Posted on August 23, 2019, 3:27 pm
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Su nombre oficial es Académico Lomonósov. Greenpeace lo llama el “Chernóbil flotante”. Es la primera central nuclear flotante de Rusia, que tiene previsto zarpar este viernes del puerto de Múrmansk, en el noroeste del país, hacia la península de Chukotka, donde comenzará a operar en diciembre. Un viaje de 5.000 kilómetros hasta la punta oriental de la costa ártica rusa que ha disparado las alarmas de los ecologistas, que ven un riesgo innecesario de catástrofe nuclear.

El diseño y construcción del Académico Lomonósov ha durado una década y su periplo comenzó en abril de 2018, cuando salió a remolque de San Petersburgo rumbo a Múrmansk. La localidad está cerca de la remota base militar en la que murieron cinco personas por un accidente durante el ensayo de un misil nuclear, cuyos detalles son secreto de Estado, y que elevó los índices de radiación en una localidad cercana. Una coincidencia que ha alimentado el debate en torno al eventual impacto ambiental de un fallo de esta central flotante. Rosatom, la agencia atómica rusa, insiste en que el Académico Lomonósov no puede hundirse en ninguna circunstancia —ni siquiera en caso de desastre natural— y que incorpora enseñanzas del desastre de 2011 en Fukushima (Japón).

Las autoridades rechazan cualquier comparación con el caso de Chernóbil, la central soviética que sufrió en 1986 el peor accidente nuclear de la historia, y esgrimen la diferente potencia de los reactores nucleares: dos, de 35 MW cada uno, capaces de suministrar energía a una ciudad de unos 100.000 habitantes.

Greenpeace y otros grupos ambientalistas insisten, en cambio, en la amenaza que supone la instalación, que precisa ser remolcada, lo que hace más fácil que sea objetivo de un atentado terrorista. También cuestionan la necesidad de enviar estaciones nucleares flotantes para generar electricidad en regiones remotas. El Académico Lomonósov necesitará dentro de siete años un recambio del combustible nuclear, para lo que deberá ser remolcado nuevamente a Múrmansk, con el consiguiente gasto y amenaza de contaminación.

Alternativa al carbón

El navío tiene 140 metros de largo y 30 de alto y permite albergar a 342 personas, 80 de forma permanente y el resto en turnos rotatorios de mes y medio. Cuenta también con un gimnasio, una piscina y un bar, en el que no se sirve alcohol.

Este tipo de ingenios nunca se ha producido masivamente. Será, de hecho, la primera planta nuclear flotante desde el MH-1A Sturgis, el reactor militar estadounidense que proveyó de electricidad al canal de Panamá entre 1968 y 1975, cuando se consideró que su mantenimiento era excesivamente caro. El proyecto para construir una planta nuclear flotante de la Westinghouse Electric en aguas costeras del Estado de Nueva Jersey en los años setenta fue abandonado por las protestas de la gente y la falta de consumidores.

Uno de los elementos de fondo del proyecto es el energético. Pevek, la ciudad portuaria en la península de Chukotka donde atracará el ingenio, recurre al carbón (traído desde las minas del distrito Zyrianka, en Yakutia) y a la antigua planta nuclear de Bilíbino para producir electricidad. El Académico Lomonósov, argumentan las autoridades, contribuirá precisamente a reducir las emisiones contaminantes —al frenar la quema de carbón— y a cerrar la obsoleta planta nuclear. Pevek tiene menos de 6.000 habitantes, pero necesita la energía para la industria minera de la zona, especialmente los yacimientos de oro.

UN OJO EN LA ENERGÍA Y OTRO EN EL MERCADO

Otro elemento clave de este reactor nuclear flotante es el comercial. Rosatom no ha desvelado el coste del proyecto, por el que se han interesado una decena de países de América Latina, África y Asia. El precio lo marcará, en cierto modo, la prueba de fuego de su funcionamiento.

La agencia estatal rusa asegura que ha firmado un memorándum de entendimiento para examinar la posibilidad de construir una planta nuclear flotante en Sudán. Son estos planes los que más preocupan a la Fundación Bellona, que sigue asuntos ambientales en el Ártico y duda de que Sudán pueda explotar una central así con garantías para el entorno.

China piensa construir una veintena de centrales atómicas flotantes en la próxima década (la primera debe estar terminada en 2021) y, según Bloomberg, algunos inversores estadounidenses desean producir en Corea del Sur reactores atómicos marítimos a un coste relativamente bajo.

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