Rafael Nadal saltó, gritó, llevó su puño al cielo y atrapó unas semifinales de Wimbledon para continuar con su tradición. Son 32 rondas de este tipo en Grand Slams y la segunda consecutiva después de la que perdió el año pasado contra Novak Djokovic. Pero este Nadal es distinto y tiene la convicción en la mirada. Con ella apagó la pólvora del cañonero Sam Querrey para dejarlo a la mínima expresión. El español tardó apenas dos horas en anular al rival, que solo plantó cara y saque en un primer set divertido y lleno de fuerza.

Aunque en Wimbledon no todo es potencia. Nadal la tiene, pero también sacó esos otros recursos de revés cortado, volea y cambios de ritmo que decidieron el encuentro una vez que Querrey perdió la velocidad de los brazos (7-5, 6-2 y 6-2).

El último sacador de Wimbledon 2019 resultó que también tenía mano para dejar ciertas perlas. Aunque le costó sacarlas porque ni él quería dejar de llevar la iniciativa con su su servicio ni le dejó Nadal, quien, a la postre, resultó tanto o más sacador que él. Quizá no sumó tantos aces como el estadounidense, pero sí se ganó muchos puntos casi gratis porque los que no iban lo suficientemente fuerte, iban con intención. Al final, fue un duelo de cañoneros, por mucho que Nadal no tenga ese perfil y Querrey tenga además otro.

Salió Nadal con una revolución de más: saltos a la red, energía a raudales, rapidísimo para ir a su pista. Tenía prisa por empezar y tenía prisa por desprenderse de otro de esos rivales incómodos que le han tocado en suerte en esta edición que ya llega casi a su fin. Y está él, en su semifinal número 32 de Grand Slam, solo por detrás de Roger Federer y Novak Djokovic, y con la mirada puesta en el tercer título. Le quedan dos pasos, y contra Querrey volvió a demostrar que está más que listo para atraparlo.

A Querrey, líder por número de saques directos hasta el encuentro ante Nadal con cien -y que terminó con 122-, le tembló la mano ante la propuesta del español: a saque fuerte, otro más fuerte; a resto peliagudo, respuesta más afinada. Y si solo le habían roto el servicio en una ocasión hasta esta ronda de cuartos, el número 2 del mundo se lo birló en dos ocasiones en el primer set; dos, en el segundo y otras dos en el tercero. Este Nadal pudo con sus 198 centímetros, sus saques a más de 220 kilómetros por hora y esa mano que de vez en cuando regalaba alguna dejada de las buenas. Querrey tendrá que esperar otra oportunidad en Wimbledon porque en esta es Nadal el que la busca con más ahínco, más tenis, más nivel, más recursos y, sobre todo, más velocidad.

El juez de silla, Mohamed Lahyani, sancionó al español con un aviso por alargar el tiempo en el saque. Era para afrontar una bola de break en contra. Las tuvo, pues el estadounidense peleó con uñas y dientes (y aces y derechas muy duras) para recuperar ese break de desventaja en el primer set. Lo logró merced a buena planta dentro de la pista, fugaces subidas a la red y ese desequilibrio al saque, y con warning, que tuvo Nadal. Pero todo lo que le costaba al 65 del mundo doblegar a un más que firme Nadal, lo perdía en detalles tontos. Igualado el partido, y con tres bolas de break a favor, no supo redondear la primera manga. A la primera que tuvo Nadal mandó el puño al cielo y de un salto se fue al banco con rabia, determinación, ceño fruncido, concentración y el primer set.

Y de corrido casi llegó el segundo porque no pudo Querrey aguantar su servicio, ese que lo ha hecho famoso, en su segundo turno de saque. Camino plácido para el balear, que solo tuvo que aguantar los suyos para sumar otro set, y un ratito menos en pista porque todavía queda lo mejor del torneo.

Lo mismo ocurrió con un tercer set venido a menos. Querrey dejó de medir 198 centímetros porque se vio anulado por los 186 del español. Por esa izquierda mágica que deja sin fuerza cualquier saque gracias a esa destreza de saber dónde golpeará, dónde impactará y por dónde saldrá despedida la pelota. Para estar ahí, a punto para devolverlo todo: de revés de cortado, de derecha, con la caña. Todo vale para la victoria. Para llegar a semifinales. Para citarse con Roger Federer.

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