ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares relacionados con coágulos sanguíneos, pero también aumenta la probabilidad de sangrado en el cuerpo.
Cuando se ingiere aspirina diariamente a esa dosis, una de las acciones más relevantes es la modificación de la función plaquetaria, pues la aspirina hace que las plaquetas sean menos propensas a agruparse, lo que reduce la formación de coágulos en las arterias.
Esto es útil en personas con antecedentes de enfermedad cardiovascular, ya que puede ayudar a evitar eventos repetidos como infartos o derrames cerebrales.
Pero los beneficios no se extienden necesariamente a personas sanas sin riesgo elevado y en adultos mayores sin enfermedades cardiovasculares previas, por lo que muchas guías médicas actuales no recomiendan iniciar terapia con aspirina diaria precisamente por el balance entre beneficios y riesgos.
A nivel sistémico, el organismo también ve afectada la capacidad de coagulación general, de modo que cualquier herida externa o interna puede sangrar más fácilmente o por más tiempo, y pequeñas hemorragias pueden pasar desapercibidas hasta convertirse en un problema mayor.
En el tracto gastrointestinal, esta inhibición de la agregación plaquetaria se combina con la irritación directa de la mucosa gástrica que produce el ácido acetilsalicílico, lo que aumenta el riesgo de úlceras y sangrado gastrointestinal, sobre todo si se usa de forma prolongada, como se indica en Mayo Clinic.
Además, hay reportes clínicos que asocian el consumo regular de aspirina en dosis altas con anemia por pérdida crónica de sangre, hemorragias nasales o gingivales, y en casos puntuales alteraciones renales o reacciones alérgicas.
De acuerdo con un artículo publicado en Infobae, estas manifestaciones no son universales, pero sí reflejan que su impacto va más allá de la prevención de coágulos y puede comprometer otros sistemas del organismo.
Beneficios selectivos versus daños potenciales
En el contexto de salud pública y medicina basada en evidencia, la aspirina diaria en dosis baja (usualmente entre 75 y 100 mg) ha sido usada para la prevención secundaria: es decir, para personas que ya han sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular, con beneficios demostrados en reducir eventos futuros.
Sin embargo, la evidencia para su uso en prevención primaria (personas sin eventos previos) es mucho más débil y puede dar lugar a más daños que ventajas, especialmente en adultos mayores, en los que el riesgo de hemorragias severas como sangrado intracraneal o gastrointestinal supera el beneficio potencial de la prevención de coágulos.
Los médicos y cardiólogos suelen advertir que ninguna persona debe comenzar un régimen de aspirina diaria sin una evaluación clínica completa que tenga en cuenta historia médica, edad, factores de riesgo cardiovascular y riesgo de sangrado.
Y en quienes ya están bajo terapia, el monitoreo continuo es clave, porque incluso los efectos secundarios aparentemente menores, como moretones frecuentes o sangrado gingival, pueden ser señales de que el balance entre beneficio y daño está cambiando.

Publicaciones científicas especializadas señalan que dosis comunes, incluidas las usadas en estudios (hasta 325 mg), aumentan el riesgo de sangrado gastrointestinal y hemorragias cerebrales, y recomiendan precaución o evitarla en prevención primaria de eventos cardiovasculares en personas sin enfermedad establecida, como se explica en la revista médica MJA.
La decisión de usarla debe ser siempre individualizada, informada y supervisada por profesionales de la salud.

