Sin esposas, recibido con pleitesía y sentado despreocupadamente con una taza de té en la mano. Así fue como Mohammad Alí Nayafí, exalcalde de Teherán y exministro de Educación y de Ciencia de Irán, confesó a la policía del régimen haber asesinado a su segunda esposa después de que esta le negara el divorcio. «Su mentalidad me hizo cometer ese error y a ella le hizo perder la vida», apuntó durante la confesión, retransmitida en directo por una cadena de televisión estatal.

En el vídeo, que ha desatado la ira de una parte de la sociedad iraní por el trato preferencial que muestran los agentes hacia Nayafí, el político asegura que su intención no era asesinar a su esposa, sino simplemente «asustarla».

«Perdí la calma hasta cierto punto. Tomé el arma y ella fue al baño. La seguí, más para atemorizarla que para otra cosa. Le mostré el arma y le pregunté: “¿Quieres terminar esta conversación ya o no?”. Ella se asustó y de alguna manera se enredó conmigo físicamente. Se lanzó sobre mí y el arma estaba cargada. La disparé cinco veces, y dos de las balas le impactaron en el corazón», dice el exregidor. Posteriormente a eso, Nayafi huyó y llegó a pensar incluso en el suicidio. Sin embargo, acabó optando por entregarse.

De ideas reformistas y muy próximo a la corriente moderada del presidente Rohani, Nayafí se vio obligado a dimitir como alcalde en 2018 después de que los miembros de la línea conservadora del gobierno lo criticaran por asistir a una presentación escolar del Día Internacional de la Mujer, en la que bailaron jóvenes, una actividad considerada «no islámica». Además, se ha especulado también que las críticas de sus colegas reformistas a su segundo matrimonio –aunque la poligamia es legal en Irán, no es muy común en las zonas urbanas– fue otra de las causas que le llevaron a renunciar, informa «BBC».

En la grabación, el exalcalde añade también que su esposa lo había amenazado con «destruirlo» si él la dejaba o incluso si mantenía relaciones cercanas con su primera esposa. E, incluso, que se había ofrecido a pagarle las 1.362 monedas de oro que pactaron antes del matrimonio para que le concediera el divorcio, si bien ella mantuvo siempre un rechazo frontal a la petición.

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