El brazo armado de la revolución chavista, dicen estar preparados y con ganas de combatir tras la caída de Maduro

El brazo armado de la revolución chavista, dicen estar preparados y con ganas de combatir tras la caída de Maduro

Cuando cayeron las primeras bombas estadounidenses sobre Caracas, Jorge Suárez se despidió de su familia y partió para el combate. Es militante de uno de los llamados “colectivos”, considerados el brazo armado de la revolución chavista, que resurgieron en las barriadas populares de la capital durante los años 2000, la primera década del gobierno del fallecido Hugo Chávez.

La captura de Maduro durante un ataque militar estadounidenses contra Caracas fue “como un best seller, como una cuestión de cine”, describe Suárez, de 50 años. Suárez conversó con AFP en un complejo polideportivo en el corazón del barrio 23 de enero, bastión histórico de la izquierda en Venezuela.

En su escritorio hay balas de fusil, libros y una bomba de efecto sonoro. En las paredes, los retratos del líder socialista Hugo Chávez, el influyente Ministro de Interior, Diosdado Cabello, y el prócer independentista Simón Bolívar.

Suárez tiene gafas oscuras y una gorra con la leyenda “dudar es traición”, lema que surgió en Venezuela con el gigantesco despliegue militar estadounidense en el Caribe. Sostiene que el bombardeo que llevó a la captura del ahora depuesto presidente Nicolás Maduro tomó al país desprevenido y dejó un sinfín de interrogantes.

Pero de algo no tiene dudas: “Sabemos que hay una traición”, dice este militante. Los “colectivos” se conformaron nuevamente en la Gran Caracas a partir de los Círculos Bolivarianos, las unidades de base estructurados por Diosdado Cabello, el eterno número dos del chavismo, en 2001.

Sus integrantes explican que trabajan por sus comunidades de bajos recursos en actividades deportivas, culturales y educativas, pero dejan claro que su prioridad es la defensa de la “revolución bolivariana”.

Suárez cuenta que con las primeras explosiones tomaron las calles, e instalaron puntos de control, a la espera de “la instrucción de nuestros líderes”. Willians, uno de los miembros del Boina Roja, no oculta su molestia. Este hombre que no quiere dar su apellido sostiene que quedó con “frustración, coraje y ganas de combatir” después del 3 de enero.

Nicolas Maduro

Milicias respaldadas por el régimen marchan por Caracas, Venezuela. Foto: AP

“Lo que no entendemos es cómo falló el sistema antiaéreo, no sabemos qué pasó con el sistema de los lanzacohetes” venezolano, dice este militante de 43 años. También está convencido de que hubo traiciones, y “muchas”, pero cierran filas alrededor de Delcy Rodríguez, quien, como vicepresidenta, asumió el poder tras la caída de Maduro.

Hija de un dirigente histórico de la izquierda asesinado bajo custodia de los servicios de inteligencia venezolanos en 1976, Rodríguez es respetada por su pedigrí ideológico. “Yo no creo que vaya a haber alguien que traicione a su padre”, señala el dirigente del colectivo Fundación 3 Raíces, Alfredo Canchica. “Puedes traicionar al pueblo, pero a tu padre no”.

Los colectivos son temidos por la oposición, que los ven como una intimidante tropa de choque motorizada. Pero en sus barrios se les considera instrumentales en la organización social y en la reducción del crimen.

Civiles armados progubernamentales asisten a una protesta para exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores.

Civiles armados progubernamentales asisten a una protesta para exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores. Foto: AP

Canchica cuestiona la connotación negativa que adquirieron. “Nosotros el 28 de julio paramos que los cerros se levantaran”, apunta en referencia a las protestas que siguieron a la cuestionada reelección de Maduro en 2024, que terminó con miles de arrestos.

También defienden tener programas deportivos, coordinación con hospitales y transportes, además de fiscalizaciones en mercados populares para mantener la especulación a raya en un país que funciona dolarizado de facto y con un sistema cambiario paralelo desde hace años.

Pero no esconden las armas, ni su disposición a utilizarlas, como contaron a la AFP en una visita al estadio “Chato” Candela, ejemplo de la dicotomía que marca a estos grupos. Hombres fuertemente armados resguardan el centro deportivo que a la vez es aprovechado por los jóvenes de la comunidad para practicar béisbol.

Con información de AFP.

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