Posted on July 01, 2020, 3:34 pm
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Ni la prohibición policial por el coronavirus ni la Ley de Seguridad Nacional impuesta por China, que amenaza con la cadena perpetua, logran frenar las protestas de Hong Kong reclamando democracia. Desafiando la nueva regulación, que entró en vigor el martes al filo de la medianoche, decenas de miles de personas se han echado a las calles este miércoles, justo cuando se cumplen 23 años de la devolución a Pekín de esta antigua colonia británica.

Aunque la Policía había vetado la tradicional marcha del aniversario por el riesgo de contagio y los disturbios del año pasado, cuando fue asaltado el Parlamento local, la multitud ha ocupado el distrito comercial de Causeway Bay, que era su punto de partida. Bajo una fuerte presencia policial, con 4.000 antidisturbios y su cañón de agua desplegado, no han tardado en estallar los incidentes, los insultos y las carreras.

Centenares de detenidos

Hasta las cinco y media de la tarde (once y media, hora peninsular española), habían sido detenidas 180 personas por alterar el orden público, incluyendo a siete como sospechosas de violar la nueva Ley de Seguridad Nacional. Según había publicitado la propia Policía en su cuenta de Twitter, el primer detenido por esta legislación era un hombre que portaba una pancarta donde rezaba «Independencia de Hong Kong». Pero, dando buena cuenta del ingenio hongkonés, antes de dicha leyenda ponía en pequeñito «No a». Ahora está por ver si es acusado o no de secesión bajo la nueva ley, que prevé penas de entre tres años y cadena perpetua para ese delito y los de subversión, terrorismo y colusión con fuerzas extranjeras. Por otra parte, y según recogían las redes sociales, una mujer fue arrestada por llevar un cartel también a favor de la independencia y con las banderas de Estados Unidos y el Reino Unido. Será difícil que Hong Kong, una ciudad con una larga tradición liberal por su influencia occidental, renuncie de la noche a la mañana a su libertad de expresión y reunión.

Aunque el Gobierno local advirtió en un comunicado de que las proclamas a favor de la independencia pueden constituir un delito de secesión, los manifestantes no dejaron de cantarlas, pero sin ondear sus banderas. Como en protestas anteriores, jóvenes enmascarados y ataviados de negro montaron barricadas, rompieron baldosas del suelo y destrozaron el escaparate de Maxim´s, una pastelería supuestamente afín al régimen de Pekín. Para dispersar a la multitud, la Policía los bañó con su cañón de agua y con espray de pimienta. A tenor del periódico «South China Morning Post», los agentes también lanzaron gases lacrimógenos. Uno de ellos, informó la Policía, resultó herido con un corte por objeto afilado cuando intentaba practicar una detención.

Entre las decenas de arrestados destacan varios diputados de la oposición, como Andrew Wan, presidente del Partido Democrático; Ray Chan y Tam Tak-chi, quien llevaba un antiguo disfraz de policía chino. A la vista de estas imágenes, está claro que los manifestantes de Hong Kong no se han asustado ante las amenazas de Pekín.

Intimidar y disuadir

Previamente, en el izado de la bandera para conmemorar la efeméride de la devolución, la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, se congratuló de que «la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional es un punto de inflexión para superar la actual parálisis y restaurar la estabilidad y el orden del caos». En Pekín, el subdirector de la Oficina del Consejo de Estado para Asuntos de Hong Kong y Macao, Zhang Xiaoming, se defendió de las críticas extranjeras y aseguró que no será el fin de la fórmula «Un país, dos sistemas». En teoría, este principio garantizaba la autonomía de esta excolonia hasta 2047, pero ha quedado en entredicho por la imposición de la ley sin pasar por el Parlamento local y sin que se supiera su contenido hasta su promulgación.

«Esta nueva ley tan dura está claramente destinada a intimidar y disuadir cualquier acción o declaración que pueda ofender al Partido Comunista de China. Su primer objetivo son los jóvenes manifestantes que apoyan la independencia o recurren a la violencia. El segundo: las ONG, medios y organizaciones foráneas que puedan infringir los intereses del régimen. Y el tercero son los activistas que tratan de conseguir el apoyo de gobiernos democráticos extranjeros», analiza para ABC Jean-Pierre Cabestan, politólogo de la Universidad Baptista de Hong Kong. Aunque destaca que el joven y combativo Joshua Wong y otros activistas «han sido rápidos en disolver sus partidos políticos», cree que «los demócratas de Hong Kong seguirán luchando por la democracia y contra la invasión de sus libertades y su Estado de Derecho».

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