Posted on July 01, 2020, 9:09 pm
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A Joe Biden le han venido muy bien las restricciones que vive EE.UU. por la pandemia del Covid-19. Parapetado en su mansión de Delaware, el candidato demócrata a la presidencia de EE.UU. ha evitado mucho desgaste de campaña -importante a sus 77 años-, se ha ahorrado sus célebres pifias dialécticas y ha dejado que su rival, Donald Trump, se queme. El presidente tiene que cargar con las críticas a su gestión de una pandemia que ha pasado de los 2,5 millones de casos y 125.000 muertos en EE.UU., que ha hundido la economía del país y que vive ahora un repunte preocupante.

Las encuestas muestran que la estrategia de la madriguera de Biden le ha dado resultado: los acumulados de sondeos le dan una ventaja frente a Trump de alrededor de diez puntos, con distancias amplias en estados clave y apretando al presidente en otros que son de implantación republicana, como Texas u Ohio.

El ex vicepresidente con Barack Obama ha decidido seguir en esa línea y esta semana anunció que no hará mítines de campaña. Lo dijo en su primera rueda de prensa en casi tres meses, una medida de lo que poco que Biden se ha expuesto a la opinión pública. La mayoría de sus apariciones han sido desde el sótano o el jardín de su casa, donde da discursos o concede entrevistas. Solo en las últimas semanas ha hecho un puñado de apariciones fuera de su hogar, siempre muy limitadas.

«Voy a seguir las órdenes del doctor, no solo por mí, sino también por el país. Y eso significa que no haré mítines», explicó el candidato a los periodistas.

Trump y su campaña han utilizado la ausencia de Biden como mofa y crítica, para ahondar en la imagen de debilidad que quieren dar de su rival. La estrategia del presidente ha sido la contraria: aparecer el máximo posible desde la Casa Blanca -Trump estuvo semanas dando ruedas de prensa diarias por el coronavirus- y lanzarse al ruedo electoral en cuanto fuera posible. Los resbalones de Trump en esas ruedas de prensa y el pinchazo en su primer mitin de campaña en Tulsa (Oklahoma) indican que quizá quien ha acertado es Biden.

Capacidad cognitiva

La estrategia del candidato demócrata es hacer del Covid-19 un ejercicio de contraste con Trump. Al presidente no se le ha visto con mascarilla, ha animado a levantar restricciones lo antes posible, se ha separado en ocasiones de las opiniones de los expertos médicos de su Administración y busca darse baños de multitudes a pesar de la expansión crítica de la pandemia en el país (este mismo viernes estará en un acto multitudinario en Dakota del Sur donde no se exigirá distanciamiento físico ni mascarilla a los asistentes).

Biden busca colocarse en las antípodas: lleva siempre la mascarilla, recomienda cautela en la reapertura, aprovechó la rueda de prensa para presentar un plan de gestión de la crisis si llega a la Casa Blanca y aseguró que una de sus primeras decisiones como presidente será confirmar en el cargo a Anthony Fauci, la autoridad médica de la Administración Trump sobre coronavirus, y que en ocasiones ha contradicho al presidente.

Biden también se refirió a uno de los principales ataques de Trump y su campaña contra su persona: su capacidad mental. Trump se refiere al candidato como ‘Sleepy (‘adormilado’, ‘lento’) Joe’ y hace unos días dijo que es una persona «con bajo coeficiente intelectual».

Un periodista le preguntó si tiene algún problema de pérdida cognitiva y si se ha hecho pruebas al respeto. «Me hago pruebas constantemente», dijo sobre su actividad electoral (lleva más de un año de campaña de primarias demócratas). «Estoy deseando comparar mi capacidad cognitiva con la del hombre al que me enfrento», dijo sobre Trump. También aseguró que está deseando enfrentarse al presidente en debates cara a cara.

«Va a ser la campaña más inusual de la historia moderna», aseguró sobre estas elecciones, algo en lo que su rival también estará de acuerdo.

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