Historia macabra: El ‘Monstruo de Machala’

El taxista y ex militar ecuatoriano relató impasible ante decenas de periodistas sus crímenes en 1993. Cuando salió de la cárcel emigró a España donde mató a otra joven en 2004

Yo las violaba después de muertas, ésa era mi satisfacción. Soy culpable, ya confesé con lujo de detalles y no me fastidien más”. Ésta fue la declaración impávida de Gilbert Antonio Chamba Jaramillo, apodado el Monstruo de Machala, frente a decenas de periodistas, el 19 de abril de 1993, cuatro días después de ser detenido. En los últimos cinco años había violado y matado a ocho mujeres en Machala, en la provincia costera de El Oro, en Ecuador, dejando una macabra galería de asesinatos que provocaron una psicosis colectiva. De entre todas las atacadas, sólo una corpulenta prostituta consiguió salvar la vida. Cuando fue apresado tenía 32 años. Estaba casado y con dos hijas.

Las torturaba, las asfixiaba y en medio de su agonía aprovechaba para violarlas

Chamba fue cabo primero del ejército, antes de dedicarse al taxi. Su facilidad de palabra y vestimenta de militar hacía que las jóvenes (por lo general de 17 a 24 años, aunque también mató a dos menores de 14 y 16 años) lo acompañaran hasta una vieja casa, donde las torturaba, las asfixiaba y en medio de su agonía aprovechaba para violarlas. En aquellas paredes escribía los nombres de sus víctimas y, como era su costumbre, dejaba en el escenario del crimen un cordón amarillo. “Primero le ponía una mano en la boca, la otra en la garganta y así las mataba, pero para asegurarme luego las ahorcaba con una cuerda o alambre”, añadió Chamba.

Cecilia Cajamarca fue su primera víctima. Chamba la invitó a comer sandía y le propuso una cadena de oro y dinero a cambio de mantener sexuales. Ante sus negativas, la mató clavándole un vidrio. Unos días después asistió a su entierro a darle el pésame a los padres de la víctima. La última fue Sara Eliana, de 16 años. Chamba aprovechó que se quedó dormida en el taxi para llevarla a un paraje despoblado, donde la mató.

Aunque los machaleños sostuvieron que el criminal jamás pudo haber actuado solo e insinuaban que junto a él participaban jóvenes de familias pudientes, el Monstruo fue sentenciado a 16 años de reclusión mayor por cada caso, pero en Ecuador no se acumulan las penas. Además, desde hace cuatro años rige un beneficio para los internos denominado Ley 2 por 1, que reduce a la mitad las condenas de los sentenciados. Eso hizo que Chamba saliera de la cárcel a mediados de 2000, tras cumplir apenas ocho en prisión. Inmediatamente después emigró a España, por temor a que algún familiar de las víctimas lo asesinara.

A pesar de que la obtención del pasaporte en Ecuador y del permiso de residencia en España requieren la ausencia de antecedentes penales, Gilberto Antonio consiguió que la Oficina de Extranjería de Lleida regularizara su situación en España sin haberle solicitado sus antecedentes penales en su país de origen. La familia de la víctima pedirá que la empresa que contrató a Gilberto -que trabajaba como guardia de seguridad- sea responsable subsidiaria. Si esto no se refleja en la sentencia, tiene previsto demandar al Estado por este error en la regularización.

Según explicó la policía de Ecuador, el Monstruo de Machala limpió su historial delictivo de forma legal en su país antes de viajar a Europa. Un reglamento de la policía de aquel país señala que, en determinadas circunstancias, se puede lograr la eliminación de antecedentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2006

El Monstruo de Machala fue internado en la cárcel de Ponent (Lleida). Para evitar agresiones del resto de presos, le instalaron en el módulo de ingresos. Finalmente, fue condenado a 25 años por su crimen en España.

'