Adidas, Puma y Nike pidieron al presidente estadounidense evitar que la industria del calzado sea víctima de la guerra comercial con China y consideraron “catastrófico” imponer nuevos aranceles a Pekín.

En una carta al presidente Donald Trump, 172  fábricas y comercios pidieron que los zapatos queden a salvo de una nueva andanada de aranceles que Estados Unidos está preparando contra China.

Trump subió a 25% los aranceles ya existentes a productos chinos por unos 200.000 millones de dólares y amenaza con tomar una medida similar contra prácticamente la totalidad de los productos importados de la potencia asiática.

La flor y nata de la industria del calzado deportivo estadounidense ha lanzado un SOS a Donald Trump y le ha advertido que será el consumidor de este país -tan avezado a calzar indumentaria deportiva en cualquier ocasión- quien terminará pagando la factura si los aranceles contra China surten efecto.

Y no sería una factura cualquiera. Según la carta enviada por los gigantes del sector sus costes de producción aumentarían en 7 mil millones de dólares si las tarifas entran en vigor.

El sector advierte a la Casa Banca que será el consumidor final quien asuma ese coste.

De momento Trump ha declinado atender a la petición y ha lanzado un consejo controvertido a las empresas que fabrican en el extranjero: “Quien no quiera pagar los aranceles tiene una solución fácil. Fabriquen sus productos en Estados Unidos”.

Una petición englobada en un mundo globalizado donde los grandes fabricantes de calzado deportivo diversifican mucho su producción, hasta el extremo que China ya no es el principal país de origen de sus productos. Lo son Vietnam e Indonesia.

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