Mery Perelló, la novia eterna, lleva 14 años aceptando el sacrificio de quien se enamora de un mito del deporte. Ha encajado bien su vida a la sombra de Rafael Nadal -precisamente porque lo ha buscado- y ha esperado pacientemente a que su noviazgo derivara en algo más serio. El próximo otoño se darán el «sí, quiero» después de que él le pidiera la mano en mayo de 2018 en Roma.

El inicio de su historia de amor en 2005 coincide con el aterrizaje de la carrera del manacorí en la elite del tenis. Durante todos estos años, a Mery no se le conoce ni un mínimo escándalo o desliz. Nunca ha hablado para la prensa y su círculo mantiene un pacto de silencio. Sus únicas declaraciones aparecieron recogidas en el libro de John Carlin, «Rafa: Mi historia» (2011). «Viajar juntos a todos lados no sería bueno ni para él ni para mí. Si lo siguiera a todas partes, creo que habría peligro de que nos dejáramos de llevar tan bien». Unas palabras que encierran en qué se basa el éxito de su relación. «Le ha concedido su parcela y espacio para relajarse y no sentirse nunca agobiado. Cuando uno está sometido a la presión de Nadal es fundamental no sentirse atado», detalla a ABC una fuente que conoce bien a la pareja.

Rafa Nadl y Mery Perelló en un gala de la Fundación Rafa Nadal
Rafa Nadl y Mery Perelló en un gala de la Fundación Rafa Nadal

Nunca han querido hacer un show de su amor. No se han prodigado en carantoñas de forma pública, algo a lo que sí acostumbran los futbolistas y sus parejas o incluso su adversario Djokovic. El serbio le pidió matrimonio a Jelena Ristica en septiembre de 2013 en un helicóptero y luego ella compartió su compromiso en las redes sociales. Nadal y Mery han logrado mantener ocultos sus planes de boda durante ocho meses y él ha manifestado abiertamente su cabreo después de que salieran en la prensa. «Rafa sabía que su compromiso iba a publicarse en una revista, pero a pesar de que se lo esperaba no le ha sentado nada bien. No le gusta ver su vida privada diseccionada», declara su entorno.

La única excepción que se han permitido a la hora de aflojar su contención fue en el Master 1000 de Montecarlo en 2016. Tras arrodillarse en la tierra batida, Rafa se dirigió a su palco y besó a Mary. Eso sí, el tradicional autógrafo a cámara que realizan los tenistas al finalizar un partido se lo dedicó a su abuelo, quien había muerto recientemente. Rafa y Mery comparten el valor de la fidelidad hacia la familia y el mundo del tenista se tambaleó después de que sus padres Ana María Parera y Sebastián Nadal se separaran de forma temporal en 2009.

Mary Perelló, junto a los padres de Rafa Nadal
Mary Perelló, junto a los padres de Rafa Nadal – ABC

En Manacor, con 40.000 habitantes y a 54 kilómetros de Palma, se enclavan las raíces de ambos. El abuelo de Mery, Bernat Perelló, muy conocido en la ciudad, restauró el campanario de la iglesia local y formó artesanos de la piedra en la escuela de la Torre dels Enagistes. A cinco minutos caminando de allí se encuentra la escuela de monjas Pureza de María, en la que Mery compartió pupitre con María Isabel Nadal, hermana del tenista, y quien les presentó. El padre de Mery, también Bernat Perelló, heredó el oficio de su progenitor y trabaja como constructor, mientras que su madre María Pascual es funcionaria del ayuntamiento de Manacor.

Etapa en Londres

Mery, hija única, estudió en la UIB (Universidad de las Illes Balears) Administración y Dirección de empresas. De alguna manera trataba de ocultar quién era su novio y temía que pudiera repercutir en cómo se dirigían a ella los profesores. Vivía en Palma, en un piso compartido con una compañera, también novia de un amigo de Rafa, y se desplazaba a diario en metro.

Su carrera laboral comenzó con unos meses de prácticas en el departamento de Comunicación de Endesa, en Palma de Mallorca. Posteriormente puso rumbo a Londres donde trabajó para Mapfre, aseguradora vinculada a Nadal. Actualmente ejerce como directora de Integración Social de la Fundación Rafa Nadal, con sede en Barcelona y dirigida por su futura suegra, Ana María Parera.

Mery vive a caballo entre la Ciudad Condal y Porto Cristo, donde el tenista compró en 2013 un chalet valorado en 4 millones de euros en un enclave marítimo muy cercano a las Cuevas del Drach. Se siente cómoda con ropa sencilla, con un ligero maquillaje iluminando su rostro, su melena oscura siempre al natural y una media sonrisa impresa en sus labios que da buena cuenta de su timidez.

El próximo otoño su boda con Rafa Nadal la encumbrará como primera dama del tenis y esposa de una leyenda viva del deporte español.

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