Posted on September 09, 2019, 4:11 pm
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En lugar de perder fuelle por la retirada de la ley de extradición a China, anunciada el miércoles, la crisis de Hong Kong se agrava y amenaza con provocar un serio conflicto diplomático. Decenas de miles de personas, muchísimas más de lo esperado, han marchado este domingo hasta el consulado de Estados Unidos para entregar una carta pidiéndole al Congreso que apruebe lo antes posible el Acta por los Derechos Humanos y la Democracia en Hong Kong.

Si saliera adelante, dicha Acta obligaría a la Casa Blanca a comprobar cada año el nivel de autonomía política de la antigua colonia británica, garantizado en teoría por el modelo de «un país, dos sistemas» vigente desde su devolución al autoritario régimen de Pekín en 1997. Tal evaluación determinaría si Hong Kong merece o no el estatus comercial especial que Washington le otorgó en 1992, y que resulta vital para las numerosas inversiones que llegan a esta capital financiera de Asia, muchas de las cuales entran luego a China continental.

Con esta presión internacional sobre un importante asunto económico, los manifestantes elevan su órdago a Pekín y juegan la baza de la trascendencia que Hong Kong tiene en el mundo de los negocios. Ondeando banderas estadounidenses, la multitud gritaba «¡USA, USA!» bajo los rascacielos del distrito financiero y rodeados por un fuerte cordón policial, que se llevó todos los insultos de los enfadados manifestantes. Unas imágenes que, sin duda, van a sentar como un tiro al régimen chino, que acusa directamente a la Casa Blanca de ser la «mano negra» detrás de las protestas y, además, libra una virulenta «guerra comercial» con Trump por sus aranceles multimillonarios.

«El gobierno chino no quiere ceder»

«Lo que queremos es que el mundo sepa lo que está ocurriendo en Hong Kong, donde las autoridades no escuchan al pueblo; solo obedecen al Gobierno central chino», se quejaba Vincent, ingeniero tecnológico de 45 años que acudía con sus tres hijos pequeños a la marcha, autorizada por la Policía. En su opinión, «la retirada de la ley de extradición no es suficiente porque tenemos cinco demandas, entre ellas la creación de una comisión independiente para averiguar lo que ha pasado en Hong Kong estos tres meses». Aunque reconoció «no tener muchas esperanza porque el Gobierno chino no quiere ceder y seguirá controlándolo todo bajo el presidente (Xi Jinping)», abogó por «seguir luchando por la libertad para mostrarle al mundo cómo es la gente de Hong Kong».

Los jóvenes montan barricadas en el centro de Hong Kong para frenar el avance de la Policía
Los jóvenes montan barricadas en el centro de Hong Kong para frenar el avance de la Policía – P. M. D.

Aprovechando la manifestación, a la que acudieron por igual mayores y familias como las de Vincent y jóvenes enmascarados ataviados de negro, los radicales volvieron a causar destrozos y quemaron la entrada a la estación de metro de Central, donde tres personas habían sido detenidas un rato antes. Durante las últimas semanas, el suburbano se ha convertido en el objetivo de ataques vandálicos por cerrar sus paradas y cortar sus líneas durante las manifestaciones, así como por las cargas policiales dentro de sus vagones, que han indignado a buena parte de la sociedad hongkonesa.

Un gobierno sin credibilidad

La rabia es tal que se ha extendido el rumor de que la Policía mató a tres personas en la estación de Prince Edward el 31 de agosto. El Gobierno lo ha negado tajantemente, no hay ninguna prueba de dichas muertes en los hospitales y tampoco denuncias de desapariciones, pero muchos se lo creen hasta tal punto que han llenado la entrada a dicha estación de flores e incienso para rezar por las supuestas víctimas. «No sé si es verdad o no. Ya nadie se cree al Gobierno, que puede haber ocultado esas muertes», se encogía de hombros Tony, un profesor jubilado.

Tras la marcha al Consulado estadounidense, completada con un acto religioso en los Jardines de Chater, miles de jóvenes volvieron a tomar las calles levantando barricadas y desfilaron hacia el distrito comercial de Causeway Bay rompiendo semáforos y mobiliario urbano, pero no propiedades privadas. «Recurrimos a la violencia porque el Gobierno no nos escucha si solo usamos métodos pacíficos, como las manifestaciones con millones de personas que ha habido en los últimos meses», justificaba Jackie, un estudiante de Medicina de 20 años. Aunque no descartaba que «si seguimos haciendo esto, puede que China envíe al Ejército», aseguraba que «no tenemos miedo porque, si lo hace, el mundo entero se dará cuenta de que lo que hace es un error, ya que nosotros solo luchamos por la libertad».

Perseguidos a cierta distancia por la Policía, frenada por las barricadas montadas con mobiliario urbano y los adoquines desperdigados en la calzada, los jóvenes consiguieron dispersarse entre la multitud. Ayudados por algunas iglesias, que les dejaron pasar para que se cambiaran sus camisetas negras por prendas distintas y salieran por otra puerta, la mayoría logró huir. Pero la Policía montó una operación de búsqueda y detuvo a entre 20 y 30 personas atrapadas en un paso elevado, entre los que también parecía haber viandantes que simplemente pasaban por allí. Una noche más, la actuación policial volvió a enfurecer a los vecinos y visitantes que habían acudido de compras a Causeway Bay, que increparon a los agentes bajo los neones de sus galerías comerciales. Aunque ya no quedaban jóvenes de negro, o al menos los que había llevaban otra ropa, los antidisturbios volvieron a disparar gases lacrimógenos para dispersar a la multitud una noche más. Tres meses después del estallido, la agitación social no baja en Hong Kong.

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