Posted on May 02, 2020, 2:15 pm
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Los escolares están recibiendo formación online en sus domicilios por el cierre de colegios a causa del coronavirus. Sin embargo, muchos de ellos, incluso en esta época de aislamiento, no escapan de los efectos de otra cruel pandemia: la del acoso escolar. El bullying traspasa las fronteras de los hogares aun bajo el confinamiento.

Para los niños que no son agredidos a través de las redes sociales, el confinamiento les está suponiendo una tregua, un periodo de mayor tranquilidad porque no tienen que enfrentarse diariamente a sus agresores de forma presencial, «aunque sí se enfrentan cada día a las terribles secuelas que llevan cargadas en su pesada mochila —explica Ester López, psicóloga experta en bullying—. Su rol de víctima les hace recordar y revivir escenas de situaciones que han sufrido. Las revisan una y otra vez en su mente porque no son capaces por sí solos de liberarse de ellas. Les martiriza».

Así lo confirma también Diana Díaz, directora del Teléfono Anar, al apuntar que en este confinamiento no están exentos de experimentar todas las consecuencias psicológicas que ha conllevado el acoso escolar este tiempo atrás. «Nuestros estudios revelan que el niño acosado ha tenido un recorrido de entre 13 y 15 meses hasta que se atreve a pedir ayuda. Por ello, los síntomas emocionales como miedo, indefensión, sentimientos depresivos y ansiedad, entre otros, no desaparecen, aunque son vividos desde otro entorno y con una incidencia menor que cuando acuden a sus centros escolares».

Ester López asegura que, aunque muchos sienten la «seguridad» de estar en su zona de confort entre las paredes de su hogar, se siguen enfrentando a terrores nocturnos, a dificultades para conciliar el sueño, a estados de ansiedad o depresión. «Por todo ello, para las víctimas de acoso escolar el seguimiento actual de las clases está siendo especialmente complicado porque sus pesadillas no les dejan descansar y la concentración que exige la nueva forma de seguir las sesiones online es especialmente complicada para ellos. No están preparados para esta concentración tan concreta ni para la carga de deberes que reciben», puntualiza.

El confinamiento en casa tampoco está siendo sencillo puesto que, según la psicóloga, estos niños suelen estar a la defensiva en todo momento, «en estado de alarma continuo», por lo que cualquier situación la llevan hasta el extremo, lo que dificulta en gran medida una convivencia familiar tranquila. «También es más fácil que en este periodo de aislamiento sufran trastornos alimenticios, como la bulimia, por lo que los padres deben estar también atentos a cualquier tipo de señal».

Diana Díaz, directora del Teléfono Anar va más allá. «Algunos padres han descubierto que sus hijos son víctimas de acoso debido a su comportamiento más ansioso o irascible durante el confinamiento. Este periodo de convivencia familiar más intenso supone una oportunidad para comunicarnos, apoyar a nuestros hijos, agradecerles por confiar en nosotros y asegurarles que juntos va a ser más fuerte. Una vez que se reconoce el problema y se puede hablar de las emociones que el acoso supone, podemos tomar medidas y comunicar la situación al centro escolar para encontrar conjuntamente las soluciones (padres, centro escolar y acosados). También se les debe facilitar tratamiento psicológico que les ayude a desarrollar herramientas personales que les van a ser muy útiles frente al acoso y para su vida», explica.

A los padres, Ester López también aconseja en estos momentos desarrollar grandes dosis de empatía y paciencia. «Es necesario que se pongan en su lugar, no juzgarlos, y darles todo el apoyo que necesiten porque su sufrimiento es muy grande y, en ocasiones, tardan hasta algo más de un año en reconocer lo que les sucede. Lo más conveniente es buscar ayuda de especialistas cuando no se sepa manejar la situación. Hay que evitar a toda costa que las secuelas se cronifiquen», advierte.

Las redes sociales, un problema añadido

La situación es más complicada aun en los casos en los que los estudiantes son víctimas de acoso también a través de las redes sociales y reciben amenazas y burlas constantemente, sin descanso. El hecho de tener más tiempo libre y que se generen más momentos de aburrimiento activa, en muchos casos, a los agresores a concentrar su energía en el más débil y continuar con el acoso. «Lo cierto es que en este tiempo de coronavirus está cambiando el formato de acoso debido a que, como la agresión física y presencial no se puede producir, está aumentando el ciberacoso, que se hace más intenso», asegura a ABC Ester López.

Desde la Fundación Anar indican que los casos que actualmente siguen consultando las familias tienen que ver con el acoso tecnológico, basado principalmente en insultos, amenazas, aislamiento. «Nos comentan —explica Diana Díaz—, que ahora les expulsan de los grupos o chats a los que pertenecen, desencadenando esa sensación de soledad propia del acosado. Las redes son un escenario muy importante para ejercer violencia cuando se cierra la vía del contacto cara a cara», concluye.

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