Posted on October 10, 2019, 12:46 pm
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Desnudos, mojados, con las manos sobre su cabeza, tirados en el suelo y con gallos de pelea encima de ellos. Es la tortura a la que se vio sometido un grupo de presos del Centro de Coordinación de la Policía en Anaco, en el estado Anzoátegui, al noroeste de Venezuela, como muestran unas imágenes virales difundidas en Twitter por la periodista Alexandra Belandia el pasado 30 de septiembre.

«¡Cállate la boca, chico!», dice uno de los agentes mientras golpea en la cabeza a uno de los presos con una tabla. «Cuando pregunten sobre Derechos Humanos en Venezuela, lo que sucede en las Comisarias/Prisiones (escuche el diálogo.) El trato entre la Policía y sus privados, además de “la reinserción” a la sociedad a través de “grandes obras” de Maduro, muestre el vídeo», comentaba la periodista en la red social.

La grabación, que acumula casi 400.000 reproducciones, ha horrorizado a todo el mundo. Tal es la gravedad que Tarek William Saab, fiscal general de Maduro, anunció una investigación por lo ocurrido.

«He designado a fiscales en materia de Derechos Humanos de Anzoátegui para investigar los brutales hechos acaecidos en la Policía de Anaco, por lo que serán imputados por su responsabilidad el Comisario Hernán Díaz y dos funcionarios policiales subalternos», informaba en Twitter horas después de la difusión del vídeo.

Según la ONG venezolana «Una ventana a la libertad», se trataba de 82 «privados de libertad recluidos en el Centro de Coordinación Policial de Anaco, quienes fueron sacados de su calabozo y, mientras un grupo de uniformados realizaban requisa, otro grupo golpeaba a los detenidos».

Los internos, como habrían relatado sus familiares, «iniciaron una huelga por falta de agua y alimentos y para pedir que dejaran pasar medicamentos a sus familiares».

Como explica la organización, «los uniformados comenzaron a rociar combustible en el interior de la celda para obligarlos a salir […] Los obligaron a desnudarse al tiempo que los golpeaban con una tabla en los glúteos. También los rociaron con agua mientras dos gallos peleaban sobre sus cuerpos y picoteaban a más de uno».

Torturas y tratos degradantes

Se ha denunciado en varias ocasiones la situación que viven los presos en Venezuela, sobre todo por las duras condiciones que soportan, con palizas frecuentes, y falta de higiene y alimentos en muchos casos.

El pasado mes de julio, un informe de la Alta Comisionada de los DDHH de la ONU, Michele Bachelet, señaló a la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana (DGCIM) como uno de los cuatro cuerpos de seguridad donde se cometen torturas, además de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. Los otros tres órganos son el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia), el FAES (Fuerzas de Acciones Especiales) y la cárcel militar de Ramo Verde.

Tras la visita de Bachelet, la represión y la tortura del régimen de Nicolás Maduro contra los presos políticos aumentó, instalando «en su honor» las denominadas «puertas Bachelet», unas celdas de máxima seguridad, de 2 por 2 metros sin inodoro ni ventilación.

En 2017, el director de «Una ventana a la libertad» aseguraba que la superpoblación en las comisarías del país era del 400%. Pero el hacinamiento no era el único problema según la ONG: el 62% no poseía servicios higiénicos y el 64% carecía de agua potable.

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