Venezolanos se consolidan en el número uno en solicitudes de asilo en Estados Unidos

Los venezolanos se consolidan como nacionalidad número uno en solicitudes de asilo en Estados Unidos, según las cifras del Departamento de Seguridad Interior. Al cierre del tercer trimestre de 2017 lo habían pedido 21.407, 6.679 más que en todo 2016, primer año en que superaron en la lista a los solicitantes de China. Comparada con 2013 (786) la cifra de peticiones de emigrantes de Venezuela se ha multiplicado por 27 a falta de tres meses para que termine 2017.

El aumento exponencial del número de solicitudes de venezolanos se dio a partir de la muerte del expresidente Hugo Chávez en 2013 y de la profundización de la crisis económica e institucional hasta la fecha durante la presidencia de su sucesor, Nicolás Maduro. En 2016 los venezolanos también se convirtieron por primera vez en los principales solicitantes de asilo (3.960) en España.

La avalancha de peticiones en Estados Unidos ha influido en el atasco en las tramitaciones. “En 2013 te daban cita para la entrevista con un oficial de migración en un plazo de un mes, y ahora la cita se está demorando cuatro años”, dice el abogado venezolano radicado en Miami Ángel Domínguez, especialista en procesos de asilo, que apunta que el tapón también se debe a la redistribución de funcionarios de labores de asilo hacia las de deportación, priorizadas por Donald Trump.

El 2017 podría cerrar con cerca de 30.000 solicitudes de venezolanos en Estados Unidos, según estiman Domínguez y Javier Torres, también venezolano y director de Migrants Foundation, establecida en Tampa. “Diciembre es el mes de más inmigración desde Venezuela con la excusa de la visita familiar, y ya finalizando noviembre hemos estado notando un repunte”, dice Torres.

Domínguez advierte de que se encuentra a menudo con venezolanos que se equivocan al alegar la crisis económica y la carestía en Venezuela como motivo de solicitud de asilo, que “solo procede”, explica, “en casos demostrables de persecución o temor de persecución por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opinión política”. El abogado acaba de terminar un Manual básico sobre asilo político en los Estados Unidos que se publicará en diciembre para ayudar a los solicitantes a conocer el trámite y sus condiciones. Otro error frecuente, dice, es pedir asilo cuando ya ha pasado un año de la entrada en Estados Unidos, plazo máximo para solicitarlo.

El embudo de peticiones de asilo de venezolanos, señalan los especialistas, se podría contener si el Gobierno de Estados Unidos aprobase un “alivio migratorio” para ellos, otorgándoles un Estatus de Protección Temporal (TPS en sus siglas inglesas). Pero las políticas de choque contra la inmigración de Trump van en la dirección opuesta. En noviembre, por ejemplo, se liquidó el programa que evitaba la deportación de 59.000 de haitianos. Representantes del exilio venezolano pidieron sin éxito en agosto en Miami al vicepresidente Mike Pence que se activase esa medida especial.

La novedad “positiva” que ha traído para los emigrantes venezolanos la administración Trump, según Domínguez, es que ha “reconocido que en Venezuela hay una dictadura y habla con contundencia de presos políticos y de violaciones de derechos humanos”, lo que podría favorecer la aprobación de las solicitudes de asilo. Torres, sin embargo, cree que “el filtro, las exigencias para aprobar el asilo, se pondrán más altas cuanto mayor sea la cantidad de peticiones”. Desde su punto de vista, urge “que el problema de la migración venezolana no se vea solo como un tema político sino humanitario”. “Entre los solicitantes que se declaran perseguidos políticos, buena parte han salido de allí sobre todo por el deterior de las condiciones de vida, que ya son literalmente inviables”, concluye.

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