Posted on August 19, 2019, 10:48 am
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Sus hojas son de un verde intenso y tienen el filo dentado. Brotan de las ramas del árbol como el agua de una cascada. Felicia Calapucha, indígena kichwa de la comunidad ecuatoriana de Sapo Rumi, sale a recogerlas con su cesta al hombro. Cada mañana, ella y su familia beben la infusión de guayusa, rica en cafeína, siguiendo la tradición de sus ancestros. Esta misteriosa y sagrada planta, que solo crece en la región amazónica más cercana a los Andes, ha despertado el interés de científicos y empresarios debido a su potencial medicinal y comercial.

En los últimos años, universidades de Ecuador y Colombia han comenzado a realizar estudios científicos sobre la guayusa. Aunque las pruebas de laboratorio todavía se encuentran en una fase temprana, varias investigaciones apuntan a que algunas de las propiedades curativas que postula el saber indígena podrían ser ciertas.

En este sentido, un equipo de investigadores de Ecuador y España halló 14 tipos de polifenoles y siete carotenoides presentes en la hoja de guayusa, lo que explica su gran capacidad antioxidante y, por tanto, su potencial para ralentizar el envejecimiento de las células. “Es la planta con más antioxidantes que existe en el mundo. Dicen que el té verde tiene muchos y que es una maravilla, pero la guayusa tiene muchos más”, asevera Jenny Ruales, profesora del Departamento de Ciencia de Alimentos y Biotecnología de la Escuela Politécnica Nacional.

“En nuestro cuerpo, por varias causas como la contaminación o el estrés, se generan unos compuestos llamados radicales libres que pueden producir un deterioro de los tejidos u órganos como el corazón o el cerebro e incluso provocar cáncer. Los antioxidantes detienen esa reacción, la neutralizan y evitan el daño en el organismo, previniendo también el envejecimiento”, afirma Ruales, que lleva siete años investigando sobre la guayusa.

Las pruebas están en una fase muy temprana, pero apuntan a que el uso ancenstral de la planta puede tener fundamento científico

El estudio también comprobó las propiedades antiinflamatorias de la planta, lo que podría validar el uso popular que se le daba a la guayasa para combatir el reumatismo, a falta de estudios clínicos que respalden definitivamente esta teoría. Lo que no hallaron los investigadores son indicios que otorguen a la hoja la capacidad para neutralizar las bacterias causantes de la diarrea, a pesar de que los indígenas también la utilizan con ese fin. Sin embargo, en uno de sus viajes de campo a la Amazonía, Ruales presenció un hecho que contradijo sus hallazgos.

“Uno de mis estudiantes se enfermó y tuvo una diarrea terrible. Íbamos a tomar la guayusa y yo avisé al chamán para que no le diera. Pero él dijo que le iba a sentar bien. Al final el estudiante tomó, vomitó y después le paró la diarrea”, narra la profesora. “No sé si fue efecto placebo o una coincidencia, porque los estudios antimicrobianos que hicimos con E. coli y Staphylococcus aureus dieron resultado negativo”, expone contrariada.

En otro trabajo llevado a cabo por Luis Sequeda, investigador de las universidades Javeriana y Nacional de Colombia, se constataron los beneficios que la guayusa tiene para la salud dental. Tras realizar estudios in vitro con bacterias cariogénicas se evidenció su potencial para combatir la caries en los dientes. Asimismo, Sequeda comprobó cómo las sustancias de la guayasa son eficaces contra los microorganismos que causan la periodontitis, una enfermedad que provoca infección o inflamación en las encías.

Todo ello hace pensar que los principios activos existentes en la hoja podrían utilizarse para crear nuevos medicamentos en un futuro. No obstante, los científicos consultados para este reportaje coinciden en señalar que todavía estamos muy lejos de encontrar guayusa en las farmacias.

“La fórmula farmacéutica consiste en llevar el extracto de la planta a una pastilla que sea estable, donde se pueda mostrar una fecha de caducidad. Ese es el reto, pero todavía falta mucha tela por cortar”, manifiesta Sequeda. “Sin embargo, desde la óptica de la medicina tradicional sí la podemos emplear bajo los criterios de los pueblos indígenas, porque ellos han mantenido una tradición. Ahí sí le veo una aplicación más rápida y más inmediata”, agrega el científico colombiano. Precisamente, el equipo de Ruales está trabajando en patentar un extracto de guayusa que sea certificado como alimento funcional, es decir, un suplemento dietario cuyos beneficios para la salud estén comprobados científicamente.

Una planta sagrada para los indígenas amazónicos

Desde hace más de 1.000 años, pueblos indígenas amazónicos han utilizado la guayusa como una planta medicinal. “Nuestros mayores la tomaban para despertar, les daba energía y además les ayudaba a tener los huesos fuertes y una buena dentadura”, explica Felicia Calapucha, de 49 años. “La guayusa es medicinal porque ayuda a rejuvenecer y por eso la tomaban cada día”, agrega con gesto de convencimiento.

Hoy en día, los kichwas amazónicos y los shuar de Ecuador son los pueblos originarios que mayor uso continúan dando a la planta. De todas formas, el ritual de ingesta se ha adaptado a los nuevos tiempos. Antiguamente, los indígenas se levantaban durante la madrugada para preparar la bebida al calor de la lumbre, bajo el cielo estrellado. Introducían una buena cantidad de hojas en el agua hirviente para obtener una infusión muy cargada que les diera fuerza para afrontar el largo día de cacería. Toda la familia se reunía alrededor del fuego para que cada miembro narrara lo que había soñado durante la noche y después interpretarlo juntos. Además, los abuelos aprovechaban el espacio para contar historias, transmitiendo su cosmovisión a los más jóvenes y aconsejándoles sobre sus problemas cotidianos. Se trataba de una planta sagrada cuya ingesta suponía una purificación y un aumento del poder de aquel que la consumía.

En la actualidad, la toma de guayusa ha perdido gran parte de ese misticismo para muchos indígenas. Solo en las comunidades más aisladas en la selvacontinúan realizando este ritual del mismo modo que lo hacían las viejas generaciones. En Sapo Rumi, situada a apenas 15 minutos en coche de Tena, la capital provincial, esa ceremonia ya solo la realizan en ocasiones muy puntuales o cuando reciben a visitantes. De todas formas, la familia de Felicia continúa tomando guayusa a diario. Ahora la beben fría, como un té helado que sirve para acompañar a las comidas y combatir el intenso calor amazónico. El consumo de la guayusa fría se ha popularizado también en las ciudades cercanas, donde todo restaurante que se precie ofrece una jarra a sus clientes. E incluso ha traspasado fronteras: hoy en día es posible encontrar bebidas energéticas de guayusa en tiendas de Estados Unidos o Reino Unido.

El boom de la guayusa

En 2016, el mercado de la guayusa movió 80 toneladas por valor de casi 600.000 dólares, y Estados Unidos fue principal importador con el 97%

La proliferación de estudios académicos sobre la planta ha ido de la mano de la aparición de varias empresas dispuestas a exportar guayusa al resto del mundo. La iniciadora de este auge fue la compañía Runa, fundada por dos jóvenes estadounidenses en 2008. En un principio, se trató de un emprendimiento social que compraba hojas de guayusa a agricultores indígenas de la Amazonía ecuatoriana para vender después sus productos en Quito, Nueva York o San Francisco. A ella le siguieron otras empresas dispuestas a competir en el incipiente mercado internacional de la guayusa. En la actualidad, según el organismo gubernamental Pro Ecuador, existen seis firmas que exportan la planta en forma de bebida y una más que utiliza la guayusa para fabricar crema solar. En 2016, este mercado movió 80 toneladas por valor de casi 600.000 dólares, siendo Estados Unidos el principal importador con el 97% del total.

Aunque las cifras todavía están lejos de ser espectaculares, se espera que aumenten considerablemente tras la reciente venta de Runa a la matriz de Vita Coco, una empresa norteamericana que aspira a convertirse en líder mundial en bebidas saludables gracias a la guayusa.

Este boom asociado a una planta desconocida hasta hace poco tiempo podría suponer un vaciamiento del sentido sagrado que tiene para los pueblos indígenas. Para Michael Uzendoski, antropólogo estadounidense residente en Ecuador desde hace 24 años, los beneficios de la guayusa están asociados a un estilo de vida propio de los antiguos pobladores de la selva: hacer mucho ejercicio, comer poco y no abusar de sustancias como el azúcar o el alcohol. “Creo que la guayusa es efectiva cuando mantienes una dieta seleccionada como la que llevaban los ancestros. El contexto social es muy diferente para un gringoque toma un energizante, no tiene el mismo significado porque para ellos es solo un producto más”, advierte en referencia a las bebidas energéticas a base de guayusa que se promocionan en Estados Unidos.

En cualquier caso, el incremento de la demanda de guayusa también ha supuesto una fuente de ingresos para las comunidades productoras. Según Wain Collen, quien a través de su empresa PlanJunto ha realizado consultorías para Runa durante los últimos cinco años, “la guayusa definitivamente ha generado beneficios económicos para esas familias y hay que tener en cuenta que la mayoría de ellas se clasifican como dentro de extrema pobreza. Entonces, aumentar aunque sea un poquito sus ingresos tiene un impacto”, sostiene. Sobre el aspecto cultural, Collen opina que “los kichwas se sienten muy contentos al sembrar y vender su guayusa, se ha generado un sentimiento de orgullo entre ellos. Es una manera de mantener esta tradición viva”.

Los kichwas se sienten muy contentos al sembrar y vender su guayusa, se ha generado un sentimiento de orgullo entre ellos

Sentada en la cocina de su casa en Sapo Rumi, Felicia bebe un sorbo de guayusa, fría y sin azúcar, mientras conversa con su hermano Esteban. Bajo el murmullo de los pájaros y el olor a pescado recién hecho, recuerdan las historias que les contaban sus abuelos mientras tomaban la planta sagrada. A sus 55 años, Esteban todavía es capaz de caminar durante doce horas por la selva virgen, acompañando a los turistas que desean conocer los lugares más recónditos de la Amazonía andina. De madrugada, Esteban se levanta para hacer fuego y cocinar la infusión de guayusa a orillas del río Achiyaku, que en kichwa significa “Río del Viejo Sabio”. Mientras sirve el humeante y oscuro líquido a los visitantes, esboza una sonrisa y recuerda: “mi abuelo fue un hombre fuerte, cuando tomaba la guayusa nos invitaba a los hijos y a los nietos para aconsejarnos sobre cómo cazar y pescar. Luego tocaba el violín mientras mi abuela cantaba. Por eso la guayusa es la bebida natural y de vida para nosotros”.

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