Posted on June 01, 2020, 6:22 pm
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Para un niño, estar confinado probablemente no ha sido la mejor opción, excepto por la excepcionalidad del problema. Tampoco estoy segura que lo sea volver a las aulas con distanciamiento si tienen menos de cinco años. La infancia es una etapa de gran vulnerabilidad y en las que es necesario interactuar con personas de edad similar, para lograr un mejor desarrollo social, emocional y cognitivo, así como descubrir fortalezas, habilidades de interrelación y talentos, pero también para tomar consciencia de quiénes son y qué lugar ocupan en la sociedad en que viven. Ellos necesitan de los cinco sentidos para aprender, conectar y florecer.

Entender cómo afecta el confinamiento a los niños requiere del esfuerzo de comprender su interioridad antes que poner en primer lugar su comportamiento. Las descripciones generalizas sobre qué significa «estar bien» no son del todo válidas en tiempos de pandemia. Padres y educadores necesitarán asumir que bajo la coraza de un niño que a menudo no tiene el comportamiento esperado, suele haber un niño asustado  que no ha podido jugar al aire libre o no ha podido estar con sus amigos. Para ellos equivale a haber estado a una exposición a un ambiente de comunitario traumático, con situaciones que han estado más allá de su control y que pudieron haberle provocado un acostumbramiento al estrés.

Del impacto del encierro a alejarse de la familia

Las investigaciones científicas sobre trauma infantil, demuestran que sus consecuencias pueden ir ser problemas sociales, psicológicos, cognitivos y biológicos, incluida la dificultad para autorregular emociones, estar atentos, sentirse confiados, mantener buenas relaciones con guales, o que para ellos sea muy difícil triunfar en los estudios. Obviamenrte no quiero decir aquí que no debieron estar confinados, sino que la exposición a acontecimientos traumáticos puede dar señales claras de lo que ocurre en su interior, y que con el apoyo adecuado en ningún caso indica que el destino de un niño sea sellado por el trauma. Esta visión con perspectiva no limita sin embargo, cuántas generaciones serán afectadas. Los eventos inesperados como inundaciones, tsunami, o epidemias, tiene efectos duraderos en los niños, por lo que es imprescindible  empezar a cultivar en ellos habilidades socioemocionales que les permitan sentirse bien consigo mismos y con las personas del círculo inmediato, e interactuar de modo significativo y con alegría.

Ideas resilientes para padres y docentes.

Vivir un evento traumático es estar en medio de una situación que abrumaba de tal modo que el cerebro y el nuestro no puede hacerle frente sin altas dosis de estrés. Cuando el estrés en un niño se cronifica, la confianza que ha de despertar en él el adulto cercano ha de ser mayor que en situaciones normales. El objetivo es que pueda recuperar la seguridad, y recuperarse del estrés tóxico. Pero hay un poco más.

Si un niños se ha acostumbrado a vivir con estrés tóxico, aún cuando no haya nada amenzante, la respuesta al miedo puede estar tan activada que el comportamiento puede ser complejo si lo saca del contexto del trauma.

Para un niño algo tan simple como que la madre o el maestro alce la voz puede activar  una reacción emocional y a veces física desproporcionada, sin ningún sentido para el maestro. Así que como el objetivo es para mitigar los efectos del confinamiento y ayudarles a florecer en lugar de fracasar, he aquí tres acciones urgentes…

1) ) Crear transiciones tranquilas y predecibles. Sea de casa a la vuelta al colegio, o a la adaptación a la «nueva normalidad» escolar. También las transiciones entre actividades pueden desencadenar fácilmente reacciones inesperadas si el niño entra en «modo supervivencia», lo que equivale a reacción exagerada por miedo. A menudo cuando no sabe qué va a pasar después del cambio. Así que hay que contarles qué va a pasar y por qué. En algunos colegio se ha instaurado que los docentes tocan una melodía cuando los niños llegan, o se valen de una armónica para indicar la transición de una clase a otra y que les sigan, si son pequeños. O unas campañillas para empezar el día con una meditación. Es imprescindible construir una rutina en torno a las transiciones para que los niños sepan: a) cómo se llevará a cabo la transición, qué es lo que ellos deben hacer hacer y qué ocurrirá después..

2) Mantener siempre una actitud de claridad mental, generosa, y compasiva. En lugar de pensar: «¿Qué le pasa ahora a este niño?»; es mejor tener un estilo de pensamiento científico: «¿Qué está pasando aquí?”. Esto significa que para comprender la interioridad de un niño en fundamental ver con cierta claridad sobre el contexto. El miedo puede tomar muchas formas (sonrojarse, apretar puños, respirar más rápido que de costumbre, moverse de un lado a otro, estallar en lágrimas…) pero cada niño actuará según su propia agenda interior. Los niños entienden bien si los adultos activan el wifi emocional, que no es otro que la empatía, con un: “Parece que te estás irritando”. y luego ofrezca un par de opciones de cosas que el niño puede hacer.

3) Hacer visibles los procesos en la naturaleza, para ayudarles a organizar la vida interior. Cuando los niños comprenden por ejemplo los sistemas de ayuda mutua entre los aniumales, prosperan. Todos los seres vivos estamos biológicamente “conectados” para una conexión mayor. Los bebés vienen al mundo preparados para conectar con sus cuidadores, y los niños están naturalmente conectados con lo trascendente: con la naturaleza, el ritual, el simbolismo, los sueños, la empatía y las experiencias místicas, por eso reaccionan naturalmente con reverencia hacia un animal muerto, con la misma naturalidad que se fascinan ante un cielo estrellado con una luna enorme…

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