Argentina: Atrapadas en redes de trata

Cerca de 12.000 mujeres han sido rescatadas de la explotación sexual en Argentina en una década, pero sólo 163 casos han finalizado con condenas

Cuando Sol llegó a la ciudad argentina de Santa Rosa, capital provincial de La Pampa, tenía 21 años. Su familia se había trasladado a Formosa, en el norte del país, en busca de mejores condiciones económicas, pero la situación era complicada. Sol -cuyo nombre fue modificado por razones de seguridad- no conseguía trabajo y se desesperaba. Un día, leyó junto a su amiga Angie un aviso en la sección de empleos del diario: buscaban mujeres jóvenes para servir copas en una whiskería. Ofrecían 2.000 pesos por mes, casi 700 dólares al cambio en 2006, mucho dinero para ese momento en el que Argentina salía de una grave crisis económica. Llamaron al teléfono del anuncio en seguida y se reunieron con un joven cordobés, que les dijo que el trabajo consistía en ser “alternadoras”, es decir, servirles copas a los clientes del bar y charlar con ellos. Aceptaron la oferta, cuenta Sol a EL PAÍS, hicieron las valijas y recorrieron 1.500 kilómetros en autobús con el pasaje que el joven les había pagado, sin saber que habían sido captadas para una red de trata con fines de explotación sexual.

La trata de personas es el tercer delito que más dinero mueve a nivel mundial, 32.000 millones anuales, disputándose las cifras con el tráfico de armas, en segundo puesto. En Argentina, desde el año 2008 han sido rescatadas 12.000 víctimas de trata con fines de explotación sexual. Eran explotadas en prostíbulos disfrazados de whiskerías, bares, boliches, casas de tolerancia y clubes que funcionaban con connivencia estatal. Los municipios facilitaban la habilitación para su funcionamiento y las chicas explotadas tenían libretas sanitarias donde figuran como alternadoras, eufemismo que se utiliza para darle una nominación legal a la mujer explotada sexualmente.

De morena a rubia platino
El día que Sol llegó al prostíbulo, Alicia Videla, dueña de Privado Vip, le dijo que le gustaría que fuera rubia. La recibió con halagos y palabras dulces, y al día siguiente la llevó a una peluquería para teñirle el pelo negro de rubio platino. Esa misma noche, le dijo, ya sin sonrisas, que estaba ahí para “hacer plata” y que tenía una deuda. Le explicó que tendría que tener sexo con los clientes y que más de la mitad del dinero debía entregárselo a ella. Alicia no actuaba sola, según el testimonio de Sol. En su recorrida por las provincias engañando a mujeres lo acompañaba un médico y funcionario público, que realizaba abortos clandestinos a las mujeres que quedaban embarazadas y les proporcionaba antidepresivos.

Sol estuvo tres años en situación de trata. Pasó por varios prostíbulos, hasta que decidió pedir ayuda en la subsecretaría de políticas de género de Santa Rosa. En 2009, a raíz de una denuncia de una menor de edad formoseña que estaba en el prostíbulo de Videla, la policía allanó Privado Vip. Detuvieron a Alicia Videla, su hermano Saúl Videla y su esposa, Miriam Céspedes, regentes del prostíbulo y rescataron a 9 mujeres: 2 dominicanas y 7 argentinas. Pero estuvieron poco tiempo encarcelados: la joven formoseña levantó la denuncia en contra de Videla y los proxenetas quedaron libres. Sol mencionó que hubo dinero de por medio para el levantamiento de la denuncia, pero la investigación está parada.