Por primera vez en una guerra una embarcación autónoma no tripulada participó en el rescate de militares estadounidenses. El vehículo, identificado como un sistema naval autónomo de la Marina de Estados Unidos, fue desplegado tras el derribo de un helicóptero Apache en el estrecho de Ormuz y logró poner a salvo a sus dos tripulantes antes de que fueran evacuados por aire.
El episodio no solo marcó un hito tecnológico, sino que también desencadenó una nueva escalada entre Washington y Teherán, con bombardeos de ambos lados.

