En Alemania permanece muy vivo desde el siglo XVIII el debate público sobre las prácticas científicas y académicas deshonestas, muy especialmente los procedimientos relacionados con las tesis doctorales. Quien tiene el título de doctor detenta un honor social muy reconocido y por ese motivo el plagio no solo es motivo de dimisión de los cargos públicos en este país, sino a menudo también de destierro. Karl-Theodor zu Guttenberg, considerado entonces como el delfín de Merkel y que dimitió como ministro de Defensa tras serle retirado el doctorado en 2011, vive desde entonces con su mujer y sus hijos en Nueva York, empleado en la oficina de asesoría Sptzberg Partners. Otro ejemplo es Silvana Koch-Mehrin, ex vicepresidenta del Parlamento Europeo y destacada política del Partido Liberal (FDP) hasta que la Universidad de Heidelberg le retiró en 2011 su título de doctora por acusaciones de plagio. Desde entonces, vive en Bruselas y dirige una red en Internet sobre «Mujeres en la Política».

Especialmente doloroso para Merkel fue el caso de Annette Schavan, uno de los pocos miembros del gabinete de ministros alemán de los que se pueda decir que hayan hecho buenas migas con la canciller. Schavan entregó la cartera de Educación en 2013 también debido a las acusaciones de plagio y antes incluso de que hubiese tenido lugar el procedimiento de prueba de su tesis «para no dañar la institución», con lo que quedó probado que Merkel no hacía excepciones con los amigos. Hoy en día trabaja como profesora invitada en una universidad de Shangai.

Después de un escándalo en la carrera académica, en Alemania es muy difícil permanecer activo en la política, aunque hay algunas excepciones. Jorgo Chatzimarkakis, del Partido Liberal y que se vio obligado a dimitir en 2000, se quedó en Alemania. Pero tuvo que fundar otro nuevo partido para seguir en la política, concretamente el Partido Ecológico Democrático (ÖDP), que cuenta a fecha de hoy con 22 miembros.

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