En un mundo hiperconectado donde todo se comparte en redes sociales, una foto aparentemente tierna de un bebé o de un niño jugando en un parque puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza para muchas familias. El sharenting o la práctica de compartir excesivamente información, fotos y videos de menores en estas plataformas se ha convertido en una bomba de tiempo para la seguridad infantil. Estudios recientes pintan un panorama alarmante. Un 75 por ciento de los padres publican contenido de sus hijos sin evaluar consecuencias a largo plazo, según el Italian Journal of Pediatrics.
Ojo al exceso
Aunque el sharenting no es inherentemente malo y surge del amor parental por compartir momentos tiernos o alegres de sus hijos, cuando este se convierte en un ejercicio excesivo e ignora la huella digital, causa un verdadero problema. “Nosotros definimos como sharenting a esa aplicación excesiva que hay de información, fotos y videos de niños, niñas y adolescentes por parte de cualquier tipo de cuidador, madre, padre, abuela o tío, que dan mucha información personal y sensible”, explica Castañeda.
No se trata solo de volumen: una sola foto puede ser riesgosa. “Muchas veces, las personas no son conscientes de qué tanta huella digital tienen sus publicaciones ni cuentan con una estrategia clara de a quién le van a compartir esa información, durante cuánto tiempo va a estar disponible y si esa información puede ser o no borrada en el futuro”, añade el experto de Red PaPaz. Por ejemplo, “puede ser excesiva cuando publicamos una foto o un video de un menor en una piscina en vestido de baño, porque esa foto o video queda permanente en línea”.
Delitos cibernéticos
Un experto asegura que los peligros escalan rápidamente a delitos contra la integridad de los niños debido a la falta de prevención en los controles de privacidad en redes; los niños y jóvenes se pueden ver expuestos a riesgos como el grooming, a la violencia sexual e incluso al robo de identidad. “Imaginen una foto de una primera comunión con el nombre del colegio de fondo; a partir de esa foto se puede conseguir la dirección del colegio y eso ya es una brecha de seguridad para el menor”.
El robo de identidad es otro de los grandes peligros. Por ello, “publicar información sobre nuestros menores es lo que los ciberdelincuentes buscan. Inicialmente, puede que no veamos ningún tipo de repercusión al publicar esa información, pero los delincuentes están capturando toda esa data: eventos especiales de la familia, del niño, el cumpleaños, el nombre completo y las fotos personales, para después hacer temas de suplantación de identidad”.
Cifras impactantes respaldan esta preocupante tendencia. Red PaPaz reportó 49.000 casos de violencia contra niños en 2025. “De esos casos, nueve ocurren cada día en entornos digitales. Estamos viendo situaciones en las que la edad de las víctimas es cada vez menor. El promedio era de 10 a 11 años, pero por primera vez el grupo de edad que llamamos de primera infancia, de 0 a 8 años, está teniendo más casos de violencia sexual por entorno digital”.
Deepfakes y abuso sexual digital
Uno de los horrores que padres y familiares han tenido que afrontar en tiempos modernos es la posibilidad de transformar fotos de niños en deepfakes pornográficos con inteligencia artificial (IA). Sobre este grave escenario, “Las imágenes públicas están siendo utilizadas por agresores sexuales, quienes cambian estas fotos con IA para crear imágenes sexuales de niñas y niños. Esas imágenes las usan posteriormente para extorsionar a los menores y pedirles plata”.
Castañeda confirma casos locales: “Nosotros, a través de nuestra línea de reporte Te Protejo, recibimos constantemente casos dentro y fuera de instituciones educativas. Sabemos de casos en dichas instituciones en los que esas imágenes con IA son hechas por los mismos adolescentes para extorsionar a sus compañeras”.
Estupiñán es contundente al referirse a estos delitos: “El grooming aparece en el primer lugar y es uno de los más relevantes en este momento. Se refiere al contacto que establecen adultos con menores para manipularlos y obtener material sexual o propiciar encuentros sexuales”. Añade que “los ciberdelincuentes distribuyen el material sexual a través de la dark web con el fin de que la consuman otros ciberdelincuentes”.
Hablar con la familia
Frente a este delicado escenario, la conversación familiar es fundamental. Al respecto, “Hay abuelos, tíos y primos que se niegan y dicen: ‘Ay, pero es una simple foto’, y envían fotos a otras personas sin autorización de los padres. Vale la pena recordar que en los delitos sexuales, en la mayoría de los casos, los pedófilos están dentro de la familia”.
Como recomendación, ambos expertos coinciden en algo: la mejor manera de cuidar a los menores de edad es compartir una mínima cantidad de fotos y videos. “Evalúen muy bien los niveles de privacidad de las aplicaciones como Facebook, Instagram o TikTok”, “Al compartir fotos de nuestros hijos, estamos de cierta manera, como papás, violentando su intimidad. Él o ella no tiene la conciencia aún para decidir si lo que nosotros estamos subiendo es correcto; entonces, ¿por qué hacerlo?”.
“La primera estrategia de prevención que tienen los papás se basa en dos acciones. Una, en ser modelos; o sea, niñas, niños y adolescentes, sobre todo menores de 14 años, replican todo lo que hacen en internet los adultos”. La segunda acción es la configuración de las redes: “Hay que saber cómo están sus plataformas en temas de seguridad. Saber si estamos configurados para que nuestra ubicación esté compartida o no, por ejemplo”.
Finalmente, el experto subraya sobre el consentimiento: “Algunos padres y cuidadores piensan que, como son los tutores legales, están titulados para hacer cualquier cosa con los datos y la información de sus hijos. Es necesario entender que la privacidad de los niños en lo digital es supremamente importante y tiene que haber consentimiento”.

