Incluso para un presidente que ha hecho de la provocación una forma de gobernar, Donald Trump fue mucho más lejos de lo habitual el fin de semana al pedirle a un grupo de diputadas latinas, negras y árabes que «regresen a sus países». Los demócratas al unísono criticaron ayer al presidente por «intolerante», «racista» y «supremacista». Algunos republicanos le pidieron, tímidamente, que se centre en política y no en la raza o los ancestros de aquellos a quien critica. Y la presidenta de la Cámara de Representante y líder de la oposición, Nancy Pelosi, inició los trámites para que el Capitolio vote una resolución en la que llanamente se reprobará al presidente por conducta xenófoba.

Poco dado a recular, ayer Trump defendió las críticas vertidas el domingo por la mañana en la red social Twitter. Preguntado durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el presidente dijo: «No estoy para nada preocupado porque sé que mucha gente está de acuerdo conmigo. Todo lo que puedo decir es que si se quieren ir, que se vayan. No les estoy diciendo que se vayan para siempre, sólo que si quieren irse, pueden irse». El acto en el que participó Trump debía haberse centrado en el sector manufacturero de Estados Unidos, pero las incendiarias palabras de Trump se convirtieron ayer en el único punto del orden del día no sólo en la Casa Blanca sino en todo Washington.

Pelosi, que desde enero preside la cámara baja del Capitolio, emitió ayer la crítica más dura que ha dirigido a Trump hasta la fecha, calificándole de «xenófobo». «La Cámara no puede permitir que quede impune la crítica del presidente a los inmigrantes que forman parte de nuestro país. Nuestros compañeros republicanos deben unirse a nosotros en la condena de esos mensajes xenófobos en Twitter», dijo la veterana política demócrata en un comunicado enviado por correo electrónico a su grupo parlamentario. La Cámara votará esta semana una resolución de condena verbal al presidente, obligando así a los diputados republicanos a que tomen partido en una crisis en la que la mayoría ha mantenido un sepulcral silencio.

El domingo Trump sorprendió a propios y extraños con tres mensajes publicados en Twitter mientras se dirigía a jugar al golf en un campo de su propiedad a 45 kilómetros de la capital. En ellos dijo: «Me resulta interesante ver a congresistas demócratas supuestamente progresistas, que provienen de países cuyos gobiernos son una catástrofe completa y total, lo peor, lo más corrupto e inepto de cualquier parte del mundo (si es que tienen un gobierno que funcione), decirle ahora a la gente de EE.UU., la nación más grande y poderosa del mundo, cómo esta debe gobernarse. ¿Por qué no vuelven y arreglan los lugares totalmente rotos y tomados por el crimen de los que vinieron? Luego que regresen y nos expliquen cómo se hace», añadió.

El primer golpe

El presidente se refería a un grupo de cuatro diputadas demócratas que han defendido su recusación a través del proceso de «impeachment». De las cuatro, tres han nacido en EE.UU. y la cuarta tiene la ciudadanía desde 2000. Se trata de Rashida Tlaib, nacida en Detroit de padres palestinos; Alexandria Ocasio-Cortez, natural de Nueva York e hija de madre portorriqueña; Ayanna Pressley, de Cincinati y de raza negra, e Ilhan Omar, que nació en Somalia y logró la ciudadanía norteamericana tras entrar en el país como refugiada. Las cuatro ganaron las elecciones por primera vez en noviembre y han sido críticas no sólo con Trump, sino también con Pelosi, la presidenta de la Cámara y líder de su grupo parlamentario, por considerarla demasiado centrista.

Es cierto, como ha dicho el presidente, que las mujeres a las que tan duramente ha criticado le asestaron el primer golpe. Horas después de ocupar sus escaños en enero, las cuatro promovieron el «impeachment» y una de ellas, Tlaib, invitada a un evento organizado por la agrupación de izquierda MoveOn, gritó a los reunidos, entre los que había periodistas: «¡Vamos a recusar a ese hijo de perra!». La polémica ha envuelto a las recién llegadas desde el momento de su estreno, incluida una serie de afirmaciones sobre Israel y los judíos por las que Omar, que es musulmana, tuvo que pedir perdón tras ser acusada de antisemita.

«Esta gente odia a nuestro país», dijo ayer el presidente en la Casa Blanca. «Si quieren comprobarlo sólo tienen que consultar una lista de las declaraciones que han hecho recientemente».

 

Muy pocos republicanos se atrevieron ayer a criticar a Trump. El silencio fue la reacción más habitual de sus compañeros de partido. Uno de ellos, el texano Will Hurd, el único de raza negra en su bancada , llamó al presidente «racista y xenófobo». «Este tipo de conducta no es digna de quien se supone que es líder del mundo libre», dijo en un comunicado. Otro diputado, Chip Roy, de Texas, admitió que cree que el presidente «se equivoca» con sus críticas, aunque añadió que cree que «aquellos inmigrantes que rompen la ley deben ser deportados inmediatamente». El senador Lindsey Graham, un firme aliado de Trump en el Capitolio, le aconsejó a este que «eleve el tono». «Son ciudadanas americanas, han ganado las elecciones. El presidente debe criticarlas por sus políticas», dijo el domingo en una entrevista en el canal Fox News.

Con estas críticas el presidente regresa a un terreno familiar para él. Antes incluso de lanzar su campaña electoral, Trump obligó al expresidente Barack Obama a hacer público su certificado de nacimiento porque ponía en duda que fuera estadounidense o hubiera nacido en este país. Obama nació en Hawái, de padre keniano y madre norteamericana. En su autobiografía, Michelle Obama dijo que aquellas críticas de Trump supusieron un duro golpe para su familia, que tuvo que reforzar su seguridad por las amenazas de quienes estaban convencidos de que el presidente no era realmente ciudadano estadounidense.

Contraataque

Las mujeres criticadas por Trump también le respondieron el fin de semana. Ocasio-Cortez dijo en Twitter que Trump emplea el léxico de «los supremacistas». Omar le respondió a Trump empleando sus propios adjetivos, calificándolo de «lo peor, el más corrupto e inepto» de cuántos presidentes han ocupado la Casa Blanca. Pressley añadió que el presidente actúa «como un racista». «Siga hablando, siga, que pronto verá cómo lo sacamos de la Casa Blanca», dijo, por último, Tlaib.

Preguntado por la reacción de Pelosi y el resto de demócratas, Trump, versado en darle la vuelta a los ataques, les acusó a ellos de racistas. «Lo que han dicho de mí es muy racista. La señora Pelosi me dice que quiero hacer que este país sea completamente blanco de nuevo. Eso es un ataque racista, y de verdad me sorprende que se haya atrevido a decir algo semejante», dijo el presidente a los medios.

 

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