Cuando todo indicaba que la particular izquierda populista latinoamericana, bautizada de modo genérico como bolivariana, estaba en retroceso en la región nos encontramos no solo con que Nicolás Maduro parece estar haciendo pie de nuevo en Venezuela, sino también con la posibilidad de reelección de Evo Morales en Bolivia (a pesar de que la Constitución le prohíbe seguir en el poder), el pronosticado regreso de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y los planes de retorno de Rafael Correa en Ecuador. Incluso está habiendo un intento de recomponer Unasur, organización que ya se había dado por muerta.

Si la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada a finales de 2015 marcó el comienzo del descenso de la marea bolivariana, su derrota en las presidenciales del próximo 27 de octubre supondría el regreso de un kirchnerismo dispuesto a restituir el orden regional bolivariano. No pudiendo presentarse a la reelección, pues ya presidió Argentina durante dos mandatos seguidos (de 2007 a 2015), Cristina Fernández es ahora candidata a vicepresidenta, junto a un presidenciable, Alberto Fernández, al que en general se le atribuye un valor instrumental. La abrumadora victoria de esa candidatura en las primarias llevada a cabo en agosto deja a Macri solo confiando en un milagro electoral que las encuestas de momento no vislumbran.

Correa quiere seguir el ejemplo kirchnerista

Una vuelta de la viuda de Néstor Kirchner (a su vez presidente de 2003 y 2007) daría alas a los deseos de Rafael Correa de recuperar el poder en Ecuador, también usando la puerta de la vicepresidencia. En Argentina, la mala gestión económica de la anterior presidenta obligó a Macri a una dura disciplina financiera que al tardar en producir una recuperación no ha hecho sino complicar aún más la vida de los ciudadanos. Eso mismo es posiblemente lo que esperaba Correa al dejar la presidencia en 2017. Teniendo un enorme coste político forzar una nueva reelección, prefirió dejar en el sillón a Lenín Moreno para que él aplicara los recortes presupuestarios obligados por la deuda acumulada y así volver después como el mandatario de los buenos tiempos. Esa previsión económica se ha cumplido, pero Correa se encuentra con que Moreno no le está facilitando en absoluto el regreso.

El propio Correa ha comentado que estudia la fórmula de optar a la vicepresidencia, con algún presidenciable que genere cierto consenso (los ecuatorianos aprobaron en referéndum volver a restringir a dos los mandatos presidenciales). Y las encuestas no le van mal. En la primera mitad de este año la valoración positiva de Correa había subido al 47%, superando ampliamente el 37% de Moreno (que tiene una valoración negativa del 56%) y acercándose al 51% de Jaime Nebot, exalcalde de Guayaquil, de acuerdo con un sondeo realizado por Celag, un centro de estudios vinculado al bolivarianismo.

El problema de Correa es que está reclamado por la justicia, investigado por el caso de la detención de un opositor en 2012 que se giró en su contra cuando abandonó la presidencia. Residente en Bélgica, Correa no atendió los requerimientos de comparecencia del tribunal y debiera ser detenido a su regreso a Ecuador.

Intento de restituir Unasur

Si bien Macri y también Jair Bolsonaro han dado golpes de timón (en Brasil, Lula da Silva y Dilma Rousseff no fueron plenamente bolivarianos, pero sí actuaron de pilares para sustentar el armazón regional del Socialismo del Siglo XXI), el mayor símbolo del desmontaje del boliviarianismo ha sido Moreno, quien aun siendo del mismo partido que su predecesor ha ido deshaciendo muchas de sus decisiones. El presidente de Ecuador incluso ha cerrado el edificio que a las afueras de Quito fue sede de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas).

Precisamente la cuestión de Unasur puede servir de termómetro de la situación. La llegada a la presidencia de los mencionados líderes, junto con la elección de Iván Duque en Colombia y de Sebastián Piñera en Chile, llevó a la salida de sus respectivas naciones de una organización que había seguido en exceso la agenda bolivariana.

Cuando esos dirigentes lanzaron el pasado mes de marzo una organización sustitutiva, ProSur, inclinada ideológicamente hacia el otro lado, parecía que podían imponerse en el contexto regional. Pero hoy, el posible regreso del kirchnerismo y la ayuda de Andrés Manuel López Obrador desde México están procurando una suerte de resurrección de Unasur (bajo la iniciativa de Foro de Puebla), lo que pronostica unos años de profunda división continental.

20 de octubre: elecciones en Bolivia

Para esta vuelta del bolivarianismo es importante que, además de la resistencia de Maduro en Venezuela, se produzca el mantenimiento de Morales en Bolivia, donde hay elecciones presidenciales el 20 de octubre. A pesar de lo que dicta la Constitución y fue ratificado por un referéndum en 2016, el Tribunal Supremo acudió en ayuda de Morales asegurando que ser candidato es un derecho humano que nadie puede limitar, y eso que muchas legislaciones de países bien democráticos lo hacen.

Las encuestas no le están yendo mal al presidente, quien aunque ha sido criticado por los incendios de los últimos meses se ve beneficiado por la división de la oposición. No obstante, esta podría triunfar en el caso de que hubiera segunda vuelta, que entonces tendría lugar en diciembre.

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