La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, destituyó a Vladimir Padrino López como ministro de Defensa tras 11 años y 5 meses en el cargo y designó en su lugar a Gustavo González López.
«Agradecemos al G/J Vladimir Padrino López por su lealtad a la patria y por haber sido, durante todos estos años, el primer soldado en la defensa de nuestro país. Seguros estamos de que asumirá con el mismo compromiso y honor las nuevas responsabilidades que le serán encomendadas», expresó la mandataria en su cuenta en X.
Funcionario de discurso escueto y cercano al detenido Nicolás Maduro, Padrino López llegó a su cargo en octubre de 2014 en sustitución de Carmen Meléndez. Fue el ministro de Defensa con más tiempo en ese puesto.
Entre los poderes que Maduro le otorgó se encontraba el control de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, con lo cual le dio autoridad sobre todos los ministros en materia de distribución de alimentos y medicinas, quinto «motor» de la economía.
En 2018, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo sancionó señalándolo de ayudar al depuesto mandatario a mantener el control del poder mediante la represión.
Cuatro años después, el Departamento de Justicia emitió una recompensa, todavía activa, por su captura de 10 millones de dólares, tras acusarlo, junto a otros altos funcionarios venezolanos, de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y cargos relacionados con uso de armas de fuego.
Nacido en Caracas el 30 de mayo de 1963, el general en jefe tiene 62 años de edad y es egresado de la Academia Militar de Venezuela, promoción Juan Gómez Mireles, 1984. En el golpe de Estado de 2002, era el comandante del Batallón de Infantería Simón Bolívar en Fuerte Tiuna y se mantuvo leal a Hugo Chávez.
Otro de sus cargos ha sido el de vicepresidente sectorial de Soberanía Política, Seguridad y Paz.
Nunca dudó en hablar de una Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) «chavista», «revolucionaria» y «socialista», a pesar de que según la Constitución es una institución profesional sin militancia política. Sobre él pesa mucho la responsabilidad por la corrupción en que cayeron los militares venezolanos.
Fue muy criticado después de la captura del comandante en jefe de la FANB el 3 de enero, tanto por sus escuetas declaraciones como por su resistencia a renunciar a pesar de lo ocurrido. En febrero pasado aseguró que sus pilotos estaban listos para combatir, pero era «inviable» despegar debido a la presencia de más 150 aeronaves estadounidenses en el espacio aéreo venezolano. Hubiese sido, según indicó, un «suicidio».
Consideró que su papel y el de la FANB fue evitar un conflicto interno a gran escala tras la captura del líder chavista.
Un reportaje reciente del diario El País señaló que el malestar en los cuarteles hacia la cúpula militar creció por la falta de rendición de cuentas luego de los ataques para llevarse a Maduro. Una palabra que se ha repetido a lo interno de la institución, informó el periódico, era «oxigenación», pues tras más de una década como ministro de Defensa los mandos militares empezaron a quejarse del «tapón» en la línea de ascensos que suponía su permanencia y la de otros comandantes responsables de la seguridad del país.

