Rihanna es más que una cantante. Hoy día, la de Barbados es una artista global que ha sabido convertir su intuición en una mágica varita del rey Midas y hacer negocio de casi todo lo que se le ocurre: ropa, maquillaje y, por supuesto, música. Sin embargo, no es este aspecto el que más ingresos le reporta. Tal y como ha anunciado la revista Forbes, Rihanna ya es “la artista musical más rica del mundo”, al amasar una fortuna de 600 millones de dólares, es decir, de más de 532 millones de euros.

Según la publicación, Rihanna ha superado las fortunas personales de artistas que llevan décadas sobre el escenario. Ella, a sus 31 años, arrancó su recorrido profesional hace algo más de 15 años y ya ha sobrepasado en riqueza a Beyoncé(con 400 millones de dólares, aunque gracias a su esposo, el rapero Jay Z, suma otros mil), a Céline Dion (con 450 millones) e incluso a la legendaria Madonna(que acumula unos 570 millones).

Curiosamente, la mayor parte de los ingresos de Rihanna de los últimos meses no provienen de su música, sino de Fenty Beauty, su marca de maquillaje. Creada en septiembre de 2017 y con un enorme éxito de público, en sus primeros 15 meses facturó 570 millones de euros, según recoge France Press. Un éxito que la ha catapultado en esta línea de millonarias y que resulta paralelo, por ejemplo, al de Kylie Jenner. La hermana pequeña de las Kardashian, con una línea de maquillaje ahora ampliada al tratamiento facial, se ha convertido en la milmillonaria más joven del mundo, con 21 años, superando incluso el récord que había batido años antes Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook.

El caso de Rihanna es similar. Aunque triunfadora en la música, hace ya tres años que no saca un disco. El último, ANTI, es de 2016, y después de aquello ha venido su explosión en otras facetas. De hecho, ahora uno de sus grandes triunfos ha sido su línea de lencería Savage x Fenty, que quiso crear para todo tipo de mujeres, tonos de piel, cuerpos y tallas —con casi un centenar de piezas distintas— hace un año y que se ha convertido en un éxito absoluto. Todo ello acompañado de múltiples colaboraciones con marcas de lo más diversas que dejan ver sus muchas facetas: ha sido tanto directora creativa de Puma (con modelos que se agotan en media hora) como creadora de varias líneas de zapatos con Manolo Blahnik, ha participado en el remake de Ocean’s Eleven, ha creado vaqueros y ropa interior para Armani y ha ideado joyas para la exclusiva casa Chopard.

Tan variado es su currículo que los grandes conglomerados del lujo le han echado el ojo. LVMH, el más grande del mundo y que agrupa en su cartera a firmas del calado de Louis Vuitton, Dior, Loewe o Givenchy, ha anunciado que la barbadense tendrá una marca completa con ellos, lo que le hará ser la primera mujer diseñadora negra en tener su propia línea en la casa controlada por la familia Arnault. Como dijo tras su anuncio la editora de moda de The New York Times, Vanessa Friedman, Fenty —como se llamará su marca, igual que su apellido— “es la primera marca de la era de Instagram apoyada por uno de los tres grandes grupos que han definido hasta ahora la era del lujo”. Sinónimo de éxito. Y de muchos más millones.

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