Odebrecht aún no ha contado todo sobre el esquema de sobornos que montó. Antes de que sus exejecutivos empezaran a cooperar con la justicia, se borraron cientos de correos electrónicos del sistema encriptado Drousys que la compañía diseñó para registrar los pagos ilícitos por fuera de su contabilidad oficial.

La eliminación de comunicaciones se llevó a cabo en diciembre de 2014, cuando el caso Lava Jato ya había salido a la luz. Seis meses después, Marcelo Odebrecht fue detenido.

Tras la eliminación, solo quedaron registrados los remitentes y los asuntos de los correos. Esa información coincide con otros documentos que no fueron borrados y evidencia cómo Odebrecht usó subcontratos para desviar fondos de obras y financiar sus sobornos.

Entre los correos borrados están unos relacionados con la Ruta Viva y el Metro de Quito. Según esos documentos, Odebrecht desvió al menos $ 7 millones de esas obras para alimentar las cuentas bancarias desde donde pagaba coimas.

Estas son parte de las revelaciones de un proyecto periodístico coordinado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Se analizaron más de 13.000 documentos filtrados de Odebrecht, obtenidos por el portal La Posta. Los archivos corresponden al Departamento de Operaciones Estructuradas, que administraba los pagos ilícitos.

Hasta ahora, Odebrecht ha asegurado que no pagó sobornos por las obras del Municipio de Quito, aunque los archivos dan pistas de lo contrario.

De acuerdo con los documentos filtrados, Odebrecht subcontrató a varias empresas para las dos fases de la Ruta Viva, que une Quito con Puembo, en la vía hacia el aeropuerto de Tababela. A través de esos subcontratos, la constructora desvió fondos de esa obra para financiar a Operaciones Estructuradas.

Para Ruta Viva I, se contrató a Likam Bouwwerken International B. V., que a su vez subcontrató a Turcon Consulting and Engineering B.V. (ambas de Holanda). Luego, Turcon contrató a otras dos: Southern Cross Consulting & Engineering Services S.A. y Engetec Consulting Services.

Para la Ruta Viva II, se montó un esquema parecido: Odebrecht contrató a Turcon y, tras esta compañía, se formó una cadena de subcontratistas. Así se desviaron $2,08 millones para ingresarlos a la doble contabilidad de Odebrecht.

¿Qué parte de ese dinero fue para sobornos y quién los recibió?

La respuesta la tienen los exejecutivos de la constructora, en especial José Conceicao Santos, quien firmó el primer contrato de la Ruta Viva.

Ambas obras se adjudicaron durante la alcaldía de Augusto Barrera (2009-13), cuando el gerente de la Empresa de Obras Públicas (EPMMOP) era Germánico Pinto Troya y el gerente de proyectos especiales, Santiago Játiva Ordóñez.

Este último está prófugo desde julio de 2017 por el caso contra el exministro Alecksey Mosquera, quien recibió $ 1 millón de coimas de Odebrecht por el contrato de la Hidroeléctrica Toachi-Pilatón. La Fiscalía vinculó a Játiva en este proceso por haber recibido dinero de una offshorede Mosquera.

Játiva presidió los dos comités técnicos que recomendaron la contratación de Odebrecht para los dos tramos de la Ruta Viva. Luego, Germánico Pinto adjudicó y firmó los contratos.

Según la Contraloría, la Ruta Viva I y II se valoró al inicio en $ 83 millones y terminó costando $ 129 millones.

El abogado de Játiva, Germánico Maya, negó una entrevista pues dijo que no ha tenido contacto con su cliente. Su hermano, Mario Ricardo Játiva, que también trabajó en la EPMMOP con Pinto, dijo desconocer dónde está Santiago.

Cuando Santiago Játiva dejó la EPMMOP, pasó a trabajar en la constructora española Puentes y Calzadas, que tuvo el contrato del Municipio de Quito para edificar los puentes de la Ruta Viva. En esta compañía tampoco supieron señalar su paradero. A Germánico Pinto se le envió la solicitud por correo, después de contactarlo por teléfono, pero ya no respondió.

El Metro de Quito

Los archivos filtrados cuentan una historia parecida sobre la línea 1 del Metro de Quito, contrato que Odebrecht obtuvo en consorcio con la española Acciona durante la alcaldía de Mauricio Rodas (2014-2019). Se desviaron $ 5 millones de ese contrato, divididos en $ 3 millones durante la elaboración de la propuesta y $ 2 millones luego de ganar el concurso.

Odebrecht firmó en noviembre de 2013 un contrato con la española Eathisa Ingeniería y Servicios S.A., que a su vez contrató a dos empresas adicionales, para seguir creando capas y perder la ruta del dinero.

En julio de 2014 se abrieron los sobres para el Metro de Quito y la gran sorpresa fue que el monto de las ofertas superó al presupuesto inicial en $ 490 millones. Para cumplir la deficiencia se optó por acudir a otros organismos crediticios internacionales, entre ellos el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil.

De acuerdo con los archivos filtrados, en 2014, Eathisa le facturó a Odebrecht para armar la oferta con la que participaría en la licitación. Luego se pagó a Convergence Capital Partners B.V. y a Fortress Investors Ltd., en 2015.

En los archivos queda el rastro de un mail eliminado, en el que se detalla un pago relacionado al Metro de Quito. La instrucción fue enviada a Marcos de Queiroz Grillo, que manejaba el Departamento de Operaciones Estructuradas. Según el documento, el pago debía salir de una cuenta de Fortress Investors en el Meinl Bank a otra del mismo banco en Austria, identificada con el número AT08192400100461649. Pero se desconoce al beneficiario.

Debido a sus problemas legales por el caso Lava Jato, Odebrecht abandonó el consorcio y Acciona se hizo cargo del Metro de Quito.

La adjudicación de esta obra fue investigada por la fiscalía y hasta se allanaron las oficinas del Metro de Quito. La entonces fiscal subrogante, Tania Moreno, archivó el caso en 2018. Al respecto, el exgerente de la empresa municipal Mauricio Anderson señaló: “Se llevaron mi computadora, auditaron mi patrimonio familiar, pero no encontraron nada”.

El exalcalde Rodas descartó un sobreprecio en la obra y enfatizó que el proceso precontractual arrancó en la administración anterior.

Al igual que Rodas y Anderson, el exalcalde Augusto Barrera destacó que la participación de bancos multilaterales en los procesos de licitación garantizó su transparencia. En el caso de la Ruta Viva, Barrera relevó que esas obras fueron financiadas por la Corporación Andina de Fomento, y que también se necesitó su ‘no objeción’ para firmar los contratos.

El destino del dinero

Estas cadenas de subcontrataciones sirvieron para alimentar las cuentas de varias offshore en el Meinl Bank principalmente, desde las cuales se pagaban sobornos. De acuerdo con los archivos secretos de Odebrecht, la brasileña usó este esquema de desvío de fondos con todas las obras contratadas en Ecuador desde 2012.

Odebrecht subcontrataba a empresas aliadas domiciliadas en varios países, todas administradas por brasileños. Estas subcontrataban a otras y a otras… Las compañías que estaban al final de la cadena enviaban dinero a las sociedades usadas para pagar las coimas. Entre estas están Klienfeld Services Ltd. e Innovation Research Engineering and Development Ltd., mencionadas en los casos judiciales de Ecuador.

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