Woody Allen llegó a San Sebastián empapado después del chaparrón de «Un día de lluvia en Nueva York», la última película que rodó y que Amazon tiene retenida desde 2018. El presunto abuso sexual sobre su hija, del que salió exonerado hace ya 26 años, volvió a la actualidad y la productora no quiso arriesgarse al qué dirán después del boicot de varios de sus protagonistas. Pero hoy, en la ciudad vasca, lejos de los ecos de Hollywood, y pese a que también llovía, el cineasta neoyorquino apenas se mojó: mañana comenzará el rodaje de su filme número 51 en la playa de La Concha, donde lucirá un sol que espera termine por eliminar cualquier sombra sobre su carrera.

Poco se sabe de un filme que apenas si tiene título provisional, «Rifker festival» (antes era WASP19, acrónimo de «Blanco, anglosajón y protestante»), y cuyo rodaje mantendrá en vilo la ciudad vasca hasta el próximo 23 de agosto. Hasta ese día, San Sebastián ofrece fidelidad y entrega absoluta a un director que a cambio promete filmar «este paraíso». «Quiero presentarle al mundo mi visión de San Sebastián como hice en Nueva York».

Pero antes de gritar su primer «acción», Woody Allen se presentó en la sala donde se celebró la rueda de prensa –frente a un ventanal que caía sobre el mar– ataviado con un gorro pesquero de color verde y rodeado de su séquito. Se quitó el sonotone para escuchar la traducción de las preguntas que, cuando quería, hacía como que no entendía para acabar respondiendo lo que le interesaba sobre el polémico asunto que ha manchado su nombre estos últimos años: «Mi filosofía siempre ha sido que no importa lo que ocurra, siempre me he centrado en mi trabajo desde que empecé en el show businessNo importa lo que ha ocurrido en mi vida con mi mujer, con mis hijos, con los acontecimientos actuales… Siempre me centro en mi trabajo, eso absorbe mi tiempo y mi esfuerzo», dijo, para terminar presumiendo de que jamás ha pensado en jubilarse: «Moriré en el plató o rodando alguna toma».

Cuando le requirieron por lo que piensa sobre el #MeToo tampoco cambió el rictus: «No pienso en movimientos políticos ni sociales, no estoy equipado para tener una visión profunda de esos conceptos. Me centro en las relaciones humanas, en la comedia», sentenció.

Escoltado por Elena Anaya, Gina Gershon, Sergi López y Wally Shawn, que formarán parte del reparto, Woody Allen quiso regalar los oídos a los anfitriones: «No me gusta salir de Nueva York durante un periodo largo, y pensé en un lugar donde pudiera estar cómodo todo el verano. Había estado aquí tres veces por el Festival, y recuerdo la hermosa ciudad y su encanto. Era un lugar que podría disfrutar mi familia durante el rodaje. Solo recordamos buenos momentos en aquí», contó, encantado de descubrir en Europa el acomodo que su país natal hoy le niega. «He tenido mucha suerte de que los públicos de Europa han disfrutado mis películas. Soy opimista en cuanto a que mi relación en continuará y el público disfrutará».

Lejos de su casa, Woody Allen ha encontrado el apoyo de la industria y de los actores que no se han sumado a la masa enfurecida que amenazó con sentenciar al ostracismo al creador de «Misterioso asesinato en Manhattan» o «Poderosa afrodita». Entre ellos, Elena Anaya: «Creo en la vida, en la Justicia. Como actriz soy responsable de los trabajos que elijo. Lo he hecho por quién lo dirige, por los compañeros y el guion. Es una suerte de la vida que hoy me siente a su lado», presumió. Unas palabras muy similares a las de Gina Gershon: «Uno tiene que anlizar cada una de las situaciones. Pensar y decidir cómo te sientes. Yo soy muy consciente del tema de la mujer y soy muy feliz de estar aquí. Hay cosas buenas de estos movimientos pero también la gente debe discernir y analizar cada situación y tomar decisiones propias», sentenció.

Leave a Reply

  • (not be published)