Se terminó el silencio y tranquilidad en el puerto principal. Desde este miércoles, con el paso del semáforo de restricciones a nivel amarillo, Guayaquil entró oficialmente en proceso de reactivación comercial.

Fueron 65 días de claustro, más de dos meses en lo que muchos comercios no pudieron generar ni un centavo; fueron semanas de incertidumbre que dejaron no solo pérdidas económicas, sino también humanas.

Las calles se volvieron a atestar de vehículos, que ya transitan libremente, sin importar el número de placa, sin respetar el límite de pasajeros. La emergencia aún no termina, pero en la cabeza de los guayaquileños la pesadilla acabó y no hay nada que les impida volver a la cotidianidad.

En las fachadas de los negocios, la tónica se repetía. Efusivos besos, abrazos y estrechones de manos eran parte de las escenas que se observaban. Para muchos, el distanciamiento social quedó en el pasado. “Qué bueno verlos de nuevo”, decía a su llegada la empleada de una tienda que no abría desde el pasado 16 de marzo, mientras repartía beso y abrazo a sus cinco compañeros.

En otros negocios, los trabajadores pasaban lista de cuántos compañeros, amigos, familiares ya no estaban con ellos. Irrespeto a las restricciones

Para el comerciante ambulante Arturo García, quien se dedica a vender aguacate y papaya en la calle, “cambiar el semáforo solo legalizó lo que ya se vivía desde hace varias semanas”. “Desde que anunciaron  los semáforos la gente hizo como que todo había pasado.

Los negocios vienen funcionando con las puertas abajo, mira cómo pasan placas (terminadas) en 1, 6, 0, 8 y no los detienen ni los multan; la gente ya está dejando de usar guantes y mascarilla”, describía mientras apuntaba a las personas y vehículos que pasaban.

Justamente en las calles Ilanes y Costanera, en Urdesa, un operativo controlaba que los vehículos cumplan con las medidas de restricción aún vigentes, es decir, una sola persona por vehículo y placa terminada en 5-6-9 (correspondientes a los miércoles).

Los tres gendarmes en labor detuvieron un Nissan Sentra ocupado por cinco personas. Le solicitaron al conductor los documentos del vehículo y corroboraron que todo esté en regla.

Luego de un minuto explicando por qué viajaban cinco en el automóvil, los policías le devolvieron los documentos y lo dejaron seguir, sin multa ni sanción. El transporte urbano es una actividad que no se anima del todo a reactivarse.

Aún son muy pocos los buses que han regresado a sus rutas, y todavía menos los que cuentan con las normas de bioseguridad necesarias.

Por ejemplo, un bus de la línea 42 que atravesaba la av. Víctor Emilio Estrada, una de las calles con mayor actividad comercial, viajaba con pasajeros de pie, sin espacio entre quienes estaban sentados y sin aislamiento para la cabina del conductor. Lo que sí se mantiene es el aviso de “¡Pie derecho!”, para que los pasajeros se bajen con el bus aún en movimiento.

Centros comerciales ajustan protocolos En los supermercados también regresaron los empacadores, ahora equipados con protector facial, mascarilla y guantes.

Además, los pasillos dejaron de ser de libre tránsito, volviéndose unidireccionales, y el límite de clientes se amplió, por lo que los embotellamientos en las perchas también volvieron.

En los centros comerciales, los negocios aún analizan cómo adecuar el espacio para la nueva normalidad. En Albán Borja, ahora las puertas de ingreso cuentan con señalética de la distancia segura entre cada persona y en los restaurantes y patio de comidas están dilucidando cómo disponer las mesas para atender con seguridad.

En el Mall del Sol también se observaron más visitantes, los cuales debieron pasar por un riguroso control de seguridad para ingresar, pues se les tomó la temperatura, se les aplicó alcohol en gel y caminaron encima de una bandeja para limpiarse las suelas de los zapatos.

Además, se les informó del uso obligatorio de mascarilla. Al interior también se instaló señalización de seguridad en varias partes. Por ejemplo, en las escaleras eléctricas hay letreros que advierten no apoyarse en la banda para las manos, para reducir posibilidades de contagios de covid-19.

Hasta las 11:30 se comprobó que no todos los locales optaron por reabrir el primer día con semáforo amarillo y el 20% de ellos permaneció cerrado. Igual ocurrió en el patio de comidas, donde 11 restaurantes no atendieron.

Además, ahora cada local tiene señalado el aforo máximo permitido de personas, dependiendo de su tamaño y del número de empleados.

En los más pequeños se autoriza máximo dos personas, en los grandes el cupo llega hasta 30 clientes.

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