Posted on October 06, 2019, 6:54 pm
FavoriteLoadingAdd to favorites 3 mins

El enemigo ya no es una secta, tampoco el grupo yihadista Estado Islámico (o las fuerzas estadounidenses). Las calles de Irak claman contra la corrupción y el desempleo, dos males que se han fortalecido con el paso de los años en el sistema levantado tras la caída del régimen de Sadam Husein, y la única respuesta del Gobierno es la represión. Al menos 93 personas han perdido la vida, según la comisión gubernamental de derechos humanos del Parlamento, y hay más de 3.000 heridos en las movilizaciones que empezaron el martes en Bagdad y que pronto se extendieron a ciudades del sur como Amara, Diwaniya, Nasiriya o Hilla.

Tras 48 horas de toque de queda, las autoridades lo levantaron ayer para intentar recuperar la normalidad, pero las protestas no cesaron. Se ha restringido el servicio de Internet y las unidades antiterroristas de élite están desplegadas en los puntos neurálgicos de Bagdad con luz verde para abrir fuego contra unos manifestantes que protestan sin responder a órdenes de partidos o sectas y que piden a gritos «la caída del régimen», el famoso eslogan de la Primavera Árabe que recorrió Siria, Yemen, Egipto, Túnez o Libia en 2011.

Un año sin frutos

«No me gusta la expresión ‘primavera árabe’, ni establecer comparaciones, pero se podría considerar como tal en el sentido de que estamos ante un movimiento que surgió de forma espontánea por parte de jóvenes independientes, no afiliados a partidos. Jóvenes frustrados», piensa el abogado iraquí Hayder Al Shakeri. El primer ministro Adel Abdel Mahdi se enfrenta a su primera gran crisis desde que llegara al poder y el jueves por la noche dirigió a la nación un mensaje televisado en el que aseguró que «las demandas de la calle son un prioridad para nosotros», pero fue sincero a la hora de admitir que «no podemos hacer milagros». Abdel Mahdi, un economista de 77 años que entre 2005 y 2011 fue vicepresidente del país, ha tenido un año para poner en marcha reformas que ayuden a combatir una corrupción endémica, pero no lo ha hecho y la insatisfacción le ha explotado en las manos. Tampoco ha sido capaz de generar un plan que abra una puerta a la esperanza a los jóvenes parados y la tasa de desempleo juvenil supera el 25 por ciento.

El ayatolá Sistani, máxima autoridad religiosa chií, se sumó el viernes a las críticas a un Gobierno que «debe mejorar los servicios públicos, suministrar empleos a los que no lo tienen, evitar el clientelismo en el sector público y terminar con la corrupción» y pidió un gobierno formado por independientes tecnócratas.

Leave a Reply

  • (not be published)