La campaña presidencial argentina se disputa también en los tribunales. Alberto Fernández, el candidato del kirchnerismo, ha tenido que aclarar ante un juez por qué hace cuatro años acusó a Cristina Fernández de Kirchnerde encubrimiento en el atentado que en 1995 destruyó la mutual judía AMIA en Buenos Aires. Fernández no tiene cargo alguno en la investigación contra su candidata a vicepresidente, pero quedó preso de aquellas palabras, difundidas cuando aún era un feroz crítico del Gobierno que había integrado como jefe de ministros. En febrero de 2015, durante una entrevista a un canal de noticias, Fernández dijo que el memorando que su exjefa política había firmado dos años antes con Teherán sólo buscó la impunidad de los iraníes acusados del ataque. Este miércoles dijo que sus opiniones no fueron jurídicas, “sino políticas”.

La investigación por el presunto encubrimiento del atentado a la AMIA ya fue elevada a juicio oral. El primer redactor del expediente fue el fiscal Alberto Nisman. Tras años de investigaciones, Nisman concluyó que el gobierno de Cristina Fernández presuntamente montó “un plan criminal” que, tras el velo de un acuerdo entre Estados, buscó anular las alertas rojas de Interpol que pesaban sobre los altos funcionarios iraníes sospechados de la voladura a la AMIA. El memorando incluía la conformación de una comisión de la verdad y el derecho de los sospechados de declarar en su país. El kirchnerismo presentó el pacto como la única opción para avanzar en una investigación que estaba paralizada por la negativa de Irán a entregar a sus ciudadanos a la justicia argentina. El memorando fue aprobado por el Congreso argentino, pero fue rechazado por el parlamento iraní. Interpol nunca anuló las alertas rojas y el pacto quedó en nada.

Nisman apareció muerto de un disparo en la sien el 18 de enero de 2015, días antes de presentar sus conclusiones ante el Congreso. Aquella muerte enfrentó a Cristina Kirchner ante una de las peores crisis de su gobierno y las críticas más duras, entre ellas las de su exjefe de ministros devenido opositor, Alberto Fernández. Durante una entrevista, Fernández dijo que el acuerdo con Irán consumó el encubrimiento y que si no pudo aplicarse fue por circunstancias ajenas a la expresidenta. Una semana antes, en una columna que firmó para el diario La Nación, había sido aún más duro: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar”. El juez quiso saber cuatro años y medio después si aquellas palabras se basaron en pruebas concretas.

Fernández cumplió con la citación para decirle al juez que sus críticas fueron sólo una opinión personal. Y vinculó la citación a la campaña electoral. “Saben todos que he sido crítico” [con Cristina Kirchner], dijo el exministro a los periodistas que lo esperaban en la puerta de los tribunales federales. “Saben todos que no estuve de acuerdo con aquella medida y también he dicho una y mil veces que es una cuestión política no judicial”, agregó. El Fernández de ahora no es el mismo de aquel de 2015. El tiempo limó las asperezas con la expresidenta, al punto que fue ungido como candidato a presidente por el kirchnerismo. Pero en el fragor de la campaña ha debido aclarar cada una de sus ofensas pasadas.

La causa de encubrimiento contra Cristina Fernández ya está lista para el juicio oral, aunque sin fecha de inicio. La expresidenta deberá declarar el miércoles ante Bonadio apenas aterrice desde La Habana, Cuba, adonde viajó para visitar a su hija, ingresada desde enero en la isla con un cuadro de depresión. El ir y venir entre los tribunales y los mítines políticos será una constante de la campaña electoral del kirchnerismo. Cristina Fernández enfrenta 13 procesamientos por presunta corrupción y siete pedidos de prisión preventiva que ha evitado gracias a sus fueros como senadora. Ahora ha sido el tuno de su candidato a presidente, aunque más no sea como testigo.

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