Posted on August 03, 2020, 4:15 pm
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Hay quien sostiene que la cultura china es incompatible con la democracia por su milenaria tradición imperial y su superpoblación. A la escala de Taiwán, una isla de 23 millones de habitantes, Lee Teng-hui demostró que eso es una falacia alumbrando la que seguramente es la democracia más participativa y tolerante de Asia. Como presidente de este país, que es independiente «de facto» de China pero cuya soberanía es reclamada por el autoritario régimen de Pekín, dirigió la transición de la dictadura a la democracia en Taiwán durante los años 90.

Nacido el 15 de enero de 1923 en el pueblo de Sanshi, cuando Taiwán era todavía una colonia japonesa, Lee Teng-hui falleció el 30 de julio en el Hospital de Veteranos de Taipéi, donde llevaba ingresado desde febrero tras atragantarse comiendo. A sus 97 años, deja el legado de haber convertido a Taiwán en una democracia.

Desde las filas del Kuomintang (KMT), que llevaba en el poder desde que el Generalísimo Chiang Kai-shek se refugiara en la isla tras ser derrotado por Mao en la guerra civil china (1945-49), Lee auspició las primeras elecciones libres de Taiwán en 1996. Su triunfo arrollador, beneficiado por las amenazas y misiles que disparó Pekín para asustar al electorado, le convirtió en el primer presidente democrático de la isla, un logro que le deja un lugar de honor en la Historia.

Conocido como el «Señor Democracia», durante su mandato de cuatro años fomentó la identidad nacional taiwanesa y sus relaciones internacionales, enemistándose aún más con las autoridades chinas, que aspiran a la reunificación de la isla. Pero su talante soberanista no se destapó plenamente hasta que, tras dejar el puesto, fundó un grupo independentista, la Unión para la Solidaridad de Taiwán, que se alió con su sucesor, Chen Shui-bian, del Partido Democrático Progresista (PDP), entre 2000 y 2008. Una «traición» que le valió la explusión del KMT, del que se convirtió en un crítico feroz por su «acercamiento» a Pekín durante el mandato del presidente Ma Ying-jeou, entre 2008 y 2016. Repudiado por sus antiguos compañeros, fue incluso procesado por corrupción en 2011, pero salió absuelto y acusó al Gobierno de Ma de «inventarse» los cargos. De todas maneras, estos cambios en su ideario político no eran nuevos porque, ya en su juventud, militó brevemente en el Partido Comunista antes de unirse al KMT.

Nacido y criado en la época colonial japonesa, que duró desde 1895 hasta 1945, Lee creció bajo la educación nipona y hasta se unió al Ejército imperial en la II Guerra Mundial. Aunque decían que hablaba mejor japonés que mandarín, volvió tras la contienda a Taiwán, que pasó a estar controlado por el Gobierno chino del KMT.

Licenciado en Economía Agrícola, fue uno de los estudiantes más brillantes de su generación y tuvo la oportunidad de hacer su doctorado en la universidad estadounidense de Cornell a finales de los 60. En estos años del «desarrollismo» taiwanés, Lee llamó la atención del hijo y sucesor de Chiang Kai-shek, Chiang Ching-kuo, quien lo aupó en la Administración. Tras la muerte del Generalísimo en 1975, Chiang Ching-kuo siguió con la apertura de Taiwán, nombró a Lee vicepresidente en 1984 y tres años después abolió la ley marcial. Cuando murió en 1988, le sucedió Lee Teng-hui, quien emprendió el camino a la democracia.

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