La protesta social se ha convertido en una constante de los primeros meses de gobierno de Iván Duque en Colombia. En un país que en las últimas décadas tuvo una tradición sindical menos sólida que otros países latinoamericanos, en buena medida por el fantasma de la violencia, las organizaciones de trabajadores tratan de echar un pulso al Ejecutivo en la calle. El paro nacional de un día convocado para este jueves pretendía frenar algunas medidas contempladas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND), que marca las líneas maestras del período presidencial y fija el gasto público. Las centrales obreras, que convocaron marchas en todo el país, rechazan especialmente las reformas que afectan al mercado del trabajo y al sistema de pensiones. Al final de la jornada se registraron algunos episodios de violencia, por ejemplo en la plaza de Bolívar en Bogotá, donde grupos de encapuchados se enfrentaron al escuadrón antidisturbios de la Policía.

El mandatario tuvo que lidiar primero con una oleada de movilizaciones estudiantiles, que logró desactivar en diciembre con el compromiso de destinar 1.400 millones de dólares más a la educación superior pública. Hace semanas las comunidades indígenas paralizaron el suroeste del país con el bloqueo de la carretera Panamericana. Duque, que asumió el cargo el pasado agosto, se avino entonces a incrementar en un 17,5% el presupuesto dedicado a los nativos. Ahora, el llamado Comando Nacional Unitario -que agrupa a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); la Confederación General del Trabajo (CGT); y la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC)- considera que el plan presentado en el Congreso “contiene políticas, reformas y definiciones económicas que no se corresponden con las necesidades de desarrollo que requiere el país, ni de bienestar de la población”.

“En materia laboral”, opinan los convocantes de la huelga, “aboga por la profundización de la flexibilización laboral; pretende legalizar la informalidad, dando un severo golpe al contrato laboral vigente en Colombia y la negociación colectiva”. Estas organizaciones, a las que se sumaron jubilados, profesores y estudiantes, denuncian además que la reforma de las pensiones “busca fortalecer los fondos privados, debilitar Colpensiones [el organismo estatal que gestiona las prestaciones], eliminar la compatibilidad entre pensión de jubilación y por incapacidad laboral”.

A estas reivindicaciones se añaden, además, consideraciones sobre el proceso de paz con las FARC. “Los constantes ataques contra la paz del país proveniente de los sectores más retardatarios nos obligan a mantener en alto la defensa de los acuerdos de paz, la solución política y la condena al asesinato de los líderes sociales y la garantía para la protesta social”, mantienen los sindicatos.

Mientras miles de personas marcharon en las principales ciudades, las autoridades aseguran que las actividades laborales continúan en todo el país. “Podemos decir que transcurre el paro sin mayores angustias, aunque lamentablemente sí se han presentado una serie de enfrentamientos”, aseguró la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, en un primer balance. Los choques se produjeron a lo largo de la mañana a raíz del intento de los manifestantes de cortar algunas vías en Bogotá y en los departamentos de Antioquia y Bolívar.

Duque optó por participar en un evento del Día de la Niñez en una biblioteca de la capital. Aprovechó para hablar de convivencia. “Quiero invitarlos a que todos nos pongamos siempre la mano en el corazón y entendamos que por encima de las diferencias hay muchas cosas que nos unen”, dijo. En las redes sociales sí se pronunció abiertamente sobre la huelga general. “Somos un país de gente trabajadora, pujante y solidaria. Un país con una economía en crecimiento, que no para en creatividad, y no para ante ninguna adversidad. Construyamos juntos una nación de mejores oportunidades para todos”, escribió.

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