El plan de Washington consiste en aportar embarcaciones y activos de vigilancia a la coalición, pero que sean los demás países los que patrullen las aguas y escolten a los barcos comerciales, con el fin de garantizar “la libertad de navegación en los estrechos de Ormuz y Bab al Mandeb”, dijo Dunford este martes.

La presión ha crecido en los últimos meses sobre un enclave tan crítico como el estrecho de Ormuz, por el que pasa una quinta parte del comercio global de petróleo y que Irán ha amenazado con cerrar varias veces, como respuesta al veto a sus propias exportaciones de crudo por parte de Estados Unidos. Además, la Administración de Trump acusa al régimen iraní de dos recientes series de explosiones sobre buques petroleros en esa localización, aunque Teherán lo niega. No se conocen aún los futuros integrantes de la coalición que gesta Washington, si bien el secretario de Estado, Mike Pompeo, ya viajó el pasado junio a Arabia Saudí y a Emiratos Árabes para discutir la formación de esa alianza.

“Probablemente identificaremos también durante las próximas dos semanas a las naciones que tienen la voluntad política de apoyar la iniciativa y después trabajaremos directamente con sus Ejércitos para identificar las capacidades específicas que la apoyarán”, afirmó el jefe del Estado Mayor estadounidense, según las declaraciones recogidas por Reuters. “Lo que esperamos es que la verdadera labor de patrulla y escolta la hagan otros”, insistió Dunford, añadiendo que la coalición empezará con pocos socios e irá creciendo. La noticia, no obstante, trasciende en el momento en que Emiratos Árabes ha comenzado a reducir tropas en Yemen, país sumido en una guerra civil desde marzo de 2015.

El repliegue coincide, a su vez, con el aumento de la tensión entre EE UU e Irán. Las turbulencias comenzaron hace poco más de un año, cuando la Administración de Donald Trump rompió el acuerdo nuclear con Teherán impulsado en la era de Barack Obama junto a otras seis potencias (Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China). En líneas generales, el pacto de 2015 congelaba las sanciones económicas al régimen a cambio de limitar su programa atómico. El republicano siempre lo consideró una forma de dar oxígeno a Irán mientras el régimen proseguía con sus ambiciones armamentísticas. En 2018 finalmente se desligó del oficialmente conocido como Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC) y reestableció las penas.

Teherán ha reaccionado advirtiendo de que se desvinculará progresivamente de ese pacto, aunque el resto de potencias permanezcan en él, mientras sufre los perjuicios económicos del veto a la exportación de su petróleo. El lunes anunció ya que ha empezado a enriquecer uranio por encima del 3,67% de pureza fijado en aquel acuerdo, sin descartar llegar al 20%, mucho más de lo necesario para generar electricidad, el nivel por el que en 2012 la comunidad decidió imponerle sanciones. Aunque esa tasa de pureza queda lejos del 90% requerido para el desarrollo de armamento nuclear, los expertos admiten que una vez alcanzado el 20% el desarrollo de los siguientes grados de pureza se acelera.

Trump replicó este miércoles que incrementaría las sanciones contra el régimen “sustancialmente”. “Irán ha estado ‘enriqueciendo’ en secreto [uranio] durante mucho tiempo, un incumplimiento total del terrible acuerdo de 150.000 millones de dólares alcanzado por John Kerry [secretario de Estado demócrata] y la Administración de Obama”, escribió en su cuenta de Twitter, lo cual constituye una falsedad porque el pacto no prohíbe esa actividad, sino que la limita.

Para carecer de lazos diplomáticos desde hace cuatro décadas, la relación de Irán y Estados Unidos es cada vez más intensa, aunque se asemeje a la de dos amantes despechados. No pasa un día sin que sus dirigentes intercambien algún exabrupto. El presidente iraní, Hasan Rohani, ha tachado este miércoles de “ridícula” la convocatoria urgente de la junta de gobernadores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para evaluar el programa nuclear iraní.

A la vez que se reunían los 35 gobernadores de otros tantos países que constituyen la junta, la delegación de Estados Unidos acusaba a Irán de “intentar extorsionar a la comunidad internacional” con la expansión de sus actividades atómicas para las que, afirma, no hay ninguna justificación. No obstante, el texto insistía en que Washington “está dispuesto a negociar sin condiciones”.

Esa mano tendida ha quedado en duda con el citado mensaje de Trump en Twitter anunciando nuevas penalizaciones. Rohani había dejado claro de antemano que las negociaciones solo serán posibles si se levantan las sanciones, lo que convierte las declaraciones de uno y otro en un verdadero diálogo de sordos que hace cada vez más difícil la salida diplomática.

Las discrepancias con la estrategia de Trump hacia Irán se hicieron evidentes desde la víspera, cuando los ministros de Exteriores del Reino Unido, Francia y Alemania (los tres firmantes europeos del PIAC) más la Alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini, emitieron un comunicado que defiende que las eventuales violaciones al acuerdo nuclear deben debatirse en la Comisión Conjunta que establece el propio pacto.

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