La derechista Laura Fernández fue elegida presidenta de Costa Rica tras arrasar en las elecciones del domingo con su promesa de mano dura contra el narcotráfico, en este país que por años fue considerado uno de los más seguros del continente.
Fernández, politóloga de 39 años, obtuvo el 48,3 % de los votos, ocho puntos más de los que se necesitaban para ganar en primera vuelta, según el 94 % del escrutinio del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
Sus propuestas sobre seguridad —que capitalizaron el principal reclamo de los costarricenses— y para reformar los poderes del Estado son vistas por opositores como parte de un plan para concentrar el poder, al estilo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, primer mandatario en hacerle llegar su felicitación.
En su discurso de victoria, en el que sorpresivamente no aludió a la violencia criminal, la futura mandataria sostuvo que “nunca” permitirá el “autoritarismo”.
“El cambio será profundo e irreversible”, advirtió sin ahondar, y agregó que cambiarán “ciertas reglas del juego político”.
Apenas se conocieron los primeros resultados, que ya mostraban una amplia ventaja sobre el socialdemócrata Álvaro Ramos (33,4 % de los votos), miles de militantes del Partido Pueblo Soberano se reunieron en sitios emblemáticos del país para festejar.
Caravanas de vehículos con banderas turquesas y fiestas callejeras se organizaron de manera rápida en San José y otras ciudades.
Su triunfo afianza a la derecha en Latinoamérica tras las recientes victorias en Chile, Bolivia, Perú y Honduras. Este año también habrá presidenciales en Brasil y Colombia; actualmente, se encuentran gobernados por gobiernos de izquierda.
Modelo Bukele
Los costarricenses eligieron también a 57 diputados. Según las proyecciones, Fernández contaría con una treintena de diputados, una mayoría que, sin embargo, no le permitiría reformar la Constitución, como había planteado previamente.
Fernández, quien asumirá el 8 de mayo por cuatro años, propone copiar parte de la guerra contra las pandillas adoptada por Bukele y reformar los poderes del Estado, sobre todo el judicial, al que ella y Chaves acusan de auspiciar la impunidad de los criminales.
Aunque acabó con la violencia en El Salvador, la ofensiva de Bukele es blanco de denuncias de abusos. Durante el gobierno de Chaves, la tasa de asesinatos alcanzó un récord de 17 por 100.000 habitantes.
Siete de cada diez homicidios están ligados al narcotráfico, que convirtió a este país, considerado por décadas uno de los más seguros del continente, en centro logístico y de exportación de drogas.
Fernández ofrece terminar la construcción de una cárcel inspirada en la megaprisión para pandilleros de Bukele, aumentar las penas e imponer estados de excepción en zonas marginales conflictivas.
“Me gusta su proyecto de la cárcel. La violencia explotó porque están tocando a los cabecillas, como sacar a las ratas de las cloacas”, justificó Jéssica Salgado, oficinista de 27 años.
Temor al autoritarismo
Fernández será la segunda mujer que gobierne Costa Rica, de 5,2 millones de habitantes y uno de los países más estables de la región, tras el mandato de Laura Chinchilla, quien también ganó en primera ronda en 2010.
“Las mayorías electorales, por más avasalladoras que resulten, no son patente de corso para silenciar a las minorías ni para sofocar las voces disidentes”, advirtió Chinchilla, una de sus críticas más férreas, quien pidió a la oposición cumplir su papel de contrapeso en el Congreso.
Los opositores aseguran que Chaves, a quien acusan de “autoritario”, controlará al Ejecutivo desde detrás del trono y que Fernández busca allanar su regreso al poder. En Costa Rica, el presidente debe esperar dos períodos para volver a postular.
A Fernández la tildan de “populista” y “mala copia” de Chaves por adoptar su retórica confrontativa y sarcástica.
“Lo primero que quieren los dictadores es reformar la Constitución para mantenerse en el poder”, lanzó el domingo el expresidente Óscar Arias, premio nobel de la Paz en 1987.
“Aquí no hay dictaduras”, dijo tras sufragar el presidente, quien desató críticas por hacer gestos de burla contra votantes que gritaban “¡Fuera Chaves!”.
Aunque la pobreza bajó del 18 % en 2024 al 15,2 % en 2025, Costa Rica está entre los seis países latinoamericanos con mayor desigualdad en el índice Gini y es el segundo más caro después de Uruguay.
*Con información de AFP.

