Víctimas relatan pérdida de memoria, desorientación y robos de dinero, celulares y tarjetas tras ser expuestas a distintas sustancias. Quito concentra 29 de las 60 desapariciones involuntarias vinculadas al uso de escopolamina registradas en Ecuador entre enero y julio de 2026.
“Uno puede estar en la calle caminando, le soplan algo, lo siguen y ya”. La frase de Carolina (nombre protegido) refleja el temor que queda después de un robo mediante el uso de sustancias. Su hermano, de 33 años, salió de su trabajo en Sangolquí, valle de los Chillos, la noche del viernes 21 de agosto para tomar un taxi y regresar a casa. Después de eso perdió la memoria durante varias horas. Fue localizado dos días más tarde, desorientado, mientras caminaba por la autopista Rumiñahui.
La familia comenzó a buscarlo cuando notó que no regresaba. Su última conexión fue registrada a las 23:50 y luego su teléfono quedó apagado. Carolina logró ingresar a su correo electrónico y encontró notificaciones de sus bancos: habían cambiado claves, realizado transferencias y retirado dinero de cajeros ubicados en Guamaní y el Centro Histórico. Esos movimientos permitieron reconstruir parte de lo ocurrido.
El domingo, alrededor de las 09:00, un policía que participaba en la búsqueda logró localizarlo. Estaba desorientado y no podía explicar cómo había llegado hasta ese punto. La familia presentó la denuncia ante la Dinased y luego lo trasladó a una clínica, donde recibió un suero y fue sometido a exámenes. Según sus familiares, los médicos les indicaron que habría sido expuesto a una sustancia en polvo.
Casos que se repiten en la capital de Ecuador
Lo ocurrido con el hermano de Carolina no es un hecho aislado. En las últimas semanas, otros testimonios han expuesto una modalidad en la que las víctimas pierden temporalmente la memoria, aparecen lejos del sitio donde fueron vistas por última vez y, al recuperar la conciencia, descubren que fueron despojadas de dinero y pertenencias.
Uno de esos casos es el de Pablo Llanes, de 29 años, hijo del exasambleísta Henry Llanes. El joven desapareció el 29 de julio en Quito y fue hallado dos días después en Baños, a unos 175 kilómetros de la capital, completamente desorientado. Llanes sostiene que su hijo fue escopolaminado y cuestiona cómo una persona puede terminar sin sus pertenencias, descalza y deambulando sin poder explicar qué ocurrió.
Otro caso es el de Joel Quiroga. Durante el fin de semana estuvo con unos amigos en el sector de La Pradera. Al despedirse para regresar a casa, recuerda únicamente que una persona se le acercó. Después de eso, su memoria se corta. Cuando recuperó la conciencia ya estaba en su domicilio. Le habían robado el celular, dinero en efectivo y 200 dólares que tenía en su cuenta. Tampoco sabe cómo consiguió regresar y cree que la dosis que recibió pudo haber sido menor.
Quito concentra los casos
Los relatos coinciden con las cifras oficiales. Entre enero y julio de 2026, Ecuador registró 60 desapariciones involuntarias vinculadas al uso de escopolamina. Quito concentra 29 casos, equivalentes al 48,3 % del total nacional, mientras Guayas suma 19. De las 60 personas reportadas, 59 fueron localizadas y una permanecía pendiente.
En la capital, 28 de las 29 víctimas son hombres. La mediana de edad es de 28 años y 15 casos corresponden a personas de entre 18 y 29 años. Los distritos con más reportes son Eugenio Espejo, con 11 casos; Los Chillos, con cinco; y La Delicia, con cuatro. Los días con mayor incidencia de este delito son miércoles, viernes y sábado, con seis casos cada uno.
A esto se añade otro problema: el tiempo que transcurre antes de presentar la denuncia. El 58,6 % de los casos reportados en Quito fueron denunciados entre 24 y 48 horas después del hecho, un retraso que puede dificultar la detección de la sustancia mediante exámenes médicos.
La Policía también registra un incremento de robos a personas mediante el uso de sustancias. Byron Flores, jefe del Departamento Operativo del Distrito de Policía Eugenio Espejo, señala que hasta el 25 de agosto de 2025 se contabilizaban 181 casos, mientras que en el mismo periodo de 2026 la cifra llegó a 297. Es decir, 116 casos más.
Los drogan, pero no siempre es escopolamina
El oficial aclara que no todos estos hechos pueden atribuirse exclusivamente a la escopolamina. En los registros policiales también aparecen sustancias como ketamina y benzodiacepinas.
Determinar cuál fue utilizada puede ser complejo cuando la víctima denuncia horas o días después, pues los efectos ya han disminuido y la sustancia puede resultar más difícil de identificar.
La Policía calcula que las pérdidas económicas de las víctimas rondan los 600.000 dólares. El modus operandi suele comenzar con un acercamiento. Los delincuentes buscan generar confianza, perfilan a sus víctimas y aprovechan momentos de descuido para introducir una sustancia en bebidas o alimentos.
Una vez que la persona queda vulnerable, pueden apoderarse de dinero, tarjetas, claves o teléfonos.
Los puntos de mayor incidencia identificados por la Policía dentro del Distrito Eugenio Espejo incluyen el circuito universitario, alrededor de la Universidad Central; Iñaquito, donde funcionan cafeterías y bares; y La Mariscal, especialmente la Plaza Foch y la avenida 12 de Octubre. En estas zonas se ejecutan operativos preventivos, aunque la institución reconoce que no puede controlar a todas las personas que ingresan a esos establecimientos.
Un mito que persiste: ocurren solo en la noche
La preocupación también llega al ámbito médico. Víctor Álvarez, coordinador del Observatorio Médico Provincial, señala que estos casos ya no se concentran únicamente durante la noche, sino que también se registran en horas de la tarde y durante el día.
Explica que la escopolamina puede provocar desorientación, alteraciones de la memoria y disminución del estado de conciencia, lo que vuelve vulnerable a la víctima y facilita su manipulación.
No existe un tiempo exacto para que aparezcan los efectos. Esto depende de la dosis y de factores como el consumo de alcohol. Los síntomas pueden incluir confusión, pérdida de memoria y dilatación de las pupilas. Ante una sospecha, la recomendación es proteger a la víctima, impedir que conduzca o se marche sola, llamar al 911 y preservar posibles evidencias.
El especialista también busca desmontar un mito frecuente. No existe evidencia científica que respalde que una persona pueda sufrir una intoxicación grave simplemente porque alguien le sopló escopolamina o porque la sustancia tuvo contacto con su piel. La principal vía de administración identificada es la oral, mediante bebidas o alimentos contaminados.
