Cirujano británico, condenado por grabar sus iniciales en los hígados de sus pacientes

By , in Salud on . Tagged width: , , , ,

En el año 2013, el cirujano Simon Bramhall, de 53 años, usó un láser para marcar sus iniciales en los hígados de dos pacientes anestesiados mientras se sometían a una operación de trasplante en el hospital Queen Elizabeth, en la ciudad británica de Birmingham.

Este viernes, el tribunal de Birmingham condenó a Bramhall con una multa de 10.000 libras (11.230 euros) y a un año de trabajos comunitarios. «Las dos operaciones fueron largas y difíciles, y admito que en ambas ocasiones usted estaba cansado y estresado y que esto podría afectar su juicio. Sin embargo, su conducta proviene de una arrogancia profesional de tal magnitud que limita con un comportamiento criminal», expresó el juez Paul Farrer. «Ha abusado de su poder y traicionado la confianza que estos pacientes depositaron en usted», afirmó antes de dictar sentencia.

Durante el juicio Simon Bramhall se declaró culpable de haber plasmado sus iniciales «SB» en el hígado de los dos pacientes bajo anestesia sin su consentimiento durante las intervenciones. Para hacer esto, usó un láser de gas argón, un instrumento que se utiliza en cirugía para prevenir el sangrado. Las iniciales fueron descubiertas durante una operación de seguimiento de una de las víctimas, según informaron medios británicos.

«Este es un caso extraordinario y complejo», dijo el fiscal Tony Badenoch durante la audiencia, «La declaración de culpabilidad es la aceptación de que lo que hizo no solo fue poco ético, sino también punible penalmente», agregó. Sus acciones fueron «deliberadas y conscientes», aseguró Badenoch, «el hecho de que el Dr. Bramhall estaba escribiendo sus iniciales en el hígado de un paciente no fue un incidente aislado, sino un acto repetido en dos ocasiones, que requiere habilidad y concentración». Una forma de jactarse en presencia de sus compañeros de quirófano.

El doctor se vio obligado a renunciar en su puesto como cirujano general. El Hospital Queen Elizabeth en Birmingham, donde el cirujano trabajaba, se aseguró de que sus pacientes «no habían sufrido ningún impacto en la calidad de sus resultados clínicos».