Bernie Sanders fue la sensación de las primarias demócratas en la campaña electoral de 2016. Puso a la candidata favorita, Hillary Clinton, contra las cuerdas y levantó una marea izquierdista en el partido demócrata que será decisiva en las presidenciales del año que viene. Una de sus alusiones más repetidas entonces -y todavía hoy, en los primeros compases de la nueva elección- fueron sus ataques a los «millonarios y multimillonarios» que controlan y se benefician del sistema político y económico de EE.UU.

Lo que Sanders no dijo es que él era uno de ellos. Esta semana, Sanders ha presentado sus declaraciones fiscales de la última década, que muestran que en 2016 y 2017, en plena contienda electoral y con un discurso populista de izquierdas, sus ingresos sobrepasaron el millón de dólares.

En 2016, él y su mujer, Jane, ganaron 1,1 millones de dólares, mientras que los ingresos en 2017 fueron de 1,2 millones, ganancias impulsadas sobre todo por la venta de sus libros. El monto cayó el año pasado a 566.000 dólares el año pasado. Por esos ingresos, la familia Sanders pagaron en impuestos en esos tres años 372.368, 343.882 y 145.840 dólares, respectivamente. Según la Hacienda estadounidense, el tótem del socialismo americano está en el célebre «1 por ciento» de contribuyentes con más ingresos, ese grupo al que él se refiere de forma constante. «Estas declaraciones fiscales muestran que nuestra familia ha sido afortunada», dijo Sanders en un comunicado. «Estoy muy agradecido por ello, ya que crecí en una familia que vivía mes a mes y conozco el estrés de la inseguridad económica».

Los impuestos son un arma electoral, y con la presentación de sus declaraciones Sanders hace una apuesta política. En la campaña de 2016 se negó a publicarlos y se limitó a dar su información fiscal de 2014, lo que le granjeó críticas de Clinton. Ahora sabe que será utilizado en su contra y que le acusarán de hipocresía en sus ataques a las elites. Pero también le otorga la ventaja que lo hace en un momento temprano del ciclo electoral y que fuerza al resto de candidatos a mostrar las mismas cartas.

Sobre todo, le convierte en un candidato más fuerte para la lucha final, la elección general contra Donald Trump. Los impuestos del presidente de EE.UU. han sido motivo de controversia desde las primarias republicanas de 2016. Una vez como candidato, Trump se negó a presentar sus declaraciones -una práctica común entre los nominados por los grandes partidos- con la excusa de que estaba siendo auditado por Hacienda. La realidad es que el multimillonario neoyorquino sabe que los detalles de sus impuestos serían un problema político. La gran base electoral de Trump fue la clase media descontenta, normalmente acosada por impuestos, que comprobaría cómo su presidente ha utilizado artimañas legales para ahorrarse buena parte de la factura fiscal durante décadas.

Con su decisión, Sanders pone la pelota en el campo de sus contrincantes demócratas y de Trump. Mientras tanto, busca la mejor manera para reconciliar su patrimonio con su mensaje. «Si alguien piensa que voy a pedir perdón por escribir un libro superventas, lo siento, no lo voy a hacer», dijo este lunes en una entrevista en un condado industrial de Pensilvania, que votó por Trump después de haberlo hecho por Barack Obama, y en «territorio enemigo»: Fox News, el único canal que tiene el favor de Trump.

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