Universidad de Cuenca obtiene nuevas patentes de Estados Unidos y Europa

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Esta nueva esperanza farmacológica nace de la mano de la docente-investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas, Adriana Orellana Paucar, ex becaria del Programa VLIR-IUC Universidad de Cuenca, cuya tesis doctoral realizada en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, generó el descubrimiento de las propiedades anticonvulsivas del aceite de cúrcuma.

Los coinventores de la patente son Peter de Witte, Camila Esguerra y Alexander Crawford, extranjeros.
El proceso de aplicación de patentes estuvo a cargo de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Universidad Católica de Lovaina, Leuven and Research Development, LRD. Así, el aporte científico de esta investigación mereció una primera certificación de patente por parte de Japón y, posterior a ello, se han sumado las certificaciones de patente concedidas por Estados Unidos y Europa.

Estos registros farmacéuticos internacionales se fundamentan en las especificaciones registradas en la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, OMPI, y son las primeras de este tipo para la Universidad de Cuenca.
Al momento, se espera una respuesta de la India, con lo cual se sumaría un cuarto registro de esta propuesta investigativa.

Inventos
Orellana aclaró que no existen patentes mundiales sino territoriales, es decir que cada país o región confiere a los inventores derechos exclusivos sobre su descubrimiento, a través de la Oficina de Patentes que verifica que el nuevo conocimiento no haya sido previamente reportado a nivel mundial y, que no se haya registrado antes en ese territorio, en particular.
La investigadora manifestó que la Universidad de Cuenca, al ser copropietaria de estas patentes, visibiliza su contribución activa a la generación de nuevo conocimiento en la comunidad científica mundial, así como su participación como institución académica en la generación de productos innovadores de tipo farmacéutico cuyo principal beneficiario es la sociedad.

Proceso
Conociendo los principios activos del aceite de cúrcuma, lo novedoso de la investigación fue descubrir que los compuestos tienen la capacidad de controlar crisis convulsivas sin producir efectos adversos en animales de experimentación, como peces cebra y ratones. Este descubrimiento es el que se patentó.
En la segunda etapa de la investigación, corresponde a la fase clínica, aquí se deben realizar estudios en humanos, un proceso de investigación de duración aproximada de 10 a 20 años. Adriana Orellana junto a los coinventores continúan explorando posibilidades de nuevas investigaciones en el tema y se muestran positivos frente al interés de la comunidad científica. (RET) (I)