José Ignacio Bergoglio, el sobrino del Papa Francisco se casó con Marina Muro, su compañera no solo sentimental sino también profesional: juntos llevan la ONG, «Haciendo Lío» que busca «mejoras en la calidad de vida de los más desfavorecidos a través de programas que fomenten la promoción personal y la dignidad del trabajo», dicen en su página web.

Tras la boda, que se celebró en Argentina, el sobrino del Papa y su mujer se fueron de luna de miel. Había un destino claro: Roma. Allí los esperaría Jorge Mario Bergoglio, el «Tío Jorge» y, para todos, el Santo Padre, para bendecir la unión.

Así relató su Muro los primeros momentos en el Vaticano, cuando apenas quedaban segundos para reencontrarse, después de cuatro años, con Francisco.

«Eran las 15:45 hs estábamos en una pequeña habitación de Santa Marta esperando a quien yo llamo “Francisco” y José llama “Tío Jorge” Teníamos cita a las 16 horas para verlo, la última vez que lo vimos cara a cara fue en Paraguay en el 2015. ¡Hacia 4 años no lo veíamos! Yo estaba super nerviosa como si fuera a ver el Jefe de Estado más importante, al líder mundial mas grande de la historia y José relajado como quien va a ver a una persona querida, cercana. Pasaban los minutos y ‘Francisco/Jorge’ no venía. Mis nervios y ansiedad estaban en la cumbre de la montaña más empinada, por dentro pensaba mil cosas por decirle, por ejemplo: todo el orgullo que siento por él , todo lo que él moviliza en tantos cristianos y no cristianos, etc.

En eso ingresa y se acerca directo a mí y me dice: «Te felicito»

– ¿Por Haciendo Lio?, le pregunto.

-«No, por aguantar a mi sobrino», bromeó.

A partir de ahí mis nervios se esfumaron y me di cuenta que estaba frente a un líder mundial, pero un líder humilde, que te trata de igual a igual, un verdadero pastor con olor a oveja».

Durante aquel encuentro, el Papa le entregó a su sobrino la foto tomada por Joseph Roger O’Donnell, la mítica y desoladora imagen en la que un niño de Nagasaki carga en su espalda a su hermano muerto por el bombardeo. La imagen se acompaña de la frase: «El fruto de la guerra» y la firma del Papa.

Es la misma imagen y leyenda que Francisco pidió que circulara en la temporada de fiestas.

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