Posted on August 16, 2019, 12:35 pm
FavoriteLoadingAdd to favorites 9 mins

La multinacional, con ramificaciones en África, desarrolló todo su poderío en la construcción de túneles, puentes, carreteras, gasoductos, potabilizadoras de agua, soterramiento de ferrocarriles, plataformas, instalaciones eléctricas o de cualquier otro sector que necesitaran el despliegue de grúas, apisonadoras, perforadoras y maquinaria de precisión.

Indultado, de aquella manera, Alberto Fujimori por crímenes de sangre, el resto de los presidentes vivos de Perú están procesados, presos o huidos como consecuencia del escándalo de corrupción que reescribió la historia del continente. Entre 2001 y 2006 gobernó Alejandro Toledo. Con orden de busca y captura internacional, el expresidente se refugió en Estados Unidos para evitar seguir los pasos de Ollanta Humala (2011-2016) quien, tras una escala de nueve meses en prisión, como su mujer, Nadine Heredia, goza, de momento, de la libertad provisional.

Del hospital a la cárcel

El corazón del acorralado Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) no asimiló bien la noticia que Alan García convirtió en tragedia. Con más de 80 años PPK, el presidente que perdió el poder en un intento de intercambio de impunidad a cambo de la libertad de Alberto Fujimori, sufrió una sacudida coronaría y se encuentra en cuidados intensivos. Cuando se recupere le esperan, preventivamente, tres largos años a la sombra, tiempo estimado para esclarecer el alcance de su participación en operaciones de lavado de dinero de origen fraudulento (Odebrecht).

En esa condición de reclusión, con sentencia firme, se encuentra Luiz Inacio Lula Da Silva, el presidente (2003-2010) que pasó de ser considerado el demonio rojo a enamorar al mundo con su historia de superación personal y sus logros con el programa Hambre Cero en su doble Gobierno. Pero, si a Al Capone le encerraron porque las cuentas con Haciendo, lo que no le cuadraban a Lula fue un «triplex» de Odebrecht en la playa, del que reniega, lo que le condenó, con sentencia firme, a estar entre rejas y le impidió participar de las últimas elecciones que colocaron a Jair Bolsonaro en el Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo.

Lula y los exmandatarios peruanos, por el momento, han pagado la factura más alta del escándalo Odebrecht pero eso no significa, obligatoriamente, que el resto pueda cantar victoria.

A Néstor Kirchner la muerte le sorprendió antes de que estallara el escándalo, pero Cristina Fernández (investigada múltiple por otras causas) y sus Gobiernos, están en el ojo del huracán de jueces y fiscales. La justicia procesó a 26 personas, la mayoría miembros de su Administración. Marcelo Odebrecht confesó haber entregado, al menos, 35 millones de dólares en sobornos, «coimas», «peajes» o «cometas» en Argentina. El efecto dominó de las obras bajo sospecha, de los doce años largos del kircherismo, arrastra a empresas ligadas al poder de antes y de ahora y no se descarta que, más tarde o más temprano, termine salpicando a algún miembro de la Administración de Mauricio Macri pero en Argentina, en este caso, pareciera que la justicia no tiene demasiada prisa.

No se puede decir lo mismo de Ecuador donde el ex vicepresidente Jorge Glas fue condenado a seis años de cárcel junto a su tío Ricardo Rivera. Colombia no se queda fuera de esta espiral. La constructora habría repartido once millones entre miembros de la Administración de Alvaro Uribe y las campañas de Oscar Ivan Zuluoga del 2014 y la reelección de Juan Manuel Santos. Gabriel García Morales, ex viceministro de Transporte y el excongresista del Partido Liberal, Otto Bula, fueron arrestados como partícipes de esta trama. Bula abrió el ventilador y declaró que un millón de dólares de los sobornos tuvieron como destino la campaña de Santos que negó todo. En Panamá el presidente Juan Carlos Valera debió salir a defenderse por las presuntas «donaciones» de Odebrecht mientras en República Dominicana, la celeridad de la Justicia se tradujo en una decena de involucrados en la carcel.

El caso de Venezuela es, fuera de Brasil, el más sangrante. Decenas de millones de dólares (más cerca de cien que de 90) en sobornos terminan de pintar un cuadro de corrupción, miseria y poder en el chavismo de Nicolas Maduro. La colección de puentes, subterráneos y autopistas con obras sin terminar forma parte de un paisaje, a pie o en carretera, desolador en un país que posee, en potencia, las mayores reservas de petróleo del planeta.

Leave a Reply

  • (not be published)