Posted on June 01, 2020, 6:18 pm
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Donald Trump anunció hoy que su Administración declarará a los ‘antifa’, los grupos antifascistas radicales, como «organización terrorista». No queda claro qué impacto tendrá el anuncio en un movimiento heterogéneo, disgregado y poco organizado, pero van en la línea que defiende el presidente de EE.UU. de retratar las protestas como la obra de radicales de extrema izquierda.

En esa línea fueron otros altos cargos de su administración, como el fiscal general de EE.UU., William Barr, que hoy aseguró en un comunicado que el Departamento de Justicia busca «arrestar y acusar a los agitadores radicales violentos que ha secuestrado las protestas pacíficas» y señaló como responsables a «antifa y otros grupos similares».

Algunos líderes demócratas y activistas de izquierdas han asegurado que elementos de extrema derecha han iniciado disturbios violentos para causar caos y enturbiar las protestas.

Los relatos de unos y otros terminan por desviar la atención del historial de abusos de la policía hacia la minoría negra, en el que la muerte de George Floyd es solo el último caso, y del racismo estructural que sufre EE.UU., dentro y fuera de los cuerpos de policía.

«Son unas pocas manzanas podridas», aseguró Robert O’Brien, asesor de seguridad nacional de Trump, en una entrevista en la CNN sobre los casos de abusos policiales contra la minoría negra. «No creo que haya racismo sistémico», defendió sobre los cuerpos de policía de quienes dijo que «el 99,9% son grandes americanos» que «trabajan en los barrios más duros» y que son sus «héroes».

Las estadísticas ofrecen una realidad diferente. La población negra tiene casi 2,5 veces más de probabilidad de morir a manos de la policía que los blancos: 30 muertes por millón de habitantes para los negros, frente a 12 muertes por millón para los blancos (y 22 muertes para los hispanos).

Un «patrón»

Es innegable que hay elementos anarquistas de extrema izquierda que están aprovechando las protestas para propagar violencia e imponer su agenda antisistema, y es posible que elementos del llamado ‘supremacismo blanco’ hayan buscado echar gasolina al fuego. Pero el telón de fondo de la última muerte de un hombre desarmado es la desigualdad y falta de oportunidades que sufre la minoría negra, en especial en las grandes ciudades del país, y una desconfianza mutua entre la policía y la población en los barrios desfavorecidos en los que viven. Una de las consecuencias más evidentes es la disparidad racial en el sistema penitenciario: la minoría negra representa el 12% de los adultos de EE.UU., pero acumula el 33% de la población penitenciaria. Los blancos, que son el 64% de la población adulta, suponen el 30% de los encarcelados.

«Esto es un patrón», reflexionó Nancy Pelosi, la líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, sobre la muerte de Floyd y otros hombres negros a manos de la policía. Ella y otros líderes, también algunos republicanos, han tratado de poner el acento en reformas que cambien la relación entre la policía y la minoría negra. La violencia y la anarquía propagada desde diversos sectores ha enturbiado esas reclamaciones.

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