El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se volvió a reunir ayer en Moscú con su homólogo ruso, Vladímir Putin, para cerrar el acuerdo de suministro de sistemas de defensa antiaérea de fabricación rusa S-400y hablar de nuevas compras de armas en el futuro. Erdogan, que visita Rusia por tercera vez en lo que va de año, parece haber decidido compensar las discrepancias con Putin respecto a Siria intensificando el acercamiento en campos como la cooperación militar, la energía y el comercio en general.

«Nuestros países tienen el serio propósito de reforzar la cooperación técnico-militar y, antes de nada, se trata de cumplir el contrato de entrega de los sistemas de misiles S-400», manifestó el jefe del Kremlin ante Erdogan en el marco del Consejo de Cooperación a Alto Nivel entre Rusia y Turquía, celebrado ayer en la capital rusa.

El dirigente turco por su parte advirtió después en la rueda de prensa que «nadie va a socavar nuestra soberanía. Cuando otros países dan algunos pasos, no nos preguntan tampoco, de manera que nosotros tomamos nuestras propias decisiones, tanto en el área de la defensa como en el de la energía».

El pasado viernes, Erdogan afirmó que «el proceso de compra de los S-400 está ya concluido», respondiendo así a los reproches de EE.UU. y la Alianza Atlántica. El presidente turco precisó que las primeras entregas del sistema antimisiles ruso llegarán en julio a Turquía, país que es miembro de la OTAN.

Por eso, Washington y sus aliados ven posible que la tecnología que emplean las baterías S-400 puedan ser utilizada para captar información sensible sobre los sistemas instalados en las aeronaves militares de la Alianza y que Rusia pudiera tener acceso a esos datos. Se argumenta también que los S-400 no son compatibles con los equipamientos de la OTAN.

Como alternativa, EE.UU. ofreció a Ankara misiles estadounidenses Patriot, pero Erdogan rechazó la propuesta señalando que «Rusia ofrece mejores condiciones». Según el líder turco, Ankara había solicitado a Washington créditos, fabricación conjunta de los Patriot y entregas rápidas, demandas que, al parecer, los estadounidenses no aceptaron.

Desde el Pentágono se ha emplazado además a Turquía a elegir entre los S-400 rusos o los cazas norteamericanos F-35, que Erdogan se propone adquirir. De momento, las entregas de los aviones están congeladas. Un portavoz del Departamento de Defensa de EEUU dijo la semana pasada que «a la espera de una decisión inequívoca -de Ankara- de que renuncie a los S-400, los envíos y las actividades asociadas a la puesta en marcha de las capacidades operacionales de los F-35 destinados a Turquía han sido suspendidos».

También la semana pasada, Putin anunció que Rusia había acelerado la producción de los sistemas S-400 para Turquía a solicitud de Ankara. Según la prensa turca, el precio de la operación ascendería a 2.500 millones de dólares. Los S-400 son el sistema de defensa antimisiles y contra ataques aéreos más sofisticado actualmente en el arsenal ruso y uno de los más eficaces del mundo. Pero, según el máximo dirigente ruso, «hay otros proyectos prometedores en la agenda relacionados con el suministro de modernos productos militares rusos a Turquía».

Central atómica

Otra de las cuestiones que ayer tocaron los presidentes de Rusia y Turquía fue el de la construcción de la central nuclear de Akkuyu con tecnología rusa. «El lanzamiento de la primera unidad de energía de la planta está programado para 2023, a tiempo para la celebración del centenario de la República de Turquía», señaló Putin.

Pero, según sus palabras, «ahora mismo hace falta recaudar financiación adicional y concluir un acuerdo de envergadura con potenciales inversores turcos, que están ahí y existen». En el marco del Consejo de Cooperación ruso-turco, se ha acordado también la creación de un fondo de inversiones conjunto de 900 millones de euros, que irá más allá de las necesidades financieras de Akkuyu, la primera central atómica que funcionará en Turquía, cuya construcción se acordó en 2010. La inauguración de la obras tuvo lugar en abril de 2018 en presencia de Putin y Erdogan.

Ambos países llevan ya avanzada la construcción del gaseoducto TurkStream y, tras superar la crisis en sus relaciones causada por el derribo de un cazabombardero ruso Su-24 en noviembre de 2015, sostienen que en 2018 el volumen de sus intercambios comerciales se incrementaron en un 15%, llegando hasta los 25.000 millones de dólares.

En cuanto a Siria y según la prensa rusa, los dos presidentes volvieron a poner sobre la mesa la situación en Idlib, todavía lejos de su estabilización definitiva. Moscú y Ankara acordaron en septiembre de 2018 el establecimiento de una zona desmilitarizada con la retirada escalonada de las milicias beligerantes y el material pesado.»Espero que los esfuerzos conjuntos permitan normalizar la situación en la zona de distensión y finalmente conduzcan a la neutralización del último foco terrorista», declaró ayer Putin durante la rueda de prensa.

Los medios de comunicación rusos destacaban en la víspera de este nuevo encuentro de ambos jefes de Estado que Erdogan tenía intención de plantearle a Putin una posible intervención del Ejército turco en territorio sirio contra los kurdos. Se trataría de una ofensiva al este del Éufrates en la zona de Manbij. El presidente turco ya había anunciado con anterioridad tal operación, pero después, tras hablar por teléfono con el presidente Donald Trump, el pasado 14 de diciembre, decidió posponerla.

La cumbre de ayer continuó con una reunión de ambos presidentes con empresarios rusos y turcos y la apertura del Año Dual Rusia-Turquía de la Cultura y el Turismo en el Teatro Bolshói. Putin y Erdogan asistieron juntos a la gala y contemplaron desde el palco de autoridades la opera turca «Troy».

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