A poco más de un año y medio de su holgada victoria electoral y a 15 meses del arranque de su Gobierno, el chileno Sebastián Piñera (centroderecha) ha reformado este jueves su Gabinete por segunda vez en lo que va de mandato. Lo hace en medio de una caída de la popularidad, que se ha visto lastrada por una mala evaluación de su trabajo contra la delincuencia, y de una economía que crece menos de lo prometido. Aunque las principales debilidades de su gestión son de carácter político, el presidente resolvió mantener a los tres ministros más vinculados con esta área —Interior, secretaría general de gobierno (vocería) y la secretaría general de la Presidencia (relación con el Parlamento)— y realizar un ajuste en seis carteras sectoriales: Cancillería (Exteriores), Economía, Energía, Salud, Obras Públicas y Desarrollo Social.

Con la a salida de estos titulares de área, el jefe de Estado chileno busca dar un nuevo impulso a su mandato. Para Piñera, este 2019 es crucial para sacar adelante sus reformas en el Parlamento, una instancia en la que no tiene mayoría y en la que le ha resultado complejo negociar sus principales reformas con la oposición de izquierda, acusada de “obstruccionista” por La Moneda.

“Hay obstáculos que provienen en parte de la conducta de algunos sectores que han impedido que una agenda modernizadora, en muchos frentes, puedan avanzar y ver la luz del sol”, señaló esta tarde Piñera en la ceremonia de la sede del Gobierno. También se refirió al decepcionante curso de la economía: “A pesar de las muchas dificultades internas y externas que enfrenta Chile y todos los países del mundo, y a pesar del pesimismo que algunos se esmeran en difundir, estoy seguro de que, con unidad, Chile volverá a crecer con fuerza, liderando América Latina”.

El cambio ministerial, esperado hace días, se concretó apenas dos horas después de que se diera a conocer la encuesta semestral del Centro de Estudios Públicos (CEP), una de las mediciones que la clase política espera con mayor expectación. El sondeo ratificó lo que indicaban semana a semana otros estudios: una caída en la popularidad del Gobierno de Piñera. De acuerdo con esta encuesta, el 25% de los chilenos aprueba la gestión de Piñera, 12 puntos menos que en la última medición, a finales de 2018. La desaprobación, en tanto, subió en 11 puntos, hasta el 50%. Son niveles de popularidad mediocres para un Ejecutivo que fue elegido con el 54% de los sufragios, uno de los mayores niveles de votación para un presidente desde el retorno de la democracia, en 1990.

El respaldo de Piñera ha caído tanto que se asemeja al que tuvo a mediados de 2011, durante su primera etapa al frente del Gobierno chileno. Eran los meses conflictivos de las protestas estudiantiles en demanda por educación gratuita y de calidad. Desde 2006 a la fecha, sin embargo, el récord al menor apoyo popular lo alcanzó la presidenta Michelle Bachelet (socialista), que a mediados de 2016 obtuvo una desaprobación del 66% en la misma encuesta, frente al 15% de soporte.

Cambios en Cancillería, Economía, Energía y Desarrollo Social

A la cartera de Energía llega Juan Carlos Jobet —quien fuera ministro del Trabajo en el primer Gobierno de Piñera— en reemplazo de Susana Jiménez. En Salud, el presidente recurre nuevamente a una figura conocida: el médico Jaime Mañalich, que ya lideró esa cartera durante toda su primera etapa al frente del Ejecutivo y que asume en lugar de Emilio Santelices. Lo mismo ocurre en la Cancillería, donde el conservador sitúa a Teodoro Ribera, ministro de Justicia en su primer período, en lugar de Roberto Ampuero, escritor, que en estos 15 meses había liderado la arremetida de Piñera contra el régimen venezolano y la formación de Prosur, una nueva organización regional de orientación conservadora.

El mandatario chileno ha llevado a cabo, además, varios enroques: en Desarrollo Social nombró a Sebastián Sichel, que reemplaza a Alfredo Morero, que asume en Obras Públicas en lugar de Juan Andrés Fontaine, que liderará Economía. La de Desarrollo Social es una de las áreas de mayor importancia para esta Administración: en sus manos descansan los proyectos orientados a la protección de la clase media, uno de las prioridades estratégicas de este segundo mandato de Piñera. Pero Moreno, el ministro que deja su cargo, quedó debilitado luego del asesinato de un joven mapuche por fuerzas policiales —el caso Catrillanca—, lo que frustró un plan estrella que pensaba desplegar en la Araucanía.

Los cambios en el equipo económico eran igualmente esperados tras la rebaja de las previsiones de crecimiento, que este año no llegará al 3,5%, como esperaban La Moneda. Aunque el presidente mantuvo a su ministro de Hacienda, Felipe Larraín, relevó al titular de Economía, José Ramón Valente, cuya gestión era criticada desde diferentes frentes.

El Gobierno chileno necesita darle nuevos aires a su mandato de solo cuatro años. De partida, porque lucha contra el tiempo: en octubre de 2020 se celebrarán las municipales y de gobernadores y en noviembre de 2021, las parlamentarias y presidenciales. En definitiva, Piñera tiene solo un año para concretar su programa de Gobierno, que contempla una reforma tributaria, laboral y de pensiones, entre otras iniciativas. Un segundo problema es la relación con la oposición en el Parlamento, donde el centroizquierda y la izquierda gozan de mayoría.

En la presentación de su segundo informe de Gobierno, el pasado 1 de junio, el mandatario reiteró los llamados al diálogo, pero tanto por falta de destreza política del propio Gobierno como por la dureza de la oposición, los acuerdos en el Congreso no parecen fáciles de concretar. Los resultados económicos y en materia de lucha contra la delincuencia tampoco ayudan a Piñera, que tenía estos asuntos entre sus prioridades. Según la encuesta del CEP, el Ejecutivo cosecha malas evaluaciones en ambos bloques temáticos.

El complejo momento político del Gobierno, sin embargo, no representan hasta ahora mayores opciones para la oposición de izquierda y centroizquierda con miras a las próximas presidenciales. El político mejor valorado por la ciudadanía, por lejos, es el conservador Joaquín Lavín, al alcalde del municipio de Las Condes, uno de los más acomodados de la capital. En 2000, disputó voto a voto la presidencia con el socialista Ricardo Lagos.

Leave a Reply

  • (not be published)