“Soy el diablo y vengo a hacer el negocio del diablo”, fue lo que escuchó Sharon Tate, actriz y esposa del director Roman Polanski, antes de ser apuñalada 16 veces. Tate, de 26 años, estaba embarazada de ocho meses y medio cuando fue asesinada en su domicilio en Los Ángeles (California) el 8 de agosto de 1969. La actriz no murió sola: el estilista Jay Sebring, el guionista Wojciech Frykowski, la millonaria Abigail Folger y el vigilante de la casa Steven Parent también perdieron la vida aquella noche golpeados, apuñalados y con heridas de bala. Ninguno vio el rostro de la mente criminal que ordenó su muerte, porque aquella noche él no estaba ahí. Las víctimas eran masacradas por cuatro personas a las órdenes del líder de un culto, Charles Manson. En el 10050 de Cielo Drive aquel caluroso fin de semana moría a puñaladas el verano del amor.

Después de 50 años de aquellos sucesos, la figura de Manson sigue despertando fascinación y repulsión a partes iguales. Y Netflix no lo ha dejado pasar. La serie Mindhunter estrenará el próximo 16 de agosto una segunda temporada centrada en este asesino en serie. Con esto, se suma a otras producciones que han aprovechado el tirón del carisma que causa, como es el caso de Aquarius, de la cadena NBC y disponible también en la plataforma digital. Además de la novena película de Quentin Tarantino, Érase una vez en… Hollywood, que se estrenará en España el próximo día 15

Tex Watson, Susan Atkins, Linda Kasabian y Patricia Krenwinkel fueron quienes perpetraron las macabras órdenes de Manson. Cuatro jóvenes convencidos de que el hombre de entonces 35 años era la reencarnación de Jesucristo. En las paredes de Cielo Drive el cuarteto escribió con sangre de las víctimas las palabras “Pig” (cerdo, en inglés, un apodo usado para la policía por los negros) y “Helter Skelter” (que podría traducirse como caótico), una frase que posteriormente delataría a Manson como la mente criminal.

La actriz Sharon Tate, en Nueva York, en agosto de 1967.
La actriz Sharon Tate, en Nueva York, en agosto de 1967. GETTY

Pero su sangrienta cruzada no terminó en el domicilio de Tate y Polanski; al día siguiente, se sumó a la masacre de Leno y Rosemary LaBianca. Ambos recibieron 41 puñaladas. En ese episodio, Manson sí que maniató a la pareja, pero dejó que sus seguidores hicieran el trabajo sucio. El criminal mató a siete personas sin disparar o blandir una sola cuchillada. El modus operandi era similar a lo acontecido la noche anterior. Manson pretendía desatar lo que él llamaba Helter Skelter: hacer creer a las autoridades que los asesinatos habían sido cometidos por miembros de la comunidad afroamericana e incitar una guerra racial entre negros y blancos. El enfrentamiento era una supuesta profecía contenida en la canción del mismo nombre del grupo The Beatles.

Manson, quien había descifrado las claves de la letra a su propia conveniencia, convenció a sus seguidores de que él les ayudaría a sobrevivir a la coalición entre razas. Los cuatro miembros de su familia habían masacrado a inocentes convencidos del poder profético de Manson y fascinados con la idea de ser los elegidos por el mesías. El grupo era una pequeña parte de un culto que llegó a tener hasta 100 adeptos viviendo en un rancho a las afueras de Los Ángeles. El lugar había sido un set de películas del lejano oeste en los años cincuenta cuyo dueño era un hombre ciego llamado George Spahn. A sus 80 años, Spahn permitía que la comuna de hippies residiera en su propiedad a cambio de recibir los cuidados de las chicas que integraban el culto. La secta consumía drogas como LSD de forma regular y organizaba orgías en las que llegó a participar Dennis Wilson, baterista de los Beach Boys.

Antes de ser juzgado, Manson concedió una sola entrevista a la edición estadounidense de la revista Rolling Stone. “Solo hay uno. Soy el único. No me importa lo que otras personas piensen, solo hago lo que mi alma me dice”, respondió cuando le preguntaron si se consideraba un líder. Y cuando los periodistas le preguntaron lo que significaba para él la sumisión no dudó: “Puedo llevarme bien con las chicas, se rinden más fácilmente. Puedo hacerles el amor. El hombre tiene esa cosa del ego aferrándose a su polla. No puedo hacer el amor con eso. Las chicas se rompen más fácilmente. Sus defensas se vienen abajo de forma más fácil. Cuando superas la cuestión del ego, todo lo que te queda eres tú; haces el amor contigo mismo”.

Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten, seguidoras de Charles Manson e involucradas en los asesinatos, en 1969.
Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten, seguidoras de Charles Manson e involucradas en los asesinatos, en 1969. GETTY

El fiscal a cargo de inculpar a Manson, Vincent Bugliosi, publicó después del juicio un libro —llamado, precisamente, Helter Skelter— donde expuso todos los detalles de los asesinatos, la ideología y lo ocurrido tras las bambalinas de uno de los juicios más mediáticos de Estados Unidos. Bugliosi logró que por primera vez un jurado sentenciara a un homicida que físicamente no mató a nadie y cuyo motivo no estaba del todo claro.

Una de las hipótesis de Bugliosi sobre los verdaderos motivos de los asesinatos era que Manson, un músico frustrado, ordenó a Watson matar a todos en el 10050 de Cielo Drive porque ese era el antiguo domicilio del productor musical Terry Melcher, hijo de la actriz Doris Day. El ejecutivo ya no vivía ahí, pero unos años antes había jugueteado con la idea de grabar y lanzar la música de Manson. Los asesinatos del matrimonio LaBianca eran, argumentó, simplemente una puesta en escena para subrayar sus supuestos motivos frente a sus fieles seguidores.

Charles Manson y los cuatro asesinos recibieron la condena a pena de muerte, que posteriormente fue reducida a pasar la vida en prisión cuando se anuló la ejecución de criminales en el estado de California. El 19 de noviembre de 2017 Charles Manson murió en el hospital Mercy de Bakersfield (California) por causas naturales. Tenía 83 años y llevaba casi medio siglo en prisión.

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